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Todología con bigote
21. Andorra

Max Frisch
Suhrkamp

Una obra de teatro dividida en doce cuadros y ambientada en el ficticio pueblo de Andorra (considerado por el autor simplemente como “un modelo”), cuenta la historia de los habitantes de esa localidad y, en particular, de Andri, un muchacho que se sabe diferente al resto por cómo le tratan sus conciudadanos. Andri es un aprendiz de carpintero que sueña con vivir del oficio y casarse con Barblin, la hija de su padre adoptivo, el maestro del pueblo. Andri fue rescatado en la frontera por el maestro, quien lo salvó de una muerte segura por su condición de judío1.

Ello, no obstante, deja a Andri en una posición en la que siente la hostilidad de los que le rodean, primero tácita y luego manifiesta, con la excepción del soldado Peider, competidor por los favores de Barblin y arquetipo de militar bisoño y obtuso estilo Hitlerjugend, quien le desprecia y golpea abiertamente ante la indiferencia del resto. El pueblo, además, tiene otros problemas como el miedo permanente ante la invasión del ejército enemigo, el ejército “Negro”. La presencia de un judío entre la comunidad si éste enemigo entra no haría más que acrecentar sus dificultades.

En medio de este ambiente de agresividad e indiferencia al mismo tiempo, la presencia de una visitante extranjera crea más inquietud entre los andorranos. La forastera (“la Señora”, en castellano en el original), que además es “negra”, parece conocer muy bien tanto al maestro como a Andri y posee un dato que podría cambiar el trágico destino del joven, pero en el fondo ya es demasiado tarde… incluso Andri tiene asumida su condición de distinto a los demás y no sólo la acepta, sino que la defiende, y el intento de la Señora por revelar la verdad se ve interrumpido cuando es asesinada. Las escenas finales, precipitando los acontecimientos tras la conquista de Andorra por el ejército negro, no harán más que consumar el nuevo statu quo en una sociedad que lo absorbe sin rechistar, casi con alivio. Andri será el cabeza de turco que aplacará a los invasores antisemitas.

Escrita en 1961, Andorra no tenía la intención, según Frisch, de hacer una denuncia del nazismo como tal, sino que pretendía mostrar una actitud, dibujándola de manera abstracta sobre unos personajes sin ningún tipo de matices, cada uno de ellos representando un estrato diferente de la sociedad. Evidentemente esa actitud correspondería principalmente al antisemitismo, pero es extensible a cualquier tipo de comportamiento de xenofobia colectiva. Los prejuicios son la base de todo lo que en Andorra se retrata y el propio Andri asume como suyos esos prejuicios, aunque saque —lógicamente— distintas conclusiones de las de sus convecinos, pues él es el principal afectado. La abstracción temática alcanza también a los personajes, denominados por la profesión que tienen en vez de con un nombre propio2. Algunos de los secundarios aparecen entre cuadro y cuadro subidos a una especie de estrado y “declarando” —suponemos— ante un tribunal acerca de su papel en la muerte de Andri; principalmente para excusar su acción u omisión en los hechos, jamás asumiendo culpa alguna.

Por su parte, Andri experimenta una reacción a la acción hostil de sus vecinos y de sus invasores, pero también a la de su padre y la Señora: una crisis de identidad. Andri lleva toda su vida conociéndose como judío y eso le siembra dudas para todo, incluso para comprometerse con el amor de su vida. Luego se ha de enfrentar a la posibilidad de que no sea quien cree que es, lo que le hace repudiar a todo lo que le rodea: su familia adoptiva, la propia Barblin, sus vecinos; en suma, aquellos que han formado parte de él durante su corta vida. Es interesante que, en la lectura del texto, encuentro bastante complicado hacerme una imagen de los personajes más allá de un estereotipo de frialdad, si exceptuamos a Barblin o al maestro, los únicos que parecen mostrar algún tipo de sentimientos con lo que sucede. Leo que Frisch pretendía situar al espectador como parte de Andorra, hacerlo empatizar con sus habitantes y que adoptara las actitudes de éstos. Quizá por la simplicidad de la escenificación y el hecho de que todo se concentre en el retrato del prejuicio, eso sería posible en una representación adecuada, al no haber tramas que deriven del tema central, pero me pregunto ante quién acabaría el espectador mostrando esa frialdad, esa hostilidad colectiva. A la postre, Andri tampoco resulta un personaje “querible”, por lo que la identificación con él igualmente es casi imposible.

El “¿cómo reaccionaría yo?” es, pues, la pregunta que subyace a lo largo de los doce cuadros.

1 En realidad Frisch no usa la palabra “Jude”, sino “Jud”, supongo que para hacer abstracción de que se trata simplemente de un extraño, pero la intención está clara. Por eso en el texto escribo judío en cursiva.

2 Con la excepción de Andri, de Barblin y, en un par de ocasiones por puro apoyo al diálogo, del Soldado y del Carpintero.

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