título
Todología con bigote
9. Viscerales

VV.AA. – Mario Crespo y José Ángel Barrueco (editores)
Ediciones del Viento, 2011

He terminado Viscerales, el proyecto de Crespo y Barrueco que contiene cuarenta relatos cortos de otros tantos jóvenes escritores con un sólo punto en común: han de salir de las entrañas. Al menos esta era la idea de sus editores, para la cuál se dedicaron a buscar (a “fichar”, si les parece) por internet a autores que ya han tenido cierta repercusión dentro de la propia red. Algunos ya más o menos consagrados, otros casi desconocidos, y otros que de vez en cuando despuntan de aquí y de allá; pero todos ellos arrojándose de boca a este invento con resultados muy dispares.

Viscerales tiene de todo, aunque tres temas predominan sobre el resto: el amor (y el odio, que en el fondo acaban siendo lo mismo), el sexo en su vertiente más salvaje y la muerte, presente de un modo u otro en casi todos los textos. Quizá por la propia idea de visceralidad, el pesimismo flota en cada página y sólo en un par de ocasiones se cambia por una lírica más suave, menos desgarrada, pero lo cierto es que el conjunto destila vitriolo y cabreo, mucho cabreo. No sé muy bien si considerarlo rebeldía (en algunos casos sí, sin duda) o si, sencillamente, es un producto de cuarenta desahogos individuales. La sensación que sí se me ha quedado al leerlos es que sus autores, más que escribir, han vomitado (“potado”, por usar un término más gráfico) sus palabras hacia la pantalla, absteniéndose luego conscientemente de pasar la fregona. Que no se me malinterprete, que esto no lo digo con sentido peyorativo; al contrario, me parece que es justamente lo que debía de hacerse en una recopilación como ésta.

Dejando eso claro, encontramos aquí hombres y mujeres, besos y hostias, risas y tacos, pollas y coños, culos y tetas, bebés sin dientes y abuelos desdentados. Hay sangre y semen. Y hay miedo, mucho miedo. Y mierda, mucha mierda. Metafórica y literal. Casi no hay relato que no la exalte. En algunos casos, se hace protagonista.

Viscerales debe leerse haciéndose cargo de su misma concepción, y por eso es necesario tener siempre presente la génesis de ese conjunto de relatos, que al primer golpe de vista resultan chocantes e incluso incómodos. Superado ese bache y dado que los cuentos son bastante cortos, es fácil acabarse el libro en un par de horitas si se dispone de ellas; en parte, también, porque la temática de los textos se llega a hacer recurrente y uno comprueba cómo el escritor canaliza sus —con permiso— visceralidades en direcciones muy parecidas, ya sea un hombre o una mujer e independientemente de la edad. Y esa es la primera pega que le pondría al libro: se hace repetitivo; donde tantas contribuciones deberían sumarse, acaba sucediendo que se superponen unas a otras.

La segunda pega puede ser una cuestión del lector más que del autor: no me enganchan la mayoría de los relatos, no me llegan, no me emocionan. No quiero caer en el “no me dicen nada”, porque en muchos casos no es cierto, pero a pesar de lo visceral encuentro que muy pocos consiguen revolverme las entrañas. Igual es porque soy —¿me parece ser?— bastante mayor que muchos de sus autores y quizá he superado un escalón que sólo se sube con la edad, o bien porque siento lejana una forma de expresarse que no vi en su debido momento y que ahora me queda a trasmano. Pero tampoco puedo descartar que los relatos sean, simplemente, malos. Sí tengo la sospecha de que el valor del texto va a depender mucho de quién se lo lea y en qué momento. Cuestión de perspectiva, supongo.

En cualquier caso, Viscerales es un proyecto que merece que se valore, ya que es un riesgo lanzarse a la piscina de la edición con autores en su mayoría desconocidos y, además, mostrando el lado más rugoso de éstos. Por ello considero que el tiempo dedicado a leer este libro es tiempo bien empleado. Y también una buena oportunidad para ver cómo se mueve una generación de escritores de la que, es justo decirlo, conozco realmente poco. Claro que el resultado de esa observación no me ha sido muy satisfactorio, pero no me atrevería a desrecomendar una idea semejante. Quizá a alguno de ustedes le sirva esta reseña, aunque sea para querer mostrarme en un futuro que yo estaba equivocado. En cualquier caso, hay que agradecer a Crespo y Barrueco su propia pasión y su gran atrevimiento.



Unas notas al pie:

1. El libro se abre con un prólogo de Mario Crespo y se cierra con un epílogo de José Ángel Barrueco, explicando o más bien divagando sobre la idea, su propósito y su resultado. Si también pueden considerarse ambos textos como relatos viscerales es algo para preguntarse durante un ratito, al menos.

2. Enrique Vila-Matas abre la recopilación con un relato suyo inédito, seguramente más cuidado que el resto, que trata sobre el rechazo a los escritores; aunque está dentro de su línea más metaliteraria, que es por la que más me gusta, he encontrado el relato algo soso. De todos modos, el papel de Vila-Matas en este libro es más de “padrino” de la maraña de jovenzuelos que aparecen en las siguientes páginas.

3. Aunque hablemos siempre de “relatos”, lo cierto es que algunos de los textos contemplan otros géneros que el de la narrativa: hay un par que son poemas en verso libre y otro par que utilizan el lenguaje del teatro. Pero en esencia es lo mismo; simplemente el autor ha querido utilizar herramientas literarias distintas, y se agradece.

4. Aunque el precio del volumen es algo caro para su tamaño, lo excuso porque la editorial es pequeña. La edición,en rústica, está magníficamente cuidada incluyendo una portada sobria pero muy apropiada. Igualmente los textos, que contienen poquísimos errores tipográficos, algo de lo que deberían aprender las editoriales grandes, cada vez más dejadas a la hora de supervisar lo que publican.

5. Y para terminar, si se fijan verán que uno de los autores lleva un apellido sospechosamente idéntico al del autor de este cuaderno (el real, no el del bigote). Y no es porque sea quien es, pero su relato está entre los destacables de la recopilación, con diferencia. Claro que también es el que menos visceralmente redactado parece :-)

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8. The Godfather Family Album

Steve Schapiro (Fotos y prólogo)
Paul Duncan (Edición)
Taschen

A la editorial alemana Taschen se la conoce sobre todo por sus libros de arte, en los que de una manera sucinta introduce al lego dentro de la vida y obra de artistas famosos y no tan conocidos. Pintura, escultura y arquitectura son sus principales campos de edición y, sin duda alguna, son los libros más atractivos a la vista en las tiendas de los museos y en las secciones correspondientes de las librerías. Si bien los puristas los consideran superficiales y un tanto frívolos (y seguramente lo son), también es cierto que su diseño y su reducido precio los hacen ideales para gente que raramente se acerca a la lectura de textos de este género.

Pero Taschen también trabaja en otro campo más “lujoso”, con ediciones de mayor formato y precio, que ocasionalmente provienen de editores extranjeros y que abarcan un abanico más amplio de temas. El cine es uno de ellos, y la razón por la que este enorme volumen de gran formato y más de 500 gruesas páginas ha alcanzado las librerías. Con un precio desorbitado en su primera salida, una edición limitada que costaba la friolera de 1.250 euros (ya agotada), y dos ediciones de superlujo que incluían acetatos del film, la editorial decidió sacar otra edición más “campestre” a unos cincuenta euros para el público general, y es por eso que tienen ustedes esta reseña hoy. Ya que The Godfather Family Album está dedicado, como habrán adivinado enseguida, a la segunda película favorita de quien esto escribe.

The Godfather Family Album contiene parte del trabajo fotográfico de Stanley Schapiro acompañando a la familia Coppola durante el rodaje de las tres partes de la trilogía. A lo largo de más de 400 fotos podemos ver no solamente escenas sobradamente conocidas de las películas, tomadas desde un ángulo ligeramente distinto, sino también instantáneas del director y el equipo preparando o finalizando escenas clave, de los decorados, de los momentos de descanso entre rodajes y los habituales “stills” que se obtienen para el material promocional. Estructurado en el mismo orden que los tres films, el libro recoge también textos de diferentes autores (he añadido una lista al final) simultáneos al rodaje o contemporáneos a las fechas de estreno, que dan una cierta idea de la expectación y las reacciones causadas por una de las más grandes obras cinematográficas de la historia. También podemos leer entrevistas de la época con Francis Coppola y Al Pacino, su evolución respecto del significado del primer “Padrino” desde que este se estrena hasta el rodaje de la segunda parte, más compleja y personal y en la que la implicación psicológica de ambos es también mucho mayor, puesto que la primera parte fue una producción mucho más controlada por el estudio. Estos dos primeros bloques ocupan casi el ochenta por ciento del libro, mientras que “El Padrino Parte III” queda mucho más de lado, incluso a la hora de retratar la posición del director cuando ha de hablar de su obra, renegando por puro cansancio de la transcendencia de sus dos partes anteriores. El único texto contenido en esta sección lo deja muy claro: para Coppola es una película de encargo, que no desea hacer desde el principio y que sólo lo hace porque necesita el dinero para pagar las deudas de la quiebra de su productora Zoetrope. Y, a pesar de ello, la implicación del director vuelve a ser total y su obsesión por el control la misma de siempre, de manera que incluso con la Paramount acuciándole por las fechas y la multitud de problemas que salpicaron al rodaje, Coppola sigue siendo quien tiene la última palabra.

Aunque los textos y, sobre todo, las entrevistas incluidas en el libro son ciertamente emotivas, lógico es pensar que el corazón de éste se encuentra en las fotos de Schapiro, y así es. Conviene pararse en cada una de las láminas a página completa o, incluso, a doble página, y contemplar los rostros, tensos en el rodaje o relajados tras éste, de aquellas personas que aparecieron en la pantalla. La mirada fría y poderosa de Pacino, la presencia inconmensurable de Brando, a quien el resto de actores adoraban; el eternamente triste rostro de John Cazale, un grandísimo actor a quien un maldito cáncer le apartó para siempre de la gloria pero lo envió a la eternidad del cine; y la llorosa y después acerada expresión de Talia Shire, el personaje más corrompido por la propia naturaleza de su familia, a la que no puede ni debe abandonar jamás. Espectaculares son las dobles láminas con los escenarios cargados de extras: la boda, la procesión de San Rocco, la impostada alegría de la fiesta en Lake Tahoe… Unas instantáneas por las que el tiempo no pasa y que te llevan a 1972 disfrazado de años cuarenta, buscando esa esquina o ese detalle que siempre te sale de nuevas cada vez que revisas la trilogía en la oscuridad del salón, con ese primer escalofrío que te sacude cuando desde un plano en negro escuchas “I believe in America”.

He disfrutado muchísimo —por si no se notaba— con la lectura y contemplación, casi religiosa, de este monumental trabajo. Y es de agradecer que, incluso tanto tiempo después, alguien haya querido tener la iniciativa de recopilar este material y ponerlo a nuestro alcance. Quizá algún día me ponga a escribir lo que esta trilogía ha significado para mi manera de ver y entender el cine; cosa que no hago precisamente porque se han escrito tantísimas cosas acerca de ello que uno no sabría qué más añadir. Pero, mientras llega ese momento, déjenme compartir con ustedes el placer de haber leído y reseñado este libro.



Textos incluidos y sus autores:

Steve Schapiro (Prólogo y Fotos)

Mario Puzo (The Making of the Godfather – Cómo se gestó la novela)

The Godfather
Shana Alexander (Entrevista a Marlon Brando)
Dian Dincin Buchman (Entrevista a Al Pacino)
Nicholas Pileggi (Sort of a Home Movie – On set report)
Peter Biskind (Making Crime Pay – Retrospective interviews)
Stephen Farber (Entrevista a Francis Ford Coppola)

The Godfather Part II
Lawrence Grobel (The Playboy Interview: Al Pacino)
Maureen Orth (Entrevista a Francis Ford Coppola)
William Murray (The Playboy Interview: Francis Ford Coppola)
Stephen Farber (They Made Him Two offers He Couldn’t Refuse – Entrevista a Francis Ford Coppola)

The Godfather Part III
Barbara Grizzuti Harrison (Every Family Has Bad Memories – On set report)

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7. Libro das M'Alicias

Llibre de les M’Alícies
Miquel Obiols (texto) y Miguel Calatayud (ilustraciones)
Traducción al gallego de Xosé Ballesteros
Editorial Kalandraka

En una docenita de cuentos se nos describen estampas surrealistas de la vida cotidiana de una Alicia que podría o no ser la de Lewis Carroll, pero que sin duda está inspirada en ella. Esta Alicia no se cae en un árbol siguiendo a un conejo blanco: su mundo de fantasía se confunde con su mundo real, el de sus amigos, sus adultos y la gente que pasa por la calle, sin dejar por ello de ser maravilloso.

Los textos en columna de Miquel Obiols son pura y simple excusa para las desbordantes ilustraciones de uno de los grandes artistas del género: Miguel Calatayud, el hombre de inconfundible estilo cubista (o bien, si me permiten la frivolidad, “triangulista”), que mezcla una suavidad chagalliana en los rostros que dibuja y en esos fondos recargados, ensoñadores, que envuelven a quien los mira como una mantita cómoda. El Libro de las Malicias es, como todo lo que hace Calatayud, una fiesta para la vista.

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6. Lo Peor de Vázquez

by Vázquez
Glénat

Recopilación de los cómics publicados por Manolo Vázquez en la editorial Glénat desde mediados de los ochenta hasta su muerte en 1995. Comprenden la etapa más salvaje y libérrima del genio, con él como personaje protagonista absoluto. Vázquez se ríe de todo y de todos, empezando por sí mismo e incluyendo a la casa que le daba de comer. El Vázquez moroso, jeta, embustero, vividor, impostor y follador (de todo lo cuál él se sentía orgullosísimo) corretea por las casi seiscientas páginas de este volumen sin perder la sonrisa ni la mala reputación, cuidadosamente construida y conservada durante toda su vida. En todo el libro resultan notables, por lo numerosas, las referencias constantes al sexo y a la muerte, y no pocas veces Vázquez acaba criando malvas merced a sus propios excesos. Eso sí, como buen estafador, al final consigue siempre llegar al cielo, que indudablemente es mejor lugar que el infierno para continuar con sus fechorías.

Con un cortito (lo que se agradece) pero muy cariñoso prólogo escrito por su hijo, esta edición en tapa dura, muy cuidada y agrupada por publicaciones, incluye también los cómics que hizo para la revista “El Papus” y que tuvo que firmar con el seudónimo de Sappo, dada la estrecha relación de su nombre con los tebeos infantiles. Ello completa la que sin duda es una gran colección de la etapa adulta del genial humorista y moroso profesional.


Una interesante reseña biográfica de by Vázquez (13 Rue Bruguera)

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5. Sneak Preview

Aquí irá la reseña de un libro que acabo de leer, pero que no puedo decir cuál es al no estar todavía publicado. Adelanto que me ha gustado mucho.

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42. Pyongyang

Guy DeLisle
Ed. Astiberri

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40 y 41. Predicador (Antiguo Testamento, vols. 1 y 2)

Garth Ennis (texto)
Steve Dillon (dibujos)
Norma Editorial.

(reseña por hacer)

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4. Cartas Desde Mi Molino

Alphonse Daudet
Proyecto Gutenberg
Edición corta en castellano
Edición completa en inglés

Alphonse Daudet reúne cuentos, historias populares, experiencias propias y relatos costumbristas en una colección sin más hilo conductor que el molino de la Camarga francesa en el que se instala durante una buena temporada; si bien aproximadamente la mitad de las historias que cuenta tienen lugar lejos de aquellos parajes. He incluido los enlaces de dos ediciones (por supuesto tienen la edición francesa aquí), ya que tanto la inglesa como la francesa incluyen una serie de relatos que en la española (al menos en la ofrecida por el Proyecto Gutenberg) no aparecen. Por lo que he podido hurgar en Google, parece ser que no está claro si esos cuentos adicionales formaban parte originalmente del libro. Si alguien tiene esta información, puede compartirla si quiere en los comentarios.

Como curiosidad, algunos de estos relatos aparecieron en forma de cómic dentro de la revista Spirou.

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39. Esencia Oscura

Tim Powers
Ed. Gigamesh

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38. The Thick of It: The Missing DoSAC Files

Armando Ianucci et al.
FF Publishers

Incluido en un pack junto a la serie completa The Thick of It, este volumen proporciona material adicional sobre los entresijos del ficticio Ministerio de Asuntos Sociales y Ciudadanía del gobierno de Su Graciosa Majestad. Tomando como premisa la pérdida de una carpeta perteneciente al temido jefe de gabinete Malcolm Tucker (Peter Capaldi), los creadores de la serie, con Armando Ianucci a la cabeza, se lían a escobazos con todo bicho viviente de la política británica: ministros (incluyendo el primero de todos), periodistas, diputados, funcionarios, votantes… y cuando digo liarse a escobazos me refiero a meter el palo de dicho instrumento en los respectivos culos de los aludidos. La “documentación” perdida incluye memorandos, e-mails, argumentarios, instrucciones para ir a entrevistas televisivas y mucho más, todo ello apostillado con los comentarios nada sutiles del propio Tucker, además de una entrevista con éste que no decepcionará a sus admiradores. Eso sí, el libro no es material para ojos fácilmente ofendibles, ya que el florido verbo del escocés no hace concesiones ni se da respiros. Leyendo sus comentarios, uno puede imaginarse esa mirada incisiva, esos ojos que van a salirse de las órbitas y la contracción de los músculos de su cara mientras le echa un rapapolvo al ministro titular de turno hasta rebajarlo a la categoría de interino de mierda (que, a fin de cuentas, ¿no es lo que es un ministro?). Aun no viéndole la cara, como en la serie… acojona.

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37. The Complete Far Side vol. 1

Gary Larson
Andrews McMeel Publishing

The Complete Far Side es la recopilación definitiva de todas las viñetas bajo ese título que el genial Gary Larson dibujó para la prensa entre los años 1980 y 1995. Ordenadas cronológicamente, a veces con un pequeño texto acompañándolas para dar sentido al gag, las viñetas de Larson describen a base de pildorazos las múltiples obsesiones del autor, que le han perseguido durante toda su vida y a las que ha sabido sacar, al menos un buen partido. Aves agresivas, dinosaurios, monstruos en el armario, señoras de cardados imposibles, la familia, la muerte… y también múltiples situaciones cotidianas a las que saca punta con un perfeccionado método de darle la vuelta a los términos y seguir haciéndolas verosímiles (y descojonantes) dentro del surrealismo que las envuelve. Adornadas con anotaciones del autor que van encabezando cada año, algunas —pocas— apostillas a ciertas viñetas controvertidas y unas cuantas cartas de protesta de según qué lectores más sensibles (incluidas, todo hay que decirlo, con la mayor mala baba posible), Larson inventa un lenguaje propio cuya evolución podemos contemplar con asombrosa nitidez según recorremos las páginas de sus dos enormes tomos. En su lectura, que hace saltar alaridos de admiración a cada instante, estamos observando historia viva del humor más americano. La trascendencia de Gary Larson, no solamente en el terreno de su maestría sino en la cultura popular estadounidense, es sencillamente imposible de medir, de tal magnitud que tiene. Numerosos cómicos americanos presentan sus respetos continuamente al creador y, por ejemplo, este primer volumen viene prologado por Steve Martin, otro pilar de la comedia USA injustamente vilipendiado fuera de su país. Pero hay más, y más impresionante: raramente un humorista ha conseguido que términos de su invención hayan sido incorporados al lenguaje científico y en el caso de Larson esto pasa dos veces: su ya clásico thagomizador da nombre informal a parte de la cola de ciertos dinosaurios, mientras que una especie de piojo (los bichos, especialmente bichos gigantes, otra de las obsesiones recurrentes del artista) ha sido bautizado directamente con su patronímico: Strigiphilus garylarsoni. Prueba del sentido del humor de Larson fue su reacción, comentada en este primer volumen: “sabía que no iban a ponerle mi nombre a un cisne, así que hay que aprovechar esas oportunidades cuando se presentan”.

Quizá fuese exagerado decir que, de no existir Gary Larson, el mundo sería más triste. Lo que sí es probable es que sería mucho menos inquietante. Pero igualmente no nos reiríamos tanto.

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36. Modesty Blaise vols. 9 y 10

Texto: Peter O’Donnell
Dibujos: Enric Badía Romero – John Burns, Patrick Wright, Neville Colvin
Planeta-DeAgostini Cómics

Con estos dos tomos se cierra la colección editada por Planeta-DeAgostini que recopila las tiras de prensa del personaje creado por Peter O’Donnell y Jim Holdaway, y que abarca desde su primera aparición hasta el final de la primera etapa de Badía Romero como dibujante. Dos estilos diferentes para dibujar a la heroína: el de Holdaway es más serio y menos obvio; Modesty es sensual y fría y sus ojos son negros y penetrantes. Romero, quien se hace cargo del dibujo tras la muerte de su predecesor, la transforma en mediterránea, enseña más primeros planos del rostro, mucho más voluptuoso, y explota su sexualidad en más ocasiones. Ocurre esto en parte por la época en la que cada uno trabaja, conforme la censura se va suavizando también es más sencillo para el artista, pero de los comentarios que Romero añade en las presentaciones de los episodios (y que se hacen más frecuentes en los últimos tomos de la serie), parece claro que el catalán disfrutaba mucho más dándole cancha a una Modesty más atrevida y, si se me permite, más alegre. Los textos de Peter O’Donnell, por otro lado, son prodigiosas narraciones comparables a la literatura policiaca y de espías de mayor calidad, carne de aeropuertos y estaciones. Condensadas en unos pocos bocadillos y con la dificultad del formato de tres viñetas diarias, lo que suponía tener que hacer flashbacks de tanto en tanto —a veces con sólo un par de líneas— las aventuras de Modesty Blaise combinan lo mejor del cine de James Bond con el atractivo y la fuerza física, intelectual y erótica de sus dos protagonistas, Blaise y su compañero Willie Garvin. Si bien éste último tiene sus pequeñas debilidades, Modesty es, en cambio, perfecta: inteligente, sensual, ardiente, hábil, rápida… brillante, en una palabra. De un modo u otro sabemos que va a salir victoriosa de cada aventura y lo que ansiamos saber es cómo lo consigue: casi siempre haciendo pleno uso de sus capacidades, pero en alguna ocasión con la ayuda de esa suerte del héroe que sólo asiste a los mejores, como si se lo hubieran ganado a base de golpes durante su vida.

A pesar de las posibilidades que ofrece, Modesty Blaise no ha tenido suerte en cine ni televisión, con adaptaciones más bien espantosas y que ignoraban por completo el espíritu de la heroína. Mientras llega, lo mejor es seguir disfrutando y releyendo la obra de O’Donnell y perderse entre las curvas de Modesty, observándola desde el cómodo ángulo del lector, intentando captar esa mirada de acero que esconde una caldera a toda máquina. ¿Acaso hay alguien capaz de no enamorarse de la señorita Blaise?

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35. La estrategia del agua

Lorenzo Silva
Ediciones Destino (Edición electrónica en Leqtor.com)

—Reseña en preparación—

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34. The Devil's Dictionary

Ambrose Bierce
Wordsworth (Reference Series)

Algunas webs donde puede encontrarse online:

[The Devil’s Dictionary Dot Com]
Project Gutenberg

Lo que más divierte y al mismo tiempo incomoda de esta monumental sátira berciana (de Bierce, no del Bierzo) son lo actuales que resultan la mayoría de sus definiciones, a pesar de que ha transcurrido más de un siglo desde su primera publicación bajo el título de “El glosario de los cínicos”. ¿Será verdad que hemos evolucionado muy poco como personas? Si no se lo ha planteado todavía, léase el libro. Despacito y con calma, haciendo pausas de tanto en tanto. Demasiada realidad, aun leyéndola con risas, puede ser perjudicial para su salud.

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33. Un tipo implacable

Elmore Leonard
Alianza Editorial

Muy brevemente: Un tipo implacable viene a ser Los Duelistas de Conrad ambientada en la América profunda. Un criminal muy testarudo, absolutamente amoral y bastante torpe, pero con ángel para salir de situaciones difíciles. Un defensor de la ley de moral prístina, actitud inflexible y aires de superioridad. Sus destinos se cruzan y recruzan a lo largo de la novela, cada uno de ellos crece en su propio carácter (es complicado decir si realmente evolucionan) y a la larga el objetivo de ambos es acabar con el otro de la manera en que su estatus se lo ordena. Esta novela de Leonard, que comienza con un par de hechos que sitúan dónde está cada uno de los protagonistas, y que ya hace adivinar que estarán condenados a encontrarse, arranca a trompicones (el juego de historias paralelas que no acaba de pillar ritmo) y continúa en ascenso hasta alcanzar el paso ligero: el policía construye su vida, el ladrón destruye la suya, y cada uno piensa que lo está haciendo realmente bien; por ello, ambos resultan ciertamente irritantes y los continuos encuentros resultan, inevitablemente, en un choque de caracteres más complementarios que opuestos.

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32. Para ti que eres joven: Contra el imperio del mal

Manel Fontdevila & Albert Monteys
Ediciones El Jueves

Enésima recopilación de la que posiblemente es la mejor sección que actualmente tiene la revista El Jueves. Manel y Monteys, expertos en sacarle punta a la actualidad española pero también a las situaciones cotidianas de nuestra vida del primer mundo (permítanme fusilarle la expresión a Laura Pacheco), serían los guionistas perfectos si en España se hiciese un equivalente a Seinfeld. Su visión de la sociedad, en la que ellos mismos se incluyen, realmente no se inventa nada, simplemente nos pone a todos delante de cosas que hacemos y decimos diariamente, para que nos demos cuenta de lo ridículos que somos cuando queremos sentirnos importantes. Y eso, lógicamente, mueve a la carcajada. Si me permiten el atrevimiento, creo que Para tí, que eres joven, aun corriendo el riesgo de que un día se les agoten las ideas, es la única muestra de la sátira clásica de El Jueves que queda en la revista. Puede que dentro de veinte años revisar estas recopilaciones sea la única manera de comprender cómo éramos cuando el siglo XXI nos parecía lo más de lo más.

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31. Batman, el regreso del Señor de la Noche

Frank Miller (guión, dibujos, entintado)
Klaus Janson (entintado)
Lynn Varley (color)
DC/Ediciones Zinco

He de confesar que Frank Miller me toca mucho los huevos con esa manía suya de coger a los personajes y sacar lo peor y lo más oscuro de ellos. Me toca los huevos eso y que, además, se acabara convirtiendo en tendencia y fuese adoptado por otros autores que vinieron detrás de él. Pero justo es reconocer que tiene un público amplio a quien gustan esos giros que dan los superhéroes pasando de aventureros a desgraciados en uniforme que reciben más hostias de las que reparten. No es mi tipo, la verdad.

Tras esta primera confesión, viene la segunda: El regreso del Señor de la Noche me parece una novela cojonuda. A secas, sin la coletilla de gráfica que ponen aquellos a los que parece avergonzar que les vean leyendo tebeos. Es ni más ni menos que una novela negra en la que el protagonista lleva un traje con capa y orejas, pero no por ello deja de ser un detective. Si quieren ponerle una etiqueta, la podemos apellidar como crepuscular, que es un término que no me gusta por lo obvio. Aquí Bruce Wayne es más viejo, Batman lleva años oficialmente muerto y los viejos enemigos del hombre murciélago están en prisión o tan hechos polvo como él. Y, ante la ausencia de vigilantes, el mal vuelve a apoderarse poco a poco —si es que alguna vez llegó a irse— de las calles de Gotham City. El regreso del señor de la noche parece inevitable y, efectivamente, las circunstancias obligan a que se produzca.

Estructurada en cuatro capítulos que sumados forman una estructura clásica, la novela de Miller es opresiva hasta en el formato de las viñetas. La presencia de villanos clásicos, que resultan en realidad reflejos deformes de la zona siniestra del murciélago (y regresa la pregunta: ¿el Joker o Dos Caras existen a causa de Batman o en contraposición a éste?) no trae nostalgias ni esperanzas de acción en la forma del Batman primigenio. No son esa némesis cuasi divina de las coloridas historias de los cincuenta y sesenta que querían dominar el mundo sin ensuciarse las manos. Son, por el contrario, personajes que mueven al asco, al desprecio, incluso a la pena si no fuera por la maldad que exhalan. Miller aleja intencionadamente cualquier atisbo de humanidad que pudiera quedar en los antagonistas, pero igualmente lo hace con su protagonista, dentro del límite que siempre se impone en que Batman (que ya no Bruce Wayne) sea “de los buenos”. Su Batman aquí podría ser un Philip Marlowe o un Sam Spade a los que ya nadie quiere y que se empeñan por seguir haciendo su trabajo, dentro de ese extraño sentido del deber que no les abandona por más que lo deseen y que les empuja, incluso, a quebrantar la ley precisamente para que ésta prevalezca. Es una posición moral mil veces repetida en la literatura, especialmente en la norteamericana, y que aquí se aplica al héroe sumido en la incomprensión de aquellos a los que ha jurado defender a toda costa. Batman está cansado, harto, se refugia en un Bruce Wayne que lo mató deliberadamente para no tener que sentirse atado a su juramento de lucha contra el mal. Pero ahí está, ahí vuelve, vuelve asqueado de su propia naturaleza pero ese sentimiento nunca puede superar el peso sobre su conciencia que supondría dejar al diablo suelto, si él puede evitarlo. Y quizá, sólo quizá por eso, en esta novela el Batman de Miller supera cuantitativamente a Marlowe o a Spade. Y, a lo mejor, si cambiamos los leotardos y la máscara por una gabardina gris y un sombrero gastado, lo veríamos de otra forma.

Porque la gran diferencia es que los héroes de Chandler y Hammett no quieren salvar al mundo, sino sus veinticinco diarios más gastos; pero eso no les hace moralmente inferiores, solamente abarcan a un público más escaso.

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30. Sandokán - El Tigre de Malasia

Hugo Pratt y Mino Milani, basados en “Los Tigres de Mompracem”, de Emilio Salgari
Norma Editorial

Si en la reseña anterior hablábamos de un Pratt decepcionante, aquí la cosa mejora notablemente. En esta adaptación de dos relatos de Los Tigres de Mompracem, el artista diseña un Sandokán muy próximo a los relatos de Salgari y aleja el físico del personaje de la idea europea —que luego tendría su reflejo en Kabir Bedi para la televisión— para dibujarlo como lo que debe ser, un príncipe malayo que parezca malayo. En el libro se incluye una historia casi completa y fragmentos de otra que nunca llegó a acabarse pues su creador decidió centrarse en el que se había convertido en su estrella, Corto Maltés. Según leo —aquí uso referencias por fuerza—, tanto el uso de escenarios exóticos como las propias actitudes del famoso marinero británico tienen una primera base en lo que Pratt ya había desarrollado para Sandokán. Siendo esto así, imagino que el dibujante ya tenía en la cabeza al personaje mientras trabajaba en la complejidad del Tigre de Malasia.

Sin llegar todavía a emocionarme, la lectura de este volumen me deja mucho mejor sabor de boca que el anterior, lo que abre la puerta a que intente descubrir el secreto del éxito de Corto Maltés. Eso ocurrirá… algún día. Y aquí lo comentaremos.

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3. Modesty Blaise vol. 1

Peter O’Donnell (guión) y Jim Holdaway (dibujos)
Planeta-DeAgostini Cómics – Colección Grandes del Cómic

Las constantes referencias a esta versión femenina de James Bond en El Rincón del Taradete lograron despertar mi curiosidad por este personaje, publicado de 1963 a 2002 en forma, principalmente, de tiras de prensa. Con historias francamente entretenidas y un trazo muy atractivo —y no sólo por la belleza y magnetismo de su protagonista— puedo anticipar que seguiré comprando los volúmenes posteriores para conocer más aventuras de la joven espía freelance de intrincado pasado.

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29. La Isla del Tesoro / Secuestrado

Hugo Pratt y Mino Milani, basados en textos de Robert L. Stevenson
Norma Editorial

Mi primer contacto con la obra de Pratt ha sido fuera del sempiterno Corto Maltés. En su lugar me decanté primero por este volumen que contiene dos historias de Stevenson ilustradas por el autor italiano y después por su obra inacabada sobre Sandokán (que aparece en esta misma lista de libros, un paso más arriba). Desgraciadamente el dibujo de Pratt no consigue llegarme, al menos con el primero de los relatos, la adaptación de La Isla del Tesoro. No por el hecho de que la adaptación, obligada por razones de espacio, elimine grandes pasajes de la novela; esto es perfectamente razonable. Más bien me decepciona porque Pratt no es consistente con los rostros de los personajes, despojados de todo tipo de matices, de concordancia con su actitud en cada viñeta y, en general, de coherencia entre una viñeta y la siguiente; por poner un ejemplo, hay veces en que da la impresión de que a John Silver lo “interpretan” tres o cuatro actores diferentes. Multipliquen este efecto por la cantidad de personajes que pueblan la historia y comprenderán que dejase de interesarme a mitad de lectura. Lo acabé, eso sí, y seguí luego con Secuestrado, una no demasiado afortunada historia de engaño y venganza que, sin embargo, está mejor resuelta gráficamente que la anterior.

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28. Modesty Blaise vols. 7 y 8

Peter O’Donnell / Enric Badía Romero
Planeta-deAgostini Cómics

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27. Cuando el tiempo nos alcanza: Memorias 1940-1982

Alfonso Guerra
Booket

Primera parte de las memorias del ex-vicepresidente del Gobierno y diputado en el Congreso Alfonso Guerra, que abarcan desde su infancia, pasando por su entrada en la política, la lucha contra la dictadura y la refundación del PSOE, hasta la victoria de este partido en las elecciones de 1982. La vida difícil pero más o menos tranquila en la infancia dentro de un barrio humilde de Sevilla ha hecho que algún colega no muy desencaminado las calificara de cernudianas; quizá exagerando, pero la influencia de este poeta y de Machado (quizá el favorito del autor) es más que evidente. La autobiografía se dispara a partir de los últimos años de la dictadura y la ascensión de Guerra dentro de la organización socialista resulta vertiginosa. Habla, con cierta distancia, de su relación con Felipe González y no duda en defenderse de acusaciones, ciertas o falsas, sobre distintos aspectos de su personalidad que se han convertido a lo largo de los años en clichés atribuidos al personaje, más que a la persona. Aunque tienen una dosis no desdeñable de auto-justificación y otra, decididamente más grande, de amargura ante la pérdida del compromiso y del activismo en la política (el libro se publica en 2005), estas memorias componen un relato, bastante ameno, de algunas décadas bastante complicadas de la historia reciente española (aquellos “tiempos interesantes” de la conocida maldición china). Se echa de menos un relato más pormenorizado de lo que el autor vivió durante la transición, ya que apunta algunas cosas que seguramente serían bastante controvertidas de haber querido desarrollarlas. Y en cuanto al nivel de autocrítica, pues imagino que el normal en cualquier autobiografía, sobre todo si el autor continúa en su actividad. Existe, sí; sería deseable más, también; pero tampoco es de esperar que unas memorias políticas se transformen en un examen de conciencia con dolor de los pecados en el mismo paquete. En este sentido, y a la espera de leer su segunda parte (Dejando atrás los vientos, Espasa, 2006) en la que deberían encontrarse los hechos más controvertidos, que le llevaron a dimitir de la vicepresidencia, las memorias de Alfonso Guerra resultan interesantes para comprender el punto de vista, acerca de una época todavía cercana, por parte de quien es, para el autor de este cuaderno —atención, polémica in progress — uno de los mejores políticos de la segunda mitad del siglo XX.

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26. Don Ramón María del Valle-Inclán

Ramón Gómez de la Serna
Espasa

La biografía de Don Ramón escrita por Ramón (que coincidió con Don Ramón durante la última parte de la vida de éste) es, además de un canto de admiración por la figura del escritor gallego, una pequeña crónica, muy localizada, de la sociedad madrileña de la época y de las dificultades de un escritor para sobrevivir en unos tiempos duros y cargados de melancolía. Cargado de anécdotas y, a veces, sostenido sobre ellas, Ramón Gómez de la Serna busca a Valle en los pequeños detalles, acompañándolo en sus paseos por la ciudad y en sus discusiones con otros autores, recreándose en su pasión por los ídolos caídos (la descripción de Alejandro Sawa impacta como un balonazo en las tripas) y su desprecio por los advenedizos, y exaltándole en el amor a su familia, así como en la dedicación a su trabajo. Es, sin duda, un libro que tiende a lo hagiográfico aunque no se vuelva empalagoso, y se queda uno con la idea de que Ramón habla con nostalgia de un tiempo literario excepcional que ya no iba a volver y del que Valle era una especie de jefazo sin corona. Y así, entre la evocación del poeta y la invitación a la chanza, personificada en una espesa barba y un ceceo de ida y vuelta, incluso para quienes no hemos tenido contacto directo con la obra de Valle es esta biografía una especie de prólogo muy atractivo a la necesidad imperiosa de leerle.

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25. El catolicismo explicado a las ovejas

Juan Eslava Galán
Booket

En un libro que debería ser imprescindible para todo racionalista que se precie, e incluso para el que no se precie, Eslava Galán recorre y documenta la existencia de la religión cristiana a lo largo de la Historia y su construcción a partir de distintas creencias paganas mucho más antiguas. Personajes, ritos, jerarquía eclesiástica, libros sagrados… todos aquellos aspectos de la religión católica que conocemos hoy en día son localizados debidamente en el tiempo y puestos en duda metódica. A pesar de que, como el propio Eslava explica con enorme guasa, la fe y los caminos del señor son demasiado divinos e incognoscibles como para que nosotros, indignos pecadores, podamos atrevernos siquiera a intentar comprenderlos. Si es usted parte del rebaño del Dios único y verdadero y se empeña en leerse este texto le advierto que su crisis de fe estará a la vuelta de la esquina. Eso sí, mientras llega a ella aprenderá mucha Historia y se echará unas buenas carcajadas.

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24. Jeremy y Mamá (Zits)

Jerry Scott, guión
Jim Borgman, dibujos
Norma Editorial

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23. Viviendo del cuento

Juanjo Sáez, guión y dibujos
Mondadori

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22. Modesty Blaise vols. 5 y 6

Peter O’Donnell, guión
Jim Holdaway / Enric Badía Romero, dibujos.
Planeta-DeAgostini Cómics

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21. Andorra

Max Frisch
Suhrkamp

Una obra de teatro dividida en doce cuadros y ambientada en el ficticio pueblo de Andorra (considerado por el autor simplemente como “un modelo”), cuenta la historia de los habitantes de esa localidad y, en particular, de Andri, un muchacho que se sabe diferente al resto por cómo le tratan sus conciudadanos. Andri es un aprendiz de carpintero que sueña con vivir del oficio y casarse con Barblin, la hija de su padre adoptivo, el maestro del pueblo. Andri fue rescatado en la frontera por el maestro, quien lo salvó de una muerte segura por su condición de judío1.

Ello, no obstante, deja a Andri en una posición en la que siente la hostilidad de los que le rodean, primero tácita y luego manifiesta, con la excepción del soldado Peider, competidor por los favores de Barblin y arquetipo de militar bisoño y obtuso estilo Hitlerjugend, quien le desprecia y golpea abiertamente ante la indiferencia del resto. El pueblo, además, tiene otros problemas como el miedo permanente ante la invasión del ejército enemigo, el ejército “Negro”. La presencia de un judío entre la comunidad si éste enemigo entra no haría más que acrecentar sus dificultades.

En medio de este ambiente de agresividad e indiferencia al mismo tiempo, la presencia de una visitante extranjera crea más inquietud entre los andorranos. La forastera (“la Señora”, en castellano en el original), que además es “negra”, parece conocer muy bien tanto al maestro como a Andri y posee un dato que podría cambiar el trágico destino del joven, pero en el fondo ya es demasiado tarde… incluso Andri tiene asumida su condición de distinto a los demás y no sólo la acepta, sino que la defiende, y el intento de la Señora por revelar la verdad se ve interrumpido cuando es asesinada. Las escenas finales, precipitando los acontecimientos tras la conquista de Andorra por el ejército negro, no harán más que consumar el nuevo statu quo en una sociedad que lo absorbe sin rechistar, casi con alivio. Andri será el cabeza de turco que aplacará a los invasores antisemitas.

Escrita en 1961, Andorra no tenía la intención, según Frisch, de hacer una denuncia del nazismo como tal, sino que pretendía mostrar una actitud, dibujándola de manera abstracta sobre unos personajes sin ningún tipo de matices, cada uno de ellos representando un estrato diferente de la sociedad. Evidentemente esa actitud correspondería principalmente al antisemitismo, pero es extensible a cualquier tipo de comportamiento de xenofobia colectiva. Los prejuicios son la base de todo lo que en Andorra se retrata y el propio Andri asume como suyos esos prejuicios, aunque saque —lógicamente— distintas conclusiones de las de sus convecinos, pues él es el principal afectado. La abstracción temática alcanza también a los personajes, denominados por la profesión que tienen en vez de con un nombre propio2. Algunos de los secundarios aparecen entre cuadro y cuadro subidos a una especie de estrado y “declarando” —suponemos— ante un tribunal acerca de su papel en la muerte de Andri; principalmente para excusar su acción u omisión en los hechos, jamás asumiendo culpa alguna.

Por su parte, Andri experimenta una reacción a la acción hostil de sus vecinos y de sus invasores, pero también a la de su padre y la Señora: una crisis de identidad. Andri lleva toda su vida conociéndose como judío y eso le siembra dudas para todo, incluso para comprometerse con el amor de su vida. Luego se ha de enfrentar a la posibilidad de que no sea quien cree que es, lo que le hace repudiar a todo lo que le rodea: su familia adoptiva, la propia Barblin, sus vecinos; en suma, aquellos que han formado parte de él durante su corta vida. Es interesante que, en la lectura del texto, encuentro bastante complicado hacerme una imagen de los personajes más allá de un estereotipo de frialdad, si exceptuamos a Barblin o al maestro, los únicos que parecen mostrar algún tipo de sentimientos con lo que sucede. Leo que Frisch pretendía situar al espectador como parte de Andorra, hacerlo empatizar con sus habitantes y que adoptara las actitudes de éstos. Quizá por la simplicidad de la escenificación y el hecho de que todo se concentre en el retrato del prejuicio, eso sería posible en una representación adecuada, al no haber tramas que deriven del tema central, pero me pregunto ante quién acabaría el espectador mostrando esa frialdad, esa hostilidad colectiva. A la postre, Andri tampoco resulta un personaje “querible”, por lo que la identificación con él igualmente es casi imposible.

El “¿cómo reaccionaría yo?” es, pues, la pregunta que subyace a lo largo de los doce cuadros.

1 En realidad Frisch no usa la palabra “Jude”, sino “Jud”, supongo que para hacer abstracción de que se trata simplemente de un extraño, pero la intención está clara. Por eso en el texto escribo judío en cursiva.

2 Con la excepción de Andri, de Barblin y, en un par de ocasiones por puro apoyo al diálogo, del Soldado y del Carpintero.

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20. Españistán

Aleix Saló
Glénat

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2. ¿Por qué los mayores construyen los columpios siempre debajo de un charco?

Luis Piedrahita (monólogos)
Editorial Aguilar.

Algunos momentos brillantes, el resto ya suena a visto. Es lo que tiene cuando vas por la tercera o cuarta parte, que los mejores ya se han incluido en los primeros libros.
Hay algunos monólogos que parecen expresamente creados para el texto, por ciertos aspectos visuales que sobre un escenario son imposibles de escenificar; en este caso no han quedado tampoco muy logrados.

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19. La Reina Sin Espejo

Lorenzo Silva
Ediciones Destino (Edición electrónica en Leqtor.com)

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18. Nadie vale más que otro

Lorenzo Silva
Ediciones Destino (Edición electrónica en Leqtor.com)

Cuatro historias cortas protagonizadas por Bevilacqua y Chamorro.

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17. Blanco-White: "El Español" y la independencia de Hispanoamérica

José María Blanco-White
Juan Goytisolo (Introducción y selección de textos).
Editorial Taurus

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16. Karl Valentin: Der Münchnerischste aller Münchner

(Karl Valentin: el más muniqués de todos)
Alfons Schweiggert
München Verlag

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15. Store Front: The disappearing face of New York

James T. and Karla L. Murray
Gingko Press Inc.
Web de la editorial
Web de los autores

James y Karla Murray son una pareja de fotógrafos urbanos que decidieron retratar estas sociedades desde un punto de vista diferente al de las fotos de paseantes o de arquitectura, y se centraron en aspectos a priori menos llamativos de la vida cotidiana en una gran ciudad como Nueva York. En 2007 publicaron el libro Store Front: The Disappearing face of New York, un monumental compedio de frontales de comercios de barrio (las llamadas familiarmente “Mom & Pop stores”) que permanecían en la ciudad como parte indiscutible del paisaje. Durante varios meses recorrieron los cinco distritos de Nueva York (Manhattan, Bronx, Brooklyn, Queens, Staten Island) fotografiando las entradas de los locales y recogiendo las historias que acompañaban a la fundación y supervivencia de cada tienda o cada restaurante.

El resultado es un retrato casi perfecto de una de las ciudades más cambiantes de los Estados Unidos y, posiblemente, de todo el mundo, visto a través de quienes han crecido y vivido con ella, recogido en un libro emotivo pero sin caer el lo plañidero, aunque sí con cierto regusto a denuncia ante los efectos nada secundarios del proceso llamado gentrificación; algo relativamente nuevo en nuestras ciudades europeas (en Madrid empiezan a conocer sus desagradables consecuencias), pero que en la ciudad de los rascacielos lleva décadas formando parte de su razón de existir. Cierto es que el proceso se aceleró con las políticas de Rudolf Giuliani y Michael Bloomberg, quizá hasta un extremo ya irreversible.

Porque cuando uno lee las breves palabras que los autores recogen de los actuales propietarios de los negocios, se da cuenta de que existen muchos puntos en común para que un local perviviera o desapareciese; fundamentalmente el desaforado crecimiento del precio de los alquileres (la mayoría de los comerciantes del libro que han conseguido sobrevivir adquirieron en algún momento el edificio donde tienen el local), pero también crecientes normativas e impuestos municipales que acaban resultando insostenibles en forma de tasas y multas para propietarios cuyo único “pecado” ha sido tratar de mantener su negocio como quieren sus clientes. Hay casos tan absurdos como tener un letrero de neón, que obliga a pagar una tasa (nada barata), aunque el letrero no funcione porque tenga las luces rotas y su dueño decida no arreglarlas por el coste que le supone. Cada comercio es un mundo, desde luego, pero las historias acaban siendo muy parecidas entre sí.

El volumen se divide en cinco capítulos, uno por cada distrito. El más grande de ellos está dedicado a Manhattan, seguido a distancia por Brooklyn, quizá porque son los que más fama tienen, y sorprende que se ocupe tan poco de Queens, de largo el borough más grande de la ciudad. Cada capítulo contiene varias secciones, una por cada barrio fotografiado, que en el caso de Manhattan van de Sur a Norte, empezando por el Lower East Side y terminando en Harlem. En la cabecera de cada capítulo y sección, unas breves líneas nos situan a los barrios geográficamente y dan una pequeña historia de la evolución demográfica de éstos. Luego vienen las fotos de los comercios, a veces con los dueños posando junto a ellos, y se escogen algunos para incluir comentarios de sus propietarios o de sus gestores, en los que cuentan cuándo se hicieron con el negocio, bajo qué circunstancias, a qué se dedican y cuál sería su situación actual. Todo en muy pocas palabras, pero suficientes para comprender el significado que tienen para ellos el lugar donde forjaron su vida. La mayor parte de los comercios son empresas familiares cuyos dueños lo son ya de segunda o tercera generación, y especialmente en la rama de alimentación se muestran muy orgullosos de los productos que venden, en su mayoría elaborados en la propia tienda.

El libro tiene la gran virtud, además, de que huye de lo pintoresco y de lo exótico, sino que muestra una realidad; limitada, eso sí, a una fachada y unos pocos metros de acera, pero realidad al fin y al cabo, fuera de la representación “chic” y esnob del neoyorkinismo de las series de televisión. Es, por supuesto, una obra esencialmente gráfica con fotos a toda página, en panorámica de doble página que muestra varios locales, e incluye cuatro desplegables que muestran aceras completas de barrios significativos. Las fotos no pretenden ser espectaculares ni disfrazar nada: tanto si hay una pintada como un desconchón, como si al rótulo de neón se le han caído dos letras o si es un frontal impecable de un restaurante pijo, la sucesión de imágenes es un reflejo literal de lo que allí sucede. La selección de textos y protagonistas es impresionante por su diversidad y preciosa por el amor que profesan esos pequeños comerciantes hacia su medio de vida, que en no pocos casos va más allá y se convierte en su vida, a secas.

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14. El Alquimista Impaciente

Lorenzo Silva
Ediciones Destino (Edición electrónica en Leqtor.com)

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13. Ausser Dienst: Eine Bilanz (Fuera de Servicio: Un Balance)

Helmut Schmidt
Pantheon Verlag

Helmut Schmidt es un histórico del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) que desempeñó diferentes cargos dentro de la política alemana desde el final de la II Guerra Mundial, como parlamentario federal, como ministro de Economía y Hacienda y, finalmente, como canciller federal entre 1974 y 1982, sustituyendo a Willy Brandt y reemplazado por Helmut Kohl; curiosamente, en ambos casos tras votaciones de confianza fallidas hacia el canciller en activo. Obligado a gobernar en coalición durante sus mandatos, Schmidt siempre ha sido un político defensor de diálogos y pactos como solución preferente a cualquier clase de conflicto, además de un europeísta convencido. Famoso en Alemania por sus artes oratorias, que dieron lugar a la expresión “Schmidt Schnauze” (traducible por “hocico de Schmidt” o “pico de Schmidt” en el sentido español de “pico de oro”), tras su paso por la cancillería continuó estudiando la política nacional e internacional basándose en sus propias experiencias, de donde surgen multitud de libros en los que explica su propia postura ante los acontecimientos políticos y económicos de cada momento. Aún hoy, con más de 90 años, Schmidt sigue escribiendo y dando lecciones de política y, si bien hace mucho tiempo que dejó su actividad, continúa siendo una referencia dentro del pensamiento socialdemócrata.

En “Ausser Dienst: Eine Bilanz”, Helmut Schmidt repasa diferentes aspectos de los temas mencionados arriba, tratando de enlazar los hechos que ocurrían en el mundo en sus últimos años de mandato y después de dejar la cancillería con sus paralelos de principios del siglo XXI. El abanico de temas a tratar es amplio, separando con claridad la política nacional alemana de la internacional, especialmente la que afectaba entonces a Europa y Oriente Medio. Así, se habla de economía, de protección social, de ética, de inmigración, de conflictos bélicos, de las relaciones con Estados Unidos (un tema siempre delicado en la República Federal) y también, con cierta profundidad, de religión y moral. No trata acerca de la crisis, pues el texto es de 2006, pero en muchos puntos la anticipa, lo que tiene sentido teniendo en cuenta su currículum. Y, sobre todo, muestra una honda preocupación por la dificultad creciente para mantener una sociedad en paz interna, no digamos ya en paz con sus vecinos.

Con estos mimbres debería dar para un buen cesto, pues si no me equivoco se tratan temas recurrentes en otros libros del ex-canciller (en mi caso, es el primero que leo). Sin embargo, el libro es un soberano coñazo, con perdón. Tiene un gran problema a mi modo de ver, y es que en cada asunto que analiza se centra en una o dos únicas ideas y se limita a dar vueltas sobre ellas, pero siempre desde una perspectiva superficial, como si basase las premisas en una conclusión previamente enunciada, a la que de un modo u otro siempre acaba llegando. El resultado es que no profundiza en nada, no termina de cerrar ni completar un sólo argumento, y este esquema se repite a lo largo de los distintos capítulos, donde precisamente la principal virtud de Schmidt, esto es, su retórica, aquí resulta más un lastre que una virtud.

Sí que tiene momentos brillantes, relacionados casi siempre con su relación hacia gobernantes contemporáneos de su mandato pero de ideología opuesta, como Giscard d’Estaing o Henry Kissinger, a la postre grandes amigos del alemán. En esos párrafos, donde puede descender a un nivel más personal, más cercano a lo humano que a lo político, Schmidt muestra una sensibilidad fuera de lo común hacia quien no piensa como él, y eso impregna, es verdad, el resto de la obra. Igualmente pasa cuando entra de lleno en su definición de estado social, mucho más cercano al de la formación de la Bundesrepublik tras la guerra que al de su teórico compañero ideológico Gerhard Schroeder. Y dentro de la parte económica, sorprende y al mismo tiempo irrita una cierta deriva de su keynesianismo original a la supuesta necesidad de aplicar reformas como consecuencia de las crisis. Los argumentos que da para ello suenan casi idénticos a los que se están utilizando ahora por, entre otros, Zapatero en España… casi podría decirse que a zetapé le leyeron este libro en voz alta y calcó algunas de las frases par los debates parlamentarios. Quiero insistir en ello: cuando escribe este libro aún faltan dos años para el crack mundial de la economía, pero ya están en marcha parte de las reformas schroedianas que, a la larga, costarían el puesto a don Gerhardo y propiciarían la gran coalición entre SPD y CDU y la subida al poder de Merkel.

Para mi gusto el capítulo más interesante es el último, donde trata en pocas páginas tres temas con bastante seso: la religión, la ética del político y su correspondencia con la sociedad. El primero resulta curioso, pues concilia que un político pueda ser socialdemócrata y, al mismo tiempo, creyente. No es nada raro, pues la religión tiene una presencia constante en la vida diaria alemana, aunque sin esa presión proselitista que los españoles conocemos tan bien. Pero eso sí, Schmidt deja claro que su relación con dios es principalmente individual y alejada de cualquier tipo de organización eclesiástica y aprovecha para deslizar una nada velada crítica a la iglesia católica y a la jerarquía religiosa judía (Schmidt se declara protestante), así como a la utilización de dios como excusa para las decisiones políticas, en referencia directa y explícita a dirigentes como George W. Bush. Llaman la atención las múltiples menciones a Anwar el-Sadat como una persona que comprendía perfectamente la clave de las diferencias religiosas en la resolución del conflicto en Oriente Medio. En cierto modo, diría que Schmidt afirma que sólo Sadat entre todos los líderes conseguía definir el verdadero significado del factor religioso en las disputas, pero, sobre todo, la importancia de que las tres religiones del libro entendieran su pertenencia a una raíz común como condición necesaria para empezar un diálogo con futuro de paz. Una vez más, Schmidt se coloca en una posición mucho más íntima al explicar estos detalles y es entonces cuando el libro vuelve a enganchar por un ratito.

A continuación pasa a hablar de la política como profesión, y ahí descubro —confieso que lo ignoraba— que Alemania tiene el mismo problema que España con el sueldo de sus políticos: mientras que en la época de Schmidt como parlamentario y como ministro el sueldo era más bien justito1, en las últimas décadas éste ha subido de tal modo que los que entran en el Bundestag acaban saliendo poco menos que con la vida resuelta, mucho más si terminan como ministros de algún gobierno. Schmidt incide en el problema moral que ello supone, pues acaba implicando que no pocos políticos intentan conseguir uno de estos cargos por el ascenso económico que les produciría, antes que por el beneficio que en ese cargo pueden generar para su país.2 Es un buen remate a un libro aburrido porque su autor es, y nunca lo niega, un auténtico enamorado de la tarea política, y aquí abre su corazón acerca de cuál debe ser el rol de un cargo electo frente a la sociedad que le ha elegido. Y luego, que dirían Les Luthiers, “como anunciando el final, el concierto termina”.

Creo que nunca había dedicado tanto espacio a un libro que en el fondo no me ha gustado. Quizá porque a pesar de encontrarlo plomizo, lo cierto es que me ha puesto sobre aviso de una serie de cuestiones de política interior y exterior sobre las que ahora tengo más ganas de documentarme, si bien esta vez a través de otros protagonistas diferentes (Willy Brandt, allá voy). Quizá tras contemplar otros puntos de vista pueda volver a Herr Schmidt en uno de sus textos anteriores, más cercanos a sus funciones en el gobierno, para comprender qué es lo que se me ha escapado en esta ocasión. Por todo ello —y, lógicamente, porque me sirve para seguir aprendiendo el idioma—, no considero que su lectura, estirada durante demasiados meses a razón de pocas páginas cada vez, haya sido un tiempo desperdiciado. Creo que nunca se debe evitar el intento por conocer qué piensa la gente que ha estado gobernando el mundo en una época, ya demasiado lejana, en la que la política todavía tenía más valor que la moneda de curso legal.


1 El ex-canciller cuenta que salió del cargo con la misma hipoteca con la que entró y que viajaba en coche de Hamburgo a Bonn para poder cobrar las dietas y así poder pagar el propio coche (de segunda mano).

2 Sigo hablando de Alemania, digo para que no se me confundan ;-)

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12. El lejano país de los estanques

Lorenzo Silva
Ediciones Destino (Edición electrónica en Leqtor.com)

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11. Modesty Blaise vols. 2, 3 y 4

Peter O’Donnell / Jim Holdaway
Planeta-DeAgostini Cómics

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10. Pragmatism

William James
Project Gutenberg (Enlace)

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1. Celtiberia Show

Luis Carandell
Ediciones Maeva

Selección de artículos del gran Carandell, extraídos de su sección homónima en la revista Triunfo, que nos llevan a una divertida y a la vez desencantadora conclusión: el celtiberismo se crea pero no se destruye; ni siquiera se transforma, únicamente se adapta a los tiempos.

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