título
Todología con bigote
23. The completely MAD Don Martin, vol. 1

Don Martin
Running Press Publishers / EC Publications

Considerado por sus propios compañeros de MAD Magazine como el mejor de todos ellos, Don Martin (1931-2000) fue sin duda uno de los más grandes humoristas gráficos estadounidenses. A lo largo de 31 años en la publicación satírica y después involucrado en otros proyectos de fondo similar, Martin desarrolló un estilo inconfundible en el que la imagen y el “sonido” alcanzaban cotas de genial locura, presentándose como un auténtico maestro del movimiento en las viñetas. Con un estilo que recuerda muchísimo a los dibujos animados, Martin seguramente fue en el cartoon impreso lo que Tex Avery representó para el cine. Era capaz tanto de dibujar personajes absolutamente grotescos como formas atractivas e incluso voluptuosas, aunque en estas últimas no se detuvo demasiado excepto para contrastar los rasgos exagerados de sus motivos más cómicos.

Martin manejó el absurdo y lo imposible a partes iguales, procurando que la sorpresa final de cada tira tuviese el impacto de un misil cuya explosión fuese una carcajada. Tanto en las tiras de única página como en las que ocupaban dos o tres (en las que el factor sorpresa se veía reforzado por estar oculto), situaciones cotidianas eran viradas hacia el esperpento y la farsa. Un “parece tan fácil” que no lo es en absoluto pero que se escapa de labios del lector tras la enésima risotada. El humor de Martin es directo y grotesco, pero nunca se vende al chiste de sal gorda, aunque sí da la impresión de que se vuelve más blanco conforme el estilo evoluciona, o quizá porque la que evoluciona es la propia sociedad. Las primeras tiras de Martin, entre las que hay mucha parodia de los anuncios de la televisión (el medio por excelencia a finales de los años cincuenta), serían consideradas hoy políticamente incorrectas, por calificarlas suavemente. Un terreno muy pantanoso en el que, por desgracia Martin no quiso o no pudo seguir metiéndose, aunque dejarlo no rebajó, por suerte, la calidad de su trabajo.

Volviendo a la analogía con el cartoon animado, Martin perfeccionó magistralmente el arte de la onomatopeya, con la que no solamente especiaba los trompazos y explosiones de los dibujos, sino que a veces incluso era protagonista del gag en cuestión. Ruidazos como “KACHUNKA-KACHUNK”, “TIKKA-TIKKA-TIKKA”, “SPLISHIDY-SPLASH” o su famoso “FAGROOOOOM!!”, que habitualmente acompañan a un edificio hundiéndose, se han vuelto iconos de la cultura popular en los Estados Unidos. Ello convierte a las tiras de Don Martin en un ejemplo espectacular de efectos sonoros saliendo de la página hacia la imaginación del lector.

Gracias al esfuerzo de Running Press y MAD Magazine, podemos disfrutar desde hace algunos años de toda la obra de Martin compendiada en dos enormes volúmenes de gran calidad, salpicados con textos de otros artistas y escritores que colaboraron con el dibujante o que se inspiraron en él y al que ofrecen en estos libros su particular tributo. Al Jaffee, Sergio Aragonés, Gary Larson, Frank Jacobs o Peter Bagge, entre otros, confiesan sin rubor su deuda eterna con el genio. Aquellos que le conocieron lo retratan como un tipo tímido hasta la médula e incluso taciturno, y alguna foto que aparece del artista parece confirmar esa definición. Por más que intentemos mirarle a los ojos, resulta imposible encontrar en ellos ese torbellino de maravillosa locura que bullía en la singular cabeza de este grande del cómic americano.

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