título
Todología con bigote
3. Roba este libro / Steal this book

Dora García
Paraguay Press
http://www.doragarcia.net

Durante cuatro meses aproximadamente (de octubre a enero, hasta el 31 todavía es posible) pudo verse en el CGAC la exposición ¿Ónde van os personaxes cando remata a novela?, cuya autora es la artista Dora García. Se trata de una revisión de sucesivas performances ideadas por Dora durante los últimos años y cuyos resultados se presentaron, al menos parcialmente, en este espacio santiagués.

Confieso que cuando vi de qué trataba la cosa arrugué la nariz: una performance. O varias… no es precisamente el tipo de arte al que me arrojo por las buenas, ya que normalmente me decepciona. Pero quise vencer el prejuicio y me sumergí (nos sumergimos, pues dos éramos) en las ideas de esta artista hasta entonces desconocida para nosotros. La decisión fue buena, pues encontré una amalgama de sorpresas y novedades que me hicieron pensar mucho y bien. El trabajo de Dora interpreta la realidad, pero también juega con ella haciendo partícipe activo al receptor de la obra; a veces de forma consciente y —por supuesto— consentida, y a veces de forma inconsciente, de suerte que el visitante se convierte, literalmente, en parte de la visita, en parte del trabajo.

Fue doblemente interesante por el hecho de que estábamos en ese momento solos en la sala expositiva, un espacio abierto, inmenso y blanco, que le da una dimensión misteriosa a esta clase de obras. Por eso, cuando de repente nos encontramos dentro de su llamada Narrativa Instantánea, nos tuvimos que sentir inevitablemente protagonistas absolutos de lo que allí estaba sucediendo. La conciencia de que eso ocurría no se produjo enseguida, sino ya bien entrada la visita, de modo que sólo pudimos decidir nuestra forma de integrarnos cuando ya quedaba poco por hacer. Aun optando por dejarnos llevar, sospecho que nuestras reacciones ya dejaron de ser espontáneas a partir de ese momento. Si así la artista cumplió un objetivo o no, sólo puede decidirlo ella.

Dentro de la exposición se encontraba una tentación transgresora, un libro que pedía que lo robaran, el libro objeto (más bien excusa) de esta reseña que ahora leen ustedes. Coges el libro con cuidado, como si mordiera; lo miras, le das la vuelta, está en otro idioma, lo revuelves, lo ojeas con prisa, miras al chico que allí está y al final le preguntas: sí, se puede coger. Lo coges, miras de nuevo como con culpa sus primeras páginas y te ríes; efectivamente, está pidiendo a gritos ser robado y te acaba de sacar los colores al describir cada movimiento que has hecho antes de guardártelo en el bolso. Cogemos dos, para leerlos luego. Al final, en un vuelo.

Del libro poco hay que contar que añada algo a lo que ya les he descrito, quizá porque complementa y no sustituye al contenido de la exposición: en él reúne la artista historias sobre la génesis de sus performances anteriores, de las que pudimos ver muestras en la muestra. The Beggar’s Opera, “robada” a Brecht; diferentes objetos que fueron circulando en salas, calles y galerías; intercambio de misivas entre la artista y sus actores —herramientas artísticas de carne y hueso— como preparación de su próximo trabajo; dudas, muchas dudas, pero también mucho optimismo y entusiasmo. Una colección, en fin, de sensaciones y de labor ardua por parte de alguien que busca sin parar cómo plasmar su siguiente inquietud.

Mi conclusión debo sacarla forzosamente de la combinación de libro, exposición y página web (ver arriba): ha cambiado sin duda mi percepción inicial del concepto performance y me invita a ver con otros ojos las formas más novedosas de expresión artística, que no se encorsetan en una sola de las artes canónicas. Si bien seguiré tomándomelas con cierta prudencia (pues hay mucha bazofia que se sigue queriendo hacer pasar por arte), sin duda trabajos como el de Dora García sirven para entender que aún queda mucho por descubrir.

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Comentarios

Barbra Streisand : 26 01 2010 - 01:22

La asignatura pendiente del arte contemporáneo siguen siendo las videoproyecciones, al menos para una espectadora media como yo. Fórmulas de audio incómodas, reproducciones circulares que obligan a esperar minutos para verlas desde el principio o, a menudo, recursos visuales poco elaborados hacen necesaria una revisión de sus métodos de difusión en los museos.

óscar : 26 01 2010 - 02:55

Yo también pasé por allí, no tenía ni idea de qué iba el asunto, y cuando lo descubrí me pareció muy ingenioso y divertido ese juego con el espectador. Sé de gente que fue y lo vio como una tomadura de pelo, y además el hecho de verse involuntariamente inmerso en la obra no les hizo demasiada gracia.

Y también “robé” el libro. Pero sin pedir permiso a la vigilante: fue ella misma quien, ante mi actitud dubitativa, me incitó a hacerlo, escribiendo en el panel de Instant Narratives: “el señor de la cámara de fotos vuelve a acercarse a los libros; ¿se atreverá ahora a robar uno?”

Otis B. Driftwood : 28 01 2010 - 01:06

Hombre, Óscar, qué bueno verte por acá! :-)

En la página de Dora García hay unos curiosos audios grabados durante horas completas en distintos puntos de Madrid. Es un principio parecido al Instant Narratives, pero elaborado de forma diferente. Funcionan sorprendentemente bien como banda sonora de fondo cuando estás enfrascado en algo :-)

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