título
Todología con bigote
10. Industrias y Andanzas de Alfanhuí

Rafael Sánchez Ferlosio
Colección Biblioteca de “El Mundo”

Conocí a Alfanhuí antes que a Ferlosio. En los libros de lectura de la EGB (y sonará repipi, pero el libro de lectura era mi preferido siempre entre los libros de texto; para cuando empezaba el curso, yo ya lo había terminado) aparecía acá y allá, como protagonista de historias semifantásticas aunque con personajes y lugares reales: Alfanhuí conoce a su abuela, Alfanhuí y el maestro, Alfanhuí y el gigante del bosque rojo… Paseándose entre las páginas del “Senda” o de algún texto de la editorial Santillana, este chico que podría tener la edad de cualquiera de nosotros cuando teníamos esa edad siempre me dejaba con curiosidad al final de cada cuento… ¿qué pasaría después? Para cuando descubrimos que su autor se llamaba Rafael Sánchez Ferlosio, cuya novela El Jarama había obtenido el premio Nadal en no sé qué año, y que el niño protagonizaba un libro con un título tan largo y raro (¿qué era eso de las “Industrias”?), ya estábamos suplantando la capacidad de soñar en abstracto por la que nos proporcionan las hormonas al atravesar la barrera de los doce años.

Pasaron un par de décadas y Ferlosio se quedaba atrás en la memoria, aunque no Alfanhuí, aquel muchacho de ojos amarillos como los alcaravanes. En ocasiones se asomaba el autor a las páginas de prensa, si bien nunca me llamaba la atención, y fue una suerte de actor secundario de presencia rara cuando Javier Cercas describió a su padre, Sánchez Mazas, en la ya mítica Soldados de Salamina. Y, es curioso, ahora cuando leo u oigo hablar sobre Ferlosio, El Jarama siempre está presente, pero Alfanhuí parece que nunca haya existido. Ha querido la vida, con una mijita de casualidad, que lo encuentre en una librería de Santiago, expuesto con los restos de segunda mano, este ejemplar que editó El Mundo en una de esas colecciones que de vez en cuando buscan levantar las tiradas de los diarios, a veces incluso consiguiéndolo. Y sólo ella, que en en ese momento me acompañaba fue testigo de mi felicidad al hacerme con él, ya que lo creía descatalogado (no lo está, por cierto; acabo de ver que Crítica lo ha vuelto a editar). Por dos eurillos de nada, rescaté a Alfanhuí de aquella EGB casi olvidada y le pedí que me ayudase a soñar, aunque fuese por un ratito, con aquellos años.

Y la verdad, no me apetecía hablarles aquí de realismo mágico, ni del trasfondo de la novela de Ferlosio, ni de si describe o no una transición a la madurez, ni de ninguna de esas zarandajas. Ni de que el libro sea una pequeña maravilla y que, aunque le digan novela, yo seguiré entendiéndolo como una colección de relatos fantásticos.

Sólo quería hablarles de cómo un personaje y sus aventuras despertaron mi curiosidad hasta tal punto que, veinte años después, fui feliz al poder satisfacerla.

comentar en 10. Industrias y Andanzas de Alfanhuí

Los textos originales de este cuaderno se encuentran bajo la Licencia ColorIuris especificada aquí. El resto son propiedad de sus respectivos autores. El diseño de la página es obra de Jorge Portillo. Valida xhtml y css. Formatos disponibles para agregadores de noticias: atom y rss ( Suscribir). Alojamiento provisto por Libro de notas. Gestionado con Textpattern. La caricatura de Groucho Marx es creación de Al Hirschfeld, publicada por George J. Goodstadt. Si quiere saber quién visita este cuaderno y desde dónde, pinche aquí.