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Todología con bigote
6. Backstory 2: Entrevistas con guionistas de los años cuarenta y cincuenta

Pat McGilligan
Ediciones Plot

Hagamos una breve reseña de este libro de Pat McGilligan, segundo de una serie de cuatro, en el que McGilligan y su grupo de colaboradores reúne diversas entrevistas a escritores cinematográficos del Hollywood de los años 40 y 50. Dado que muchos de ellos estuvieron directamente afectados por la “caza de brujas” del senador Joe McCarthy, el volumen se hace particularmente interesante en el contraste de opiniones y consecuencias sobre los protagonistas de tan ominosa época.

A pesar de que el libro comienza fuerte, nada menos que con la legendaria Leigh Brackett, es sorprendente cómo McGilligan ha sabido ordenar con precisión a los entrevistados de manera que cada conversación resulte aún más atractiva que la precedente y deje al lector con muchas ganas para la posterior. Con algunas excepciones, las secuencias de hechos que van narrando los sucesivos guionistas se complementan unas a otras, a veces encajando de manera casi perfecta. Ayuda también el hecho de que los entrevistados fuesen personas de muy avanzada edad en la mayoría de los casos, lo que les permite ser bastante más directos y menos contenidos que sus sucesores (como puede comprobarse en el volumen 4 de la misma serie) y, al mismo tiempo, observar sus vivencias con mayor benevolencia de la que en principio esperaríamos. Y eso que entre los entrevistados encontramos a gente como Betty Comden y Adolph Green, reconocidos por sus musicales en la Metro-Goldwyn-Mayer y de los cuáles no cabe esperar una sola crítica al sistema para el cuál trabajaron durante décadas. Es curioso, pero en realidad cabe decir eso de buena parte de los guionistas contenidos en este libro: o bien se encontraban como parte de un sistema en el que no había defectos, o bien se consideraban perfectamente adaptables a las condiciones de trabajo para cada película, fueran las que fueran. Algunos tuvieron una carrera paralela como “arreglaguiones” y a veces parecen mirar con más satisfacción esa faceta de su profesión que la de la escritura principal, aún sin obtener crédito por ella.

Entre las entrevistas hay algunas particularmente emotivas, como las realizadas a Ben Maddow, Walter Riesch (con el que aprendemos mucho de Ernst Lubitsch) o Stewart Stern, hombres que hicieron de la profesión de guionista un arte por el camino del talento natural. Cuando les lees hablar sobre su trabajo parece algo tan fácil que emociona comprobar cómo no es suficiente con saber escribir, sino que además hay que tener “algo” dentro de uno que permite que salgan escenas memorables. Quizá un amor al cine infinito, como el que estos genios de la palabra demostraban. Al menos como condición necesaria, si bien no suficiente.

El libro, en esa composición casi perfecta de la que hablábamos al principio, se corona con una extensa entrevista a Philip Yordan, misterioso personaje que firmó buena parte de los guiones de aquellas décadas (y posteriores), que consiguió trabajo, aunque fuera en la trastienda, a profesionales marcados por el maccarthysmo y que resulta tan fascinante como muchas de las propias estrellas del sistema de estudios; de hecho, se comportaba igual que ellas y era admirado y odiado casi al mismo nivel que éstas. A pesar de que entre sus múltiples caras se encontraba la del guionista, la creencia entre la profesión es que jamás escribió una sola palabra, firmando muchos guiones por pura conveniencia, por necesidad del estudio o para alimentar su propio ego, merced al poder fáctico que su nombre daba. A esta entrevista llegamos después de que el nombre de Yordan haya aparecido no pocas veces a lo largo del volumen, y hay que decir que merece la pena esperar para encontrarnos a tan especial “carácter”, que no se muerde la lengua, que no elude —casi— ninguna pregunta y que sigue teniendo una personalidad tan fuerte como en su época de esplendor. Para este lector, que desconocía la existencia de Yordan, resulta desde ahora un nombre imprescindible para entender una de las épocas más difíciles de Hollywood.

Terminamos indicando que, como el resto de volúmenes de la serie, cada entrevista viene precedida por una semblanza biográfica y una filmografía de cada guionista en la que se incluyen los títulos en los que se sabe que participó pero donde no se le acredita. En casi todos los casos esta pequeña introducción permite situarnos en la actitud correcta para entender muchas de las respuestas u observaciones que el entrevistado va a proporcionarnos. El libro se completa con una extensa bibliografía de la que hemos podido observar numerosos destellos en forma de datos a pie de página, no siempre útiles, a veces escasos, pero indudablemente enriquecedores e interesantes. El conjunto de “Backstory 2” se lee casi como una novela o, mucho mejor, un documental al que sólo le faltan las imágenes de fondo, pero donde claramente se oyen las voces en off de un narrador y de sus protagonistas: los que escribieron en su día uno o muchos guiones y ahora nos hablan, pausadamente y con cierta sorna, de cómo fue aquella época para ellos.

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