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Todología con bigote
¿Es necesario hacer un día de algo?

Hoy, 8 de marzo, es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, aunque en algunos sitios se haya retirado intencionadamente esta última palabra para, quizá, restar también importancia o visibilidad al significado de esta jornada. Como cada año, aparece el debate sobre si es necesario dedicar un día concreto a este tema (o cualquier otro) y si ello no causa una difuminación del resto de días en los que esa lucha ha de continuar.

Forges publica de vez en cuando una viñeta recurrente en la que a una jornada reivindicativa le añade la coletilla “hoy ¡y todos los días!”. Lo cuál es cierto; la reivindicación de los derechos de la mujer, por ejemplo, no es una lucha que empezó ayer por la noche ni se acabará mañana por la mañana. La constante pelea de las mujeres por ver reconocidos unos derechos que SON consustanciales a su condición de ser humano y, sin embargo, se ven minorados o directamente eliminados por el hecho de pertenecer al sexo femenino, viene ocurriendo desde hace siglos con intensidad creciente, multiplicada durante las últimas décadas. Por eso, entre otras cosas, jornadas como la de hoy son importantes: no sólo subrayan el carácter de esa lucha, sino que conmemoran a aquellas que la iniciaron y la impulsaron en circunstancias todavía más difíciles que las actuales.

Y sí, son necesarias precisamente porque esa visibilidad potenciada, concentrada en una jornada particular, sirve de punto de partida para muchas mujeres y hombres que, por las razones que sea, ignoran todos los problemas a los que una mujer ha de enfrentarse en una sociedad que sigue siendo patriarcal incluso en nuestro desarrollado y civilizado Occidente, además de poner el foco de atención precisamente en aquellas sociedades donde la mujer tiene un estatus tan bajo que a veces no pasa de la categoría de objeto para producir niños.

Pero tampoco debemos perder la perspectiva sobre la necesidad de continuar la lucha en una sociedad tan avanzada como la nuestra; han hecho falta, por ejemplo, apenas dos años de gobierno del Partido Popular en España para experimentar un brutal retroceso en los derechos de las mujeres merced a políticas delineadas, en buena parte, al dictado de uno de los clubes más machistas y retrógrados del mundo, llamado iglesia católica. Otros países europeos y americanos aprueban leyes que en la práctica suponen seguir tratando a la mujer como un ser inferior, incapaz de pensar por sí misma y que por ello necesita cadenas y tutela. Todo esto demuestra que una vuelta atrás siempre es mucho más veloz que un avance y ocurre mucho más rápidamente. Pensar que en el año 2014 los objetivos se han alcanzado es tan irreal como peligroso.

El feminismo es imprescindible a todos los niveles: en lo laboral, sin duda alguna; pero también en la educación, en casa y en la escuela, especialmente de los niños pero igualmente de los adultos; en la política, en los medios de comunicación, en las actividades de nuestro día a día. Allá donde hay micromachismos presentes hemos de aprender a reconocerlos (los macromachismos son ostensiblemente más visibles) y comprender lo dañinos que son. Y ese aprendizaje es largo y difícil, porque primero hay que tomar conciencia de lo que hay de verdad y olvidarnos de los lugares comunes; consolidar los avances e identificar tanto las carencias como los riesgos de retroceso, para corregir unas y prevenir los otros.

Por ello, a la pregunta del título la respuesta ha de ser siempre un “sí”; por miles de razones de las que sólo he enumerado unas pocas. Pero hay otra que me parece también de mucho peso: aún no llevamos ni media jornada y ya me he encontrado críticas exacerbadas a este día, acusaciones de discriminación o antiigualitarismo “porque no hay un día del hombre” (o del hombre trabajador), insultos y desprecios a quienes sí se adhieren a la celebración reivindicativa del 8 de marzo y columnas opinionadas recargadas de burla que pretende estar dirigida a “las feministas” (como si estas fuesen un grupo underground) pero que apuntan a todas las mujeres y a los hombres que sí defendemos la igualdad incondicional y absoluta. En una inmensa mayoría estas críticas provienen, efectivamente, de hombres, pero también hay mujeres que se adhieren y jalean a estos individuos, sin pararse a pensar ni un momento en todo lo que ha tenido que pasar para que una mujer vote, tenga una cuenta bancaria o, simplemente, no se la acose por serlo. La ignorancia es otra forma igualmente peligrosa de violencia. Este día será necesario hasta que deje de serlo; que parece una perogrullada, pero no veo yo que vaya a suceder a corto plazo. Y por eso la lucha continuará mañana.

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