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Todología con bigote
¡Es que no lo es!

Llevo días queriendo escribir aquí lo que Roger Senserrich ha anotado hoy. Probablemente me habría salido un post muchísimo más largo para, básicamente, decir algo como esto:

Una conducta no tiene que ser delictiva para ser considerada cuestionable o corrupta. Los gestores de dinero público no sólo deben cumplir la ley; los conflictos de intereses, relaciones potencialmente incestuosas y acciones que pueden ayudar a amigos deben ser estrictamente evitados. Medio PP en el caso Bárcenas estaba haciendo cosas que cruzan esa línea.

Cuenten ahora todos los que han dimitido por esto (ojo: por ESTO, no con una excusa cualquiera o porque les hayan echado) y verán que son uno o ninguno. ¿Por qué? porque llevamos aproximadamente ochenta años, cuarenta de dictadura y otros tantos de democracia, conociéndolo, aceptándolo, consintiéndolo e incluso a veces deseando formar parte de ello.

Queriendo ser muy cínico, a veces desea uno que la crisis dure lo suficiente (y, por tanto, putease lo suficiente) como para que ese necesario cambio de actitud de la sociedad ante los desmanes de esta panda de chorizos sea complete por fin y que los próximos que gobiernen sepan que no se les va a pasar ni una. Pero ni aunque eso pasara cuento con ello, para qué vamos a ser ingenuos.

Discúlpenme si les he amargado el viernes.

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