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Todología con bigote
Bildu, tenemos un problema

La presidenta de Navarra, Yolanda Barcina, es un personaje peculiar: hace algún tiempo le pillaron cobrando unas dietas absurdamente altas aprobadas por el consejo de Caja Navarra simplemente por el hecho de asistir a reuniones de un órgano creado ad hoc por la caja, al que ella pertenecería como miembro nato debido a su cargo. Una denuncia por posible cohecho impropio quedó archivada por el Tribunal Supremo al no apreciar indicios de este delito, pero lo cierto es que el cobro de esas dietas supuso un escándalo que Barcina zanjó devolviendo el dinero cobrado. Vamos a repetir esto: la presidenta de una comunidad autónoma devuelve un dinero dudoso… pero sólo porque la pillaron. En cualquier lugar mínimamente civilizado, semejante escándalo habría causado la dimisión inmediata del implicado. Barcina, a la que le gusta un cargo más que a un tonto un lápiz, consideró que su responsabilidad estaba cumplida y se mantuvo en el sillón.

Ahora la presidenta se enfrenta a otro escándalo mucho más grave: hay indicios de que su consejera de Economía ha estado presionando a la Agencia Tributaria Foral con fines todavía no demasiado claros, pero que apuntan a tratos de favor a determinadas empresas para las inspecciones. El caso, si se confirma mínimamente, es suficientemente serio como para que se produzca al menos una investigación oficial que vaya más allá del paripé parlamentario; paripé que en este caso no podría producirse, pues Barcina gobierna con minoría en la Cámara, por lo que no podría controlar a gusto una comisión que se ocupara de ello. A falta de poco más de un año para las próximas elecciones, la oposición ya ha movido ficha, aunque de aquella manera: el PSN lanza un “ultimátum” y amenaza con presentar una moción de censura si en quince días Barcina no ha dimitido o si no ha creado dicha comisión de investigación. Para ganar esa moción, que tendría como fin convocar elecciones, Roberto Jiménez, el líder socialista, necesitaría el apoyo de los partidos de izquierda abertzale, que ya han anticipado que estarían dispuesto a darlo. Y claro, se ha montado el circo de siempre: como ya saben ustedes que “todo es ETA”, pues esto también es ETA, con pintas y tirabuzones. La prensa becerra ya se está dedicando a decir al PSN que cuidadito con quién pacta; el PSOE, desde Madrid, se ha apresurado a decir que con ese chico no te quiero ver en el portal; y Barcina ha visto el cielo abierto y ya dice que ella no dimite y que si el PSN quiere plantar la moción, que la plante si tiene huevos y se deje de historias. En medio de todo esto, los parlamentarios de Bildu muertos de risa, supongo.

Debo decir que estoy de acuerdo con Barcina en lo último, aunque no por lo que ella piensa; si Jiménez de verdad está tan indignado, que presente la moción, la gane, sea investido como nuevo presidente y convoque nuevas elecciones de inmediato. O, ya yéndonos a lo loquérrimo, podría denunciar a la presidente saliente por el escándalo de la Agencia Tributaria. No me parece tan claro que vaya a hacer una cosa o la otra, que en catorce meses antes de la convocatoria oficial de comicios da para mucho si se quiere afianzar una posición con vistas a ellos.

Por otro lado es también muy significativo como todos aquellos medios y partidos políticos (a veces se mimetizan) que han lanzado la fatwa anti-Bildu, con amenaza de excomunión democrática al PSN si se atreve a aceptar sus votos, han callado como putas en Cuaresma a la hora de comentar el posible escándalo de corrupción en la Comunidad Foral. En algunos casos (cuñao Herrera, te estoy mirando), incluso se han apresurado a manifestar su apoyo y cariño incondicional por la presidenta, porque ante todo hay que ser un caballero o cosas parecidas. Porque, ciertamente, el buen gobierno y la transparencia en la gestión no es la prioridad de semejantes individuos.

Luego es evidente que Navarra tiene un problema. Pero seguro que no es Bildu.

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