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Todología con bigote
Cayó la mundial

Confieso que estoy todavía en shock; no porque no considerara posible que esto pasase, sino por la rapidez con que ha ocurrido y la sensación que ha dado de que el pescado llevaba tiempo vendido. Ya lo saben, es la noticia del mes: Pedro J. Ramírez cesa como director de El Mundo y es sustituido por Casimiro García-Abadillo, hasta ahora esbirro incondicional del hombre de los tirantes y su cara visible cuando de hablar de las conspiranoias del 11-M se trataba.

La noticia no es buena en absoluto; de hecho, es terrible. Todas las informaciones apuntan a que el cese (o la destitución) se ha producido por presiones gubernamentales, lo que unido a la mala situación económica de todo el grupo de Unidad Editorial (que acababa de pasar por su segundo ERE en poco tiempo) ha puesto la cabecera a los pies de los caballos. La falta de apoyos económicos es, sin duda, un acicate, y teniendo en cuenta el papel que los gobiernos en España desempeñan en los ingresos de los grandes medios nacionales, no es descabellado pensar que se había cortado el grifo hasta extremos insostenibles. La consecuencia la hemos visto hoy, pero seguramente no será la única.

Pedro Jota no es ni ha sido buen periodista, aunque probablemente haya sido buen director, ateniéndonos estrictamente a lo que dice la gente que ha trabajado a sus órdenes. Pero es un egocéntrico impenitente que siempre ha puesto su propio interés por encima del general, el acumular poder por encima del periodismo bien hecho, y el afán de notoriedad por encima de la objetividad. Alardeaba de poner y quitar presidentes, lo cuál no deja de ser relativo, ya que procuró estar cerca de ellos mientras pudo conseguir prebendas y se les enfrentó directamente cuando eso dejó de ocurrir. Con Rajoy tuvo el mal cálculo de iniciar el enfrentamiento antes incluso de que gobernase; una vez más no por cuestiones de ética, sino porque sus energías estaban dedicadas a apoyar a su gran rival, Aguirre, de la que gozaba de favores mientras ésta presidió la Comunidad de Madrid. Aquello salió mal y la consecuencia fue que PJ tuvo que ejercer de opositor al gobierno desde el principio, cosa que nunca le había ocurrido. Además, Aguirre dejó la presidencia regional y su sucesor, Ignacio González, no estaba muy por la labor de continuar “esa bonita amistad”.

Es difícil determinar, y posiblemente tardaremos en saberlo, cuál ha sido la chispa que ha acabado consumando el cese de Pedro Jota, aunque podríamos especular con que el caso Bárcenas/Gürtel y la denuncia del ático de Ignacio González, directos al casco del barco pepero, hayan tenido mucho que ver en este golpe de gracia. Lo que me parece terrorífico es la efectividad con la que se ha producido. Que el director de un medio, el que sea, incluso si es tan fatuo y con tanta maldad intrínseca como éste, pueda ser apartado de su cargo por la presión de un gobierno, indica que no sólo el periodismo en España está bien jodido, es que nadie está a salvo de que te puedan silenciar a poco que les resultes demasiado incómodo. Y Pedro Jota lo era; porque mientras estás del lado del gobierno puedes dar algunos palitos que no va a pasar nada y te van a seguir lloviendo las alabanzas y los dineros, pero si les tocas los cojones y tu diario es el segundo de mayor difusión en España… más te vale que el que te paga el sueldo no sea amigo del presidente. El hecho de que su sustituto sea una persona bastante más dócil con el poder y que, además, tiene bastante experiencia en mantener cortinas de humo (lleva con la conspiración del 11-M ya casi diez años y no se agota el tío), puede acabar resultando la puntilla definitiva para un medio con las cuentas tiritando y del que yo esperaría una desbandada considerable de lectores hacia otras orillas.

¿Cuál será el futuro de Pedro Jota? Por Perogrullo: sólo lo sabe él. Peleón lo sigue siendo un rato y, aunque ya tiene una edad, puede que le quede correa (perdonen el chiste) para otro proyecto. Hace unos meses saltó a la luz que había registrado una cabecera para medios digitales, así que imagino que por ahí es por donde lo intentará. Pero se va a encontrar con otro problema: ya no tiene el apoyo del poder por ninguna parte; sus principales valedores de otros tiempos, Zapatero y Aguirre, están fuera de órbita y habrá que ver si consigue un patrocinador económico para montar de cero una nueva empresa mediática que, de seguro, no tendría la penetración que El Mundo consiguió desde su aparición en 1989. Además, lo que fuese a elaborar debería comenzarlo cuanto antes, ya que el público es olvidadizo y voluble. Me viene a la memoria José María García, antaño un comunicador influyente y extremadamente temido, que por motivos de salud estuvo apartado varios años de las ondas, de su hábitat, y para cuando volvió, a pesar de largar por esa boca auténticas bombas incendiarias, acabó encontrándose con más risas que miedos y ha terminado sumergido en la irrelevancia. Tengo la sospecha de que a Pedro Jota Ramírez éste es el camino que le espera. Se irá forrado, querrá volver… y será ignorado.

Nunca fue ni será santo de mi devoción. Pero, definitivamente, hoy es un muy mal día para el periodismo en España. No por quién se ha ido, sino por la razón por la que se ha ido.

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