título
Todología con bigote
Monodisciplinantes

El Parlament catalán ha aprobado solicitar al gobierno central poderes para poder celebrar la famosa consulta autodeterminativa en la que preguntarán a la gente si quieren que Catalunya sea un estado; en caso de que sí, si quieren que sea independiente1; y en caso de que también supongo que Artur Mas se irá a ver a un psiquiatra del Maresme para que le trate esa esquizofrenia política que le azota desde que fue nombrado “hereu” de Pujol. Pero divago, disculpen; quería comentar que ha habido tres votos del PSC a favor de dicha petición, a pesar de que la postura oficial de los socialistas catalanes ha sido la de estar en contra. Otro parlamentario socialista, el alcalde de Lleida Àngel Ros, ha decidido dejar su escaño antes de producirse la sesión de hoy por estar en desacuerdo con la postura de su grupo. Pasada la votación, el líder del PSC, Pere Navarro, ha exigido a los diputados discrepantes que abandonen también sus escaños para cederlos a los siguientes en la lista. Naturalmente, esto ha hecho germinar una enésima pelea en el seno de la formación.

Pere Navarro es un político muy representativo… del desastre en el que se ha convertido el PSC. De conseguir los peores resultados de este partido en su historia y, a pesar de ello, ser reelegido secretario general2 ha pasado a convertirlo en paradigma de la indefinición política. El no haber tenido desde el principio una idea clara respecto a la cuestión de autodeterminación ha acabado en este pandemónium cuyo efecto secundario (o principal) será dejar todavía más perplejos a aquellos que les votan y pretenden votarles en los próximos comicios. O mucho me equivoco, o Navarro será capaz de romper todavía más su suelo electoral. Y una de las puntillas que él mismo clava en su ataúd político será esa actitud intransigente para aquellos parlamentarios electos (que parece que se le olvida) que han decidido votar en conciencia con sus ideas ante una posición que consideran inaceptable.

Navarro ha caído en el mismo error que sus adversarios: el uso de la disciplina de partido como elemento de amenaza dentro de sus propias filas. La idea tras esto es que si perteneces a un partido, te has presentado con sus siglas y obtienes un escaño gracias a recoger sus votos, a la hora de votar desde ese escaño debes hacerlo por la opción que te imponga tu jefe de filas. Esto, inconstitucional desde un principio, está sin embargo recogido en los estatutos de las distintas formaciones políticas, contemplando multas e incluso la expulsión de quien no acate dicho mandato imperativo3. Lo vemos en repetidas ocasiones, especialmente cuando se trata de votar leyes de gran trascendencia o posturas consensuadas entre partidos mayoritarios. Y todas las veces, sin excepción, acabamos cubiertos de vergüenza ajena al comprobar cómo se violentan los principios democráticos más elementales. El otro día Alfonso Alonso (portavoz del Grupo Popular en el Congreso) pretendía justificar esto en que cuando una persona acepta ir en la lista de un partido político sabe a lo que va y las consecuencias que tiene. Esto, básicamente, implica que pertenecer a un partido anula tu voluntad como individuo y la capacidad de discrepar de aquello con lo que no estás de acuerdo. Una vez más, partidos que se autodenominan constitucionalistas demuestran que su disposición a mearse en la Ley Fundamental cuando conviene (es decir, casi siempre).

Un diputado electo es una persona elegida por el pueblo para desempeñar una función determinada. En tal carácter, lo lógico sería pensar que va a votar la gran mayoría de las cosas de acuerdo con el grupo político que le respalda y la ideología asociada a éste y que, en algunos asuntos concretos, votará según un criterio contrario al defendido por el partido. Esto, clarísimo si esa elección es directa, no lo debería cambiar el hecho de que vaya en una lista cerrada, por el simple hecho de que la Constitución protege esa independencia sin resquicio para la duda. Por supuesto, muchas de sus señorías votan en contra de sus supuestos principios porque, a largo plazo, las indisciplinas se pagan con la no inclusión en las listas para las siguiente elecciones (y, como suele decirse, fuera hace una jartá de frío). Pero es que hasta eso es legítimo (aunque dé asco), en el sentido de que es “sólo” un problema derivado del sistema electoral que tenemos. Teniendo en cuenta este factor, por un lado, y asumiendo el hecho de que los diputados de un partido estarán de acuerdo en la gran mayoría de las cosas que ese partido proponga, pretender combatir la discrepancia en una minoría de temas —trascendentes o no— mediante la bomba de racimo disciplinaria sólo puede tener un efecto: dejar al aire las vergüenzas del propio partido y de quien lo encabeza. La calidad democrática de cada uno se mide inmediatamente en actos como un botón que se pulsa y unos deditos levantados para indicar —imponer— el sentido del voto.

Me gustaría saber si Pere Navarro ha llegado a pedir a los diputados del PP que voten en conciencia (es decir, contra la decisión del partido) cuando toque decidir sobre la ley del aborto en el Congreso. O si ha llegado a pedir a los de ERC un voto independiente para rechazar leyes emitidas por sus socios convergentes. Sospecho que al líder del PSC le quedan muy pocas vidas extra en este juego tan tonto en que se ha empeñado.


1 Aunque parezca una chorrada, no lo es: si a la segunda pregunta se responde que no, se deja abierta la puerta a un estado federado con el resto de España y que, por lo tanto, no dejaría de ser España aunque sus características fuesen bien distintas. Pero esto es un tema a analizar otro día.

2 Y a lo mejor deberíamos preguntarnos qué hace a los militantes de un partido votar a unos delegados que luego elegirán para llevar las riendas al mismo tipo que les conduce inexorablemente al abismo, pero en fin.

3 Alguna vez conté por aquí que me rechazaron un par de artículos de unos estatutos para un grupo de teatro por contener frases ambiguas y que podrían ir en contra de la Constitución. Ahora relean la frase que llama a esta nota y lloren en silencio.

comments powered by Disqus

 ||—|| 

Los textos originales de este cuaderno se encuentran bajo la Licencia ColorIuris especificada aquí. El resto son propiedad de sus respectivos autores. El diseño de la página es obra de Jorge Portillo. Valida xhtml y css. Formatos disponibles para agregadores de noticias: atom y rss ( Suscribir). Alojamiento provisto por Libro de notas. Gestionado con Textpattern. La caricatura de Groucho Marx es creación de Al Hirschfeld, publicada por George J. Goodstadt. Si quiere saber quién visita este cuaderno y desde dónde, pinche aquí.