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Todología con bigote
Buscando dioses

Últimamente aparece demasiado en mis conversaciones con amigos y conocidos el concepto de la berdadera hizquierda (sic). Este concepto, algo abstruso1 de definir, se refiere ampliamente a lo que normalmente se conoce como “guardianes de las esencias”, es decir, aquellos que tienen su ideología, o para ser exactos las reglas generales de ésta, esculpida en el cerebro como dogma y cuya pretensión es adaptar el mundo que le rodea a su visión de éste, a toda costa y bajo toda circunstancia. En consecuencia, cuando algo o alguien se sale de los apuntes de esa libreta mental, siquiera mínimamente, acaba siendo rechazado cual leproso en tiempos bíblicos. Da la sensación, además, de que dedican gran parte del día a ir “a la caza del renuncio”, esperando el mínimo desliz o una nimia muestra de debilidad respecto de la verdad revelada para colocar a quien sea el sellito de “no apto”.

Por supuesto, tal actitud no es exclusiva de la “berdadera hizquierda”, pero lo hacemos notar cuando hablamos de ello porque en España —empíricamente hablando, y seguro que habrá quien esté en desacuerdo con esto— es precisamente dentro del espectro de izquierdas donde la discrepancia y la diversidad de opiniones es, por suerte, mucho mayor y notable que en la derecha, habitualmente monolítica y poco dada a combatirse entre ella, al menos en las líneas gruesas. Lo vemos a diario en las redes donde nos movemos, lo notamos antes, durante y sobre todo después de unas elecciones, y observamos que concertar una política dentro del espacio de centro-izquierda presenta siempre mayores dificultades (y, habitualmente, bastantes zancadillas), tanto buscando acuerdos como poniéndolos en práctica. Con todas esas piedras en el camino, yo lo prefiero, sin duda alguna. Porque buscar soluciones concretas a cada problema no es fácil y, al final, de lo que se trata es de encontrar puntos de aproximación entre las diferentes corrientes.

Por eso me chirría tanto la berdadera hizquierda, porque se saben muy al dedillo la tabla del NO, pero se conocen muy mal la del puede ser o la del ya veremos. Incluso la del igual no tengo razón. Buscan la consecución de su verdad a través del “conmigo o contra mí”, su visión es su fin y los medios son lo de menos. Son dogmáticos. En eso no se diferencian demasiado de cualquier religión. Y, como en cualquier religión, no hay nada que aleje más a los creyentes que los administradores de sus creencias.

Pienso mucho en ello cuando observo la constante —y decepcionante— búsqueda de referentes en la red en todo lo que va desde el espacio socialdemócrata hacia la izquierda más radical. Que no parece que los haya, que llevamos años sin encontrarlos, primero porque su posible luz quedó eclipsada durante años por otros líderes mucho mejor disfrazados o con más habilidad para venderse. Y segundo, porque a lo que vino detrás nunca se le han dado las suficientes oportunidades, quizá a consecuencia de lo primero. Y pasa algo muy celtibérico: cada vez que alguien dentro de este espacio destaca de alguna manera (podría nombrar una larga lista, pero seguro que ustedes tienen ya algunos nombres en la cabeza), ya sea en lo político, en lo mediático, en lo social o en lo cultural, siempre hay un soldado de la berdadera hizquierda con la alabarda en ristre, dispuesto para asaetear sin piedad —ni criterio— a cualquiera que se le salga de la fila. Lo curioso es que el asaetamiento suele encontrar repercusión rápida y, o bien el individuo destacado acaba en el limbo de las ideas felices, o bien se larga de vuelta, hastiado y desencantado de la propia sociedad a la que quiere echar una mano. Este proceso también lo hemos visto mucho, particularmente desde hace tres o cuatro años. Y se repite en ciclos cada vez más cortos. Así, la izquierda verdadera, que no tiene nada que ver con la berdadera hizquierda, se ve cada vez más desolada y desconfiada, sin ganas de fijarse en nadie, perdida en el marasmo de siglas y pistas falsas.

Quizá sea, no lo sé, porque en el fondo también la izquierda, lo mismo que la derecha, necesita referencias y referentes de solidez. Algo y alguien en lo que modelarse. Y como somos más exigentes, nada nos parece suficientemente bueno, porque a nada le damos tiempo ni medios para que lo sea. Intentamos desde hace años, infructuosamente, encontrar líderes, pero me da la sensación de que nos hemos pasado todo este tiempo buscando dioses.


1 abstruso, sa.
(Del lat. abstrūsus ‘oculto’)
1. adj. Recóndito, de difícil comprensión o inteligencia.

Que se note que semos leídos.

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