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Todología con bigote
Ese gato en el lomo.

Un gran descubrimiento: LadyFilstrup

Los que hemos alcanzado cierta edad (más de veinticinco, diría yo), tenemos muy presente en nuestros recuerdos una editorial como fue Bruguera. En esa casa se publicaron innumerables colecciones y ediciones baratas de libros, en su gran mayoría destinados a un público infantil y juvenil. Gracias a Bruguera muchos nos iniciamos en los libros de aventuras y hazañas, descubrimos a Julio Verne y a Stevenson, a Louise May Alcott y a Dumas. Parte de nuestra desgastada biblioteca se componía (y aún se compone) de aquellas “Historias Selección”, en formato bolsillo, donde se intercalaba cada cuatro páginas una con dibujos, en la que se nos narraba el mismo relato en forma de cómic, haciéndolo accesible a todas las edades.

Pero Bruguera fue, ante todo, la editorial por antonomasia de tebeos en España. La mayoría de personajes del cómic nacional, por no decir casi todos, fueron creados o editados bajo la marca del gato negro. Muchos han perdurado en el imaginario popular hasta nuestros días, superando cualquier cambio generacional y haciéndose en cada década tan conocidos y queridos como en la anterior. Emblemáticos fueron, desde luego, Mortadelo y Filemón, así como Zipi y Zape, posiblemente las dos parejas de hecho que han dejado huella más honda y que se identificaban de manera cuasi simbiótica con la casa editorial. Bruguera también publicó durante muchos años varias revistas semanales o quincenales en las que sus personajes estrella se abonaban al “continuará” para enganchar a los lectores, intercalando viñetas de autores clásicos como Cifré o Segura con los consolidados e intemporales
Ibáñez, Escobar o Raf. Incluso publicaba por entregas, dentro de estas revistas, lo que ahora se da en llamar “novelas gráficas”. ¡Hasta auténticos fotofolletines se podían encontrar en ocasiones!

No fue Bruguera, en cualquier caso, una editorial ejemplar, si hablamos en términos objetivos: según cuentan trataba a sus autores poco menos que como a ganado, cortándoles las alas en cuanto a imaginación. Jan, el creador de Superlópez, cuenta en uno de sus libros cómo se les ponía a dibujar cómics con historias insulsas y adocenadas y donde primaba más la cantidad y la rapidez que la calidad. No era raro ver el mismo argumento en una historia de Mortadelo (F. Ibáñez), primero, en otra de Las Hermanas Gilda (by Vázquez), después, y luego en otra de Sir Tim O’ Theo (Raf). Eran, desde luego, años muy duros, pero también es cierto que Bruguera acogió a muchos dibujantes que se quedaban sin empleo cuando sus respectivas publicaciones cerraban irremisiblemente.

Bruguera marcó una época en el mundo de los cómics, a pesar de todo lo que los llegó a maltratar (y los coleccionistas de los tebeos de Marvel saben a lo que me refiero). Pero para aquellos niños y jóvenes a los que eso nos importaba un bledo, Bruguera fue la editorial con la que aprendimos a leer y a reír, o mejor dicho, a reírnos de todo. La recordamos con cariño y cierta nostalgia (aquellas Bibliotecas Verdes, Rojas, Amarillas, en colecciones dirigidas, algunas, por Lolo Rico), y nos entristecimos cuando cerró sus puertas y creímos que no volveríamos a ver publicados aquellos enormes “Super Humor”, que hacían nuestras delicias con las historietas larguísimas de Mortadelo y Filemón en las que siempre tenían que buscar diez artilugios de alguna especie y que se extendían durante 44 páginas. Luego las recuperó Ediciones B, del grupo Zeta. Recuperaron incluso el logotipo del gato con la cola enroscada. Pero ya no era igual, había otras historias, otra forma de contar las cosas… al final lo que triunfó fueron los clásicos de siempre. Muchos de sus creadores pasaron a mejor vida, como Escobar, Vázquez o incluso el incombustible guionista Matías Guiu, blanco de las burlas de Ibáñez, y ya era imposible que algo fuese igual.

Y todo este ladrillard como excusa para recomendarles una bitácora que he descubierto hace poco y que estoy leyendo con auténtico afán. LadyFilstrup es un blog creado por Los Burgomaestres como homenaje a la Editorial Bruguera, y en el que nos guían por un recorrido entre los pequeños, grandes espíritus de aquellos que hicieron de la industria del tebeo en España algo más que grande: un auténtico icono de la sociedad nacional, retratado en los rasgos exagerados e hilarantes de caricaturas que podría decirse que tenían vida propia. Y es que, en el fondo, sí que la tienen, de ahí su atemporalidad.

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