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Todología con bigote
Memecracia: Los virales que nos gobiernan

Delia Rodríguez
Editorial Gestión 2000

Aunque ella dice que es una década, en realidad fue hace casi tres lustros que Delia Rodríguez empezó a publicar activamente cosas en la Red y, casi sin darse cuenta, a analizar lo que pasaba más allá de su propio teclado. Gracias a su profesión de periodista y a haber pasado por multitud de medios de variada temática (ayudando incluso a fundar algunos de ellos), ese afán de análisis y la inquietud por comprender qué es lo que mueve las corrientes de eso que llamamos internet le hicieron investigar a fondo el concepto de “meme”, algo mucho más amplio de lo que comúnmente se conoce. El resultado es este libro, “Memecracia: Los virales que nos gobiernan”, que acaba de salir a la venta y que quien esto escribe no ha podido soltar hasta terminárselo.

Estructurado en dos partes más o menos iguales en extensión, en la primera de ellas la autora disecciona qué es un meme de por sí: cuál es su origen fuera de la red, cómo se aplica a fenómenos similares previos incluso a la definición del concepto, cuántas acepciones contiene actualmente y dónde se generan, así como el por qué todas esas acepciones no son más que variantes de un mismo “supratérmino” que los engloba. No es una afirmación gratuita ni el monólogo de un gurú, puesto que se apoya en fuentes antropológicas, sociológicas, químicas y neurológicas para encontrar un patrón bajo el cuál se obtienen razones más que plausibles por las que un meme se origina y, mucho más importante, por las que acaba extendiéndose. Plagado de ejemplos de sobra conocidos (y otros no tanto, o al menos no asociados a priori al concepto memético), permite ubicarnos en el punto donde Delia quiere arrancar su tesis: las razones por las que un meme se vuelve viral y la explosión del meme con la llegada de internet.

La segunda parte del libro, que parte de ahí, tiene mucha más chicha, ya que se centra en el poder de los memes como generadores de corrientes (de opinión política, de moda, de un estado de ánimo, de —digámoslo— linchamientos mediáticos), por un lado, y en cómo se puede utilizar el meme como herramienta en beneficio de un negocio, por el otro. Y aquí la autora, que actualmente trabaja en El Huffington Post español y previamente en otros medios digitales donde el reconocimiento y uso de las tendencias es clave para su éxito, habla fundamentalmente de lo que conoce, es decir, qué función cumplen los memes a la hora de construir de forma atractiva, día a día, el medio de comunicación. O, entrando ya en una zona oscura, cómo puede manipularse un meme en provecho propio para orientar al lector/espectador/comprador hacia donde el medio quiere o, llevando esto al extremo, incluso ser creadores de una tendencia. Y no se queda en lo teórico, puesto que ofrece numerosos ejemplos de esto con casos concretos… y también algún contraejemplo con lo que no se debe hacer, ni siquiera con un meme. Esta segunda parte es necesariamente más ácida (¿agria?), ya que junto a la descripción de este poder se encuentra una advertencia, nada gratuita, sobre los peligros de dejarnos arrastrar por el meme, de convertirnos en sujetos, pasivos y agentes, de una memecracia. Alcanzar esta conclusión (no les cuento cómo; tendrán que leérselo) es precisamente el objetivo del libro.

El último capítulo es el que menos me gusta (o más bien no me gusta nada) y en todo caso tendría que haberse separado de la segunda parte y quedarse en un epílogo. Partiendo de una experiencia personal, que bien podría haber sido el objeto de un meme, Delia nos ofrece algunas claves para poder oponernos a esa memecracia y salvar con cierto éxito el incontenible caudal de información diario sobre el que ésta se fundamenta. Creo que sobra; el libro está escrito con claridad suficiente como para que el lector pueda sacar esas conclusiones por sí mismo y, de hecho, muchas de ellas ya aparecen implícitas en los capítulos precedentes. Este capítulo cae en una complacencia más propia de los libros de autoayuda y, aunque por su posición no lastra el conjunto, sí deja una sensación de cojera al acabar.

A pesar de este exceso, el ensayo está escrito con una tremenda lucidez y un conocimiento indudable del tema, que no era fácil de construir teniendo en cuenta lo habitualmente farragosa que es la literatura sobre un fenómeno cuya eclosión es relativamente reciente. Un detalle que es casi obligatorio agradecer: la escritura está muy cuidada y bien estructurada y el texto se ve revisado y corregido con mimo. Pero por encima del mérito formal, la mayor virtud del libro es su contacto con la realidad: podemos reconocernos en buena parte de ese recorrido a través de la memética, fundamentalmente como víctimas de ésta pero en algunas ocasiones como colaboradores necesarios. El mayor defecto es que quizá falta algo de orden en las referencias bibliográficas (muy numerosas) y que la edición en papel va a verse lastrada porque casi dos tercios de las notas aclaratorias remiten, lógicamente, a artículos y vídeos en la web. Éste es un libro que nace de lo digital y está dirigido hacia lo digital, y éste es el formato en que debería ser leído para su completo disfrute.

Y además tiene un poderoso efecto secundario: te vuelve suspicaz.

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