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Todología con bigote
Mensajitos

Algunas cosas que me pasan hoy por la cabeza tras el post de ayer y los SMS de hoy:

El Mundo publica hoy los SMS que Rajoy y Bárcenas (y su señora de él) se intercambiaron hasta hace apenas cuatro meses, contradiciendo unas declaraciones de Mariano en las que afirmaba que hacía mucho más tiempo que no hablaba con el ex-tesorero. En esa estrategia de gota malaya, Pedro Jota sigue dosificando la información de la que dispone, mientras que por el otro lado sigue defendiendo las bondades de su oficio y “cumplir con su obligación”, aunque sin especificar si su obligación es colaborar con la justicia, combatir la corrupción o destruir a Supermán. Como charlatán de mercadillo no tiene precio, desde luego, pero lo que está haciendo está ciertamente lejos de ser periodismo.

Rubalcaba ha dado una rueda de prensa urgentísima esta mañana tras conocerse dichos mensajitos. Con un texto sin preparar, una actitud cada vez más blandita y un insistente tartamudeo, el líder del PSOE (llamarle líder de la oposición sería un chiste de viejas) anuncia que rompe relaciones con el PP, avisa de que se reunirá con el resto de fuerzas políticas (sin especificar para qué) y exige la dimisión de Rajoy… pero no la convocatoria de elecciones, sino su sustitución por otra persona del Partido Popular. Cómo de crudas deberá de ver sus perspectivas electorales que ni él mismo quiere enfrentarse a ellas. En cualquier caso, para esto podría haber mandado a cualquier otra persona o limitarse a mandar una nota de prensa. En las sedes del PSOE están pensando en hacer que las puertas se abran para afuera ante la previsión de sangría de afiliados.

¿Tiene sentido una moción de censura? Hasta cierto punto sí. La moción de censura tiene varios propósitos: el primero, sin duda, es censurar la labor del gobierno; algo que en nuestro sistema político no sucede con demasiada frecuencia precisamente por la rigidez de éste. El segundo es reemplazar al gobierno en cuestión por otro de signo político distinto; por eso la Constitución obliga a que quienes la presentan ofrezcan también un candidato y un programa. En este caso es una pura formalidad, pues la mayoría absoluta del PP tumbaría cualquier moción planteada, por lo que presentarla tendría como único fin obligar a Rajoy a que responda públicamente y en el Parlamento a lo que hasta ahora se niega a responder. Sólo por eso yo estaría a favor de que se hiciera. Hay dos problemas, sin embargo: primero, que se necesitan 35 diputados para registrarla (el diez por ciento del total) y sólo el PSOE podría hacerlo. Segundo, que para que pueda tener toda la fuerza posible —y aún así, sería relativa— se requeriría el concurso del resto de partidos de la oposición, cosa que a priori veo poco probable: por un lado, porque me atrevería a apostar que los diputados de UPyD, alias “loquedigadoñarosa” votarían en contra1; por otro, porque implicaría contar con Amaiur, y ya saben ustedes que eso sería darle al PP el arma de “tajuntasconlaETA”, tan efectiva ante sus seguidores. El tercer problema es mucho más grave: Rubalcaba como candidato. Rubalcaba defendiendo moción, programa y candidatura en la tribuna. Ni a Fernando VII se le pondrían tan buenas como a Rajoy dándole la réplica, incluso sin tener papeles delante.

Si se confirman los papeles de Bárcenas, es decir, si de ahí es posible colegir una financiación ilegal del PP, el cobro de sobresueldos y —lo más grave— la recepción de esas mordidas a cambio de favores a grupos de presión (léase sobre todo constructoras y promotoras), ¿podríamos definir al PP como organización criminal? En teoría no sería descabellado, y de hecho Juan E. Tur plantea esta posibilidad, aunque desde una perspectiva tan escéptica como la mía; al fin y al cabo, la Ley de Partidos fue creada ad hoc para ilegalizar a un partido concreto y la iniciativa para hacerlo ha de partir de las propias cámaras. Es poco probable que se quieran disparar en el pie por diversión.

¿Hay salida? Sinceramente no la veo; al menos, democrática. Me explico: la única forma en la que se podría empezar a salir de esta crisis institucional (porque de la otra, me temo, no íbamos a salir tumbando a Mariano) sería, o bien porque el propio abajofirmante dimitiera, o bien porque dentro de la ejecutiva de su partido surgiera una rebelión de peso lo suficientemente grande como para forzar un congreso extraordinario y sacarlo de la presidencia de la formación y, suponemos que por extensión, de la del Gobierno. Algo parecido a lo que los Tories británicos hicieron con la Thatcher a finales de los ochenta, en este caso con una transición que pasaría por una nueva investidura en el Congreso. Veo ambas posibilidades remotas, en general. Rajoy ha “sobrevivido” ya a dos intentos de asonada en su partido y su estrategia de esperar y aguantar estoicamente hasta ver pasar el cadáver del enemigo ha funcionado razonablemente bien desde el año 2004, así que no habría motivo para arreglar lo que ya le sirve. Y en cuanto a la rebelión interna… primero haría falta un líder, que no parece que vaya a ser Soraya Sáenz o Maricospedal, y por lo que me cuentan a Aguirre hay suficientes peperos con mando que no la tragan como para que se lo plantee siquiera. Y, además, tiene pinta de que apenas hay nombres dentro de esa ejecutiva que no aparezcan en los papeles de Bárcenas, así que va a ser complicado que alguno se exponga a ser el nuevo blanco del extesorero. Mientras tanto, quedan dos años para las próximas elecciones generales (algo menos para las municipales) y, salvo que al final el caso Bárcenas derive en caso PP y empiecen las imputaciones de diputados, senadores y/o ministros, hay una probabilidad no desdeñable de que todo se acabe diluyendo hasta entonces y Rajoy, una vez más, salga políticamente vivo de ésta. Incluso sin volverse a presentar en 2015.

Todo PPSOE. Bueno… ahora mismo son los partidos con mayor base parlamentaria. Efectivamente hay encuestas (muchas, casi todas) que indican que partidos minoritarios como IU o UPyD van a llevarse parte de su electorado, pero ni siquiera esas encuestas prevén un salto de hegemonía, más bien un trasvase gradual donde muchos votos se quedan por el camino de la abstención. Con su permiso, hasta que no vea unos resultados electorales serios (y habrá un primer test en las próximas elecciones europeas, en 2014), prefiero no especular sobre el papel de aquéllos. Sí espero, deseo, que sean necesarios pactos en el futuro, y que esos pactos sean programáticos y no sólo de aritmética parlamentaria. Igualmente les digo que para estas cosas también soy bastante escéptico.

Claro que lo más probable es que Rajoy lleve meses muerto y no lo sepamos aún.

1 Corrijo: Tras publicar este post leo en El País que Rosa Díez había solicitado ayer por carta al resto de la oposición que la apoyaran en la presentación de una moción de censura. También del mismo artículo leo que el reglamento no obliga a comparecer al presidente en ejercicio.

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