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Todología con bigote
El rodillo y los grilletes

Durante los años ochenta, una de las quejas más habituales de la oposición política se refería, con razón, a la aplicación por parte del gobierno del PSOE del llamado “rodillo”; esto es, el uso de la mayoría absoluta en las Cámaras para vetar cualquier tipo de iniciativa o comparecencia presentada por el resto de partidos. Felipe González usó también ese rodillo para comparecer en el Congreso de los Diputados lo menos posible y sus apariciones en el hemiciclo se hicieron cada vez más escasas sin que sus adversarios pudiesen hacer nada por obligarle a subir a la tribuna. En el año 93, el PSOE pierde la mayoría absoluta y gracias a ello es posible, por primera vez desde los tiempos de UCD, manejar la aritmética parlamentaria para que el gobierno tuviese por fuerza que explicar ante los diputados cosas como los escándalos de corrupción que en aquel entonces empezaban a aguijonear al partido. Uno de los instrumentos que se crearon fue la sesión de control al gobierno, una comparecencia semanal obligada con preguntas previamente registradas a las que el gabinete no podía negarse a contestar. Esto tuvo, además, un efecto secundario muy positivo: al menos de cara a la galería, el presidente o sus ministros dejaban atrás la costumbre de dar la espantá cuando pintaban bastos mediáticos o judiciales para el ejecutivo.

Estamos en 2013, han pasado veinte años de aquello y lo que debería ser una práctica consolidada acaba de ser hecha pedacitos por uno de los impulsores, precisamente, de aquellas sesiones. El Partido Popular, sobre el que caen ahora mismo indicios muy graves de financiación ilegal, cobro de sobresueldos vadeando (no me atrevo a decir violando) la ley de incompatibilidades y, en general, cobros dudosos de ingresos que además podrían estar relacionados con sus actos en los distintos gobiernos dentro de España, rechaza sistemáticamente explicarse ante el Congreso, ante los ciudadanos y sus representantes, acerca de dichas acusaciones. En uno de los plenos más surrealistas que recuerdo, el portavoz de su grupo parlamentario, Alfonso Alonso, ha caído en una espiral de crispación tal que desde la tribuna de oradores ha llegado a acusar a todos los grupos de la oposición (lo repito para que quede claro: a todos) de estar manejados por su ex-tesorero (principal imputado en el caso, titular de más cuentas que un rosario y fuente de la que manan todas las acusaciones) Luis Bárcenas. En medio de ese delirio, que solamente puede ser explicado porque su cerebro dejara de recibir aire durante once segundos, llegó a soltar esta barbaridad :

¡Por supuesto que están apadrinando ustedes a un delincuente! ¡Están siendo manejados por él, actúan como autómatas, hacen lo que espera que ustedes hicieran!

Sí, lo han oído bien. Aparte de esta lindeza se enrocó llegó a soltar que sus adversarios eran los abogados defensores de Bárcenas. Curiosa invectiva, teniendo en cuenta que el ex-tesorero estuvo a sueldo del PP hasta hace pocos meses y que el propio Mariano Rajoy puso la mano en el fuego por el en más de una ocasión. Pero en fin, ya les digo que la falta de oxígeno es lo que conlleva.

El pleno ha sido surrealista también por otros motivos: primero, porque la petición (en bloque, repito) de la oposición para que Mariano Rajoy compareciese, tras ser rechazada por la Mesa del Congreso (con mayoría popular) ha provocado que el resto de grupos decidiera llevar la pregunta igualmente al pleno extraordinario. Ante la tentativa del PP de mandar la pregunta al final del pleno, con idea de que se formulara lo más tarde posible y evitar así una repercusión televisiva o incluso su salida en la prensa del día siguiente, la oposición eliminó o redujo al mínimo el tiempo de sus intervenciones para que el gobierno no pudiera escaquearse de contestarla. Fue en esa situación cuando se Alonso se desarregló intelectualmente y puede que también intestinalmente (esto último no me consta, pero encajaría). Y fíjense si fue surrealista que hasta a Rubalcaba le salió una réplica buena:

“No han entendido nada. Bárcenas es un delincuente, pero es su delincuente. Los de los ERE es un tema repugnante, pero el presidente allí ha comparecido”.

Terminado el turno de intervenciones, los ciento ochenta y cinco diputados con carnet de la gaviota, en un ejercicio indudable de libertad y autonomía de criterio, impidieron la comparecencia del presidente del gobierno para explicar por qué su nombre aparece como beneficiario de sobresueldos en los ya famosos “papeles de Bárcenas”. Y, de momento, ahí ha quedado la cosa. Este presidente, cobarde ya múltiples veces escudado en sus esbirros, mierda en pensamiento, palabra, obra y, sobre todo, omisión, blanco ya de las burlas (y del asombro) de la prensa extranjera, que no duda en ilustrar con una foto suya un artículo explicando qué es un “chorizo”(sic), no aparecerá por el Congreso de los Diputados hasta septiembre. El rodillo ha funcionado y quedan pocos instrumentos para obligarle a comparecer, ya que su concepto de la democracia queda bien claro: es para los otros.

Unos días antes, en los cursos de verano de El Escorial, el PP, esta vez con el cuñao Floriano de ariete, hizo todo lo posible e incluso lo improbable para evitar preguntas de los periodistas sobre el escándalo en su comparecencia pública. Primero vetaron las preguntas y luego vetaron a los periodistas. Pero se les escapó una becaria alemana que, libre de las cadenas que los propios medios españoles ponen a sus trabajadores a la hora de cubrir actos políticos1, lanza a Floriano las indeseadas cuestiones, obligándolo a salirse de su argumentario. La respuesta del cuñao fue bastante básica, pero lo sorprendente —o no— fueron las reacciones de los numerosos miembros de Nuevas Generaciones2 que, si tuvieran cerebro, ya hace tiempo que habrían puesto ellos mismos en cuestión a sus líderes y a los manejos económicos de la cúpula de su partido. En vez de eso, aplaudieron a rabiar a su mayor, abuchearon a la periodista alemana y le echaron en cara —cómo no— que no preguntase por otras cosas como los EREs. Que lo mismo es cosa mía, pero en una concentración de peperos preguntar a su jefe por los escándalos de otro partido puede que esté algo desubicado. Debe de ser porque no tengo carné.

Ambos actos, sin duda relacionados y de sucesión nada casual, son el mejor ejemplo del intento que está haciendo el Partido Popular por diseñarse una democracia a su medida. El otro día en tuiter mencioné, tras el pleno, que el PP había efectivamente secuestrado la democracia española. Igual me pasé un poco, porque a sacar los tanques no llegaron, pero esos intentos tan ridículos de impedir incluso tratar el tema, así como la ausencia total —visible, al menos— de discrepancias dentro de la ejecutiva y el grupo parlamentario populares, indican bastante bien sus intenciones. Los 185 aplicaron el otro día, de nuevo, el rodillo, mientras que su partido iba poniendo los grilletes. Y, por lo que se ve, con el aplauso entusiasmado de su militancia.

1 Y de esto ya hemos hablado aquí un par de veces, ejem.

2 Otro día igual les cuento por qué el concepto “juventudes de partido” me pone mucho de los nervios.

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