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Todología con bigote
Tus quince minutos de gloria.

Twitter es posiblemente mi herramienta (¿sirve para algo?) favorita de internet. En apenas unos minutos puedes conocer cosas de gente cercana y lejana que te las cuenta alegre y despreocupadamente, como parte de una colección de retales tan diversa como efímera. Esa rapidez propia de las charlas de cafetería en la que uno suelta un tema y, de repente, todo el mundo aporta su propia historia que toca dicho tema directa o lateralmente. Al final el bullicio se vuelve risas y, tan pronto como se marcha el vapor, igualmente desaparece el tema.

Todo empezó con un tuit…


Porque, no sé si se acuerdan, hubo un tiempo en el que internet no era más que una ficción en las películas que ni siquiera llevaba tal nombre, y conseguir quince minutos de gloria era una excepción y no la norma. Cuando alguien de nuestro círculo, o nosotros mismos, aparecíamos aunque fuera fugazmente en algún medio de comunicación, por reducido que fuera su ámbito, acabábamos siendo durante un ratito carne de famoseo de barrio. Una foto en mitad del ABC, una aparición en forma de mini-entrevista en la radio local, un asiento de público en el plató de televisión, que tuviera la suerte de encontrarse en el angular de la cámara… cualquier cosa, o casi, valía para salir momentáneamente del anonimato. En mi caso fueron varias, que lo mismo un día las cuento, pero la de arriba, la del tuit, no pasaba de anecdotazo en forma de encuesta en la que luego te citan mal, como a Oscar Wilde.

Hoy es distinto, y tanto twitter como facebook ya te permiten, por sí solos, convertir tus palabras en un meme o viral que se extenderá como mancha de aceite más o menos grande y, durante algún tiempo (normalmente no más de unas horas), tendremos a un microuniverso con sus ojos puestos sobre nuestra chepa.

Les decía que todo empezó con un tuit, y sin quererlo empezó a entrar gente entusiasmada contando en sus 140 caracteres cómo y dónde habían sido esos quince minutos de gloria en la época del catodismo de 21 pulgadas. Y lo más divertido de todo es que en esta pequeña colección de #confesiones, nombre informal, la gente ha empezado a sacar esa extraña mezcla de orgullo y vergüenza que siempre acompaña el paseo por ese Hollywood de bolsillo. Porque es posible que esos quince minutos no fueran de gloria, que al cabo es efímera, sino de infierno, que perdura para siempre, pero EH, que esos quince minutos son MÍOS, y aquí te los presento, aquí te digo “esto lo hice YO”. Y claro, salen cosas extraordinarias.

Empezando por Don Ricardo, que se nos revela muy próximo a la monarquía (esperamos la prueba documental)…


…luego están los compulsivos…




…los ilustres…


…los que tienen un oscuro y terrible pasado…




…los que cruzan fronteras…



…los que tuvieron una infancia difícil…



…y los… bueno, los inenarrables:



Hay muchos más, desde luego; pueden ver a todos los que contestaron en este resumen de Storify:

(Si tienen desactivados los scripts en su navegador, pueden entrar aquí).

¿Ha tenido usted quince minutos de gloria? ¿O fueron de infierno? Compártalos.

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