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Todología con bigote
De cuando facebook era analógico

A Alberto Núñez Feijoo, presidente de la Xunta de Galicia, del PP gallego y sucesor de Manuel Fraga, le han pillado en Facebook. Bueno, no exactamente, sino en una versión analógica y en 135 milímetros que se estilaba allá por los noventa: la cámara de fotos. Ayer salieron en El País unas instantáneas tomadas en 1995 en las que se puede ver a Feijoo en un barco en compañía de un conocido contrabandista de tabaco (entonces) y narcotraficante (después) convicto y enjaulado. La época no es casual, pues durante esa década fue cuando la entrada y comercio de droga desde Galicia había alcanzado su apogeo, con nombres que se hicieron muy famosos en toda España y, asimismo, con consecuencias muy sangrientas. Ha sido seguramente la época más negra de la Galicia moderna y la mancha que sobre ese país ha dejado está costando mucho quitarla.

Por eso las fotos de Feijoo en compañía de Marcial Dorado no son precisamente una trivialidad: Al actual presidente se le ve relajado e íntimo en compañía del susodicho maleante y, en sus propias palabras, mantenía con éste una amistad que, afirma también, se cortó en cuanto Feijoo se enteró de la verdadera condición de Dorado. En una extrañísima rueda de prensa dada hoy, el presidente se ha contradicho unas cuantas veces afirmando que esas fotos están presentes en su vida desde hace casi diez años como instrumento de alguien que quería chantajearle, pero igualmente asevera que no tiene nada turbio de lo que avergonzarse y que esas fotos no significan nada que le impulse a dimitir. Llevo dándole vueltas a sus declaraciones y me da la sensación de que el pobre hombre la ha liado más de lo que ya estaba, colocándose él mismo en el disparadero. Félix Soria, uno de mis periodistas gallegos de cabecera, también lo pone en duda.

Resulta poco creíble que en aquellos años, y teniendo en cuenta la posición política que Feijoo ya ostentaba, éste no supiera a qué se dedicaba Dorado. Aunque sólo fuera por preguntarse cómo el contrabandista podía vivir tan bien, por ejemplo en esa mansión que visitaba asiduamente junto al ex-ministro Romay Beccaría, su mentor político. Servidor conoce algo —algo sólo— de cómo se mueve la política gallega, suficiente para pensar que ese desconocimiento sea dudoso, pero si además leen este perfil que desgrana Diego E. Barros se darán cuenta de que, siquiera por el runrún (o, sencillamente, porque el caballero ya había pasado por dos detenciones antes de esa fecha), era virtualmente imposible ignorarlo.

De cualquier modo las fotos están ahí, la amistad era patente y reconocida por el propio Feijoo, y de ello se deriva un hecho fundamental: el presidente no debe seguir ni un minuto más en su cargo. Las razones son varias, pero la principal de todas es que sólo con ese reconocimiento toda su labor política, anterior, actual y futura, está puesta en entredicho. En estos momentos el principal representante de Galicia es, sencillamente, el amigo (o ex-amigo) de un criminal convicto. Es algo tan grave que por sí solo apartaría al implicado del ejercicio del poder en cualquiera de esas democracias occidentales en las que tanto nos gusta mirarnos. Como bien se pregunta “Ana de la Peña”:


Y es una pregunta necesaria y nada frívola, aunque de golpe parezca una exageración. No estamos hablando de un ministro de Justicia al que pillan sin licencia en una cacería junto al juez de un caso contra el partido rival. No hablamos tampoco de un ministro de Interior al que le tumbó el TC parte de una ley por considerarla inconstitucional. Ni siquiera hablamos de un político estadounidense al que han pillado en un lío de faldas. Y, sin embargo, todos estos y muchos otros, con razones menos poderosas, acabaron dejando su cargo. Más aún, como las hemerotecas son así de putas, resulta que el propio Feijoo tiene muy claro de qué hablamos cuando se trata de depurar responsabilidades. Ante esto, el presidente arguye que él no ha concedido ningún tipo de favores o contratos a Dorado. Que probablemente sea cierto, por qué no, pero eso no quita que sea mucho más grave que un presidente de comunidad autónoma haya estado tan bien relacionado con reconocidos criminales. Aplicando su propia doctrina, ya está tardando Alberto Núñez Feijoo en abandonar su despacho en San Caetano. Es lo menos que puede hacer por Galicia.

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