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Todología con bigote
Hacer un Joan Crawford

En 1962, Robert Aldrich dirigió el drama psicológico ¿Qué fue de Baby Jane? (What Ever Happened To Baby Jane, Warner Bros.) que narraba la historia de dos hermanas: Jane es una ex-estrella infantil que no fue capaz de continuar su carrera al crecer y, ya anciana, tiene que cuidar de su hermana Blanche, atada a una silla de ruedas tras sufrir un accidente de coche cuando estaba en la cima de su carrera escénica. La película estaba protagonizada por Bette Davis y Joan Crawford, dos antiguas estrellas de Hollywood que ya habían alcanzado esa edad en la que la fábrica de sueños decide que ya son piezas gastadas y puede prescindir de ellas sin remilgos. Y, como corresponde a las divas de la época dorada, se odiaban tan cordialmente que hay quien dice que tuvieron que actuar bien poco en esta producción.

La película fue un éxito y una de sus protagonistas, Bette Davis, fue nominada al Oscar a la mejor actriz que iba a concederse en 1963. Para Davis, además de una gran oportunidad de relanzar su carrera, podía ser un hito histórico, puesto que por entonces ninguna actriz había conseguido tres estatuillas. Las crónicas cuentan, y parece que es cierto, que Crawford estaba tan furiosa por no haber sido también candidata que se dedicó a hacer campaña para que Davis no resultase ganadora. Incluso se puso en contacto con las otras nominadas para proponerles recoger en su nombre el premio en caso de que ellas no pudieran estar presentes. Es cierto que de haber ganado Davis, probablemente la película habría conseguido una promoción adicional muy valiosa de cara a la taquilla, lo que también redundaría en beneficios para las actrices, puesto que Crawford y Davis iban a porcentaje. Pero eso a Lady Joan no le importaba, sencillamente no podía consentir que su rival y enemiga ganase.

Efectivamente, el premio fue para otra de las candidatas, Anne Bancroft (por El Milagro de Anna Sullivan), que no iba a estar en la ceremonia y había consentido en que Joan Crawford aceptase el Oscar en su nombre. Cuentan que la Crawford recogió el premio como si se lo hubiesen dado a ella misma, radiante y feliz como nunca, mientras que Davis quedó paralizada por la sorpresa y el disgusto de tener que presenciar semejante farsa desde su butaca. Ni Joan Crawford ni Bette Davis volvieron a ser candidatas al Premio de la Academia, aunque es verdad que para Davis las cosas fueron bastante mejor que para su rival en las dos décadas posteriores, quizá en esos raros actos de justicia poética que la Historia nos brinda.

Esta noticia leída hoy, que explica cómo Julio Somoano, actual director de informativos de RTVE y responsable directo de su pérdida de calidad y de espectadores, recoge un premio concedido en 2011 a su predecesor, Fran Llorente, sin ser exactamente lo mismo, se aproxima bastante a lo que he definido en el título como “hacer un Joan Crawford”. La foto es bastante significativa.

Muy probablemente, el papel que la Historia reserve a nuestros dos protagonistas sea también parecido al de aquellas divas de la fábrica de sueños.

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