Me quedé con las ganas de conocerle. Venía hoy desde Sevilla y, a la altura de Madridejos oigo la noticia por la radio: Félix Bayón ha muerto de un infarto. No me lo podía creer…
Posiblemente el mejor columnista de opinión que había ahora mismo, el de Félix era “mi primer artículo del día”, el que me iba derechito a mirar en Diario de Sevilla al repasar la prensa diaria. Me encantaba ese estilo irónico, mordaz y ágil, crítico con todo y todos, pero sin perder jamás la educación o las formas. Látigo de las políticas de Gil (entre otros) en la Marbella donde residía desde hace años, este gaditano sobrevivió al troglodita lo suficiente como para ver el principio del desmoronamiento de su entramado. Aun así, se mostraba escéptico y bastante sarcástico con la repentina pasión por la justicia que ha aparecido en la Costa del Sol. Y no salvaba a nadie de la quema: lo mismo daba una somanta de palos (verbales) a Manuel Chaves que ironizaba (casi se podía oír el tono de sorna) con la inexistente renovación del PP en Andalucía. Sobre todo me gustaba la fineza de su escritura, en la que empleaba una prosa muy clara, sin estrambotes ni fingidos circunloquios, directa a la llaga y, sin embargo, tratando de llegar a los puntos medios, recorriendo toda la escala de gris antes de determinar si algo era blanco o negro, sin llegar nunca a esos extremos. Lo bueno es que en las tertulias radiofónicas era exactamente igual, con voz firme pero jamás estridente, sabía asentar una opinión como nadie.
Se nos fue Félix Bayón, maestro—éste sí, por méritos más que por antigüedad—de cómo se debe escribir una buena columna. Qué cabrón es el mundo a veces.
Olvidado por Otis B. Driftwood a las 00:00 horas del 17 de abril de 2006 en Juntaletras Estupendos.



