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Todología con bigote
El PSOE aún no ha matado al padre

Este fin de semana se celebraron los treinta años de la primera victoria del PSOE en unas elecciones generales. Por ello, el partido decidió ofrecer un homenaje a su líder desde 1973, el expresidente Felipe González. Si he de hacer caso a las noticias leídas sobre el evento, parece claro que en este PSOE actual —hundido tras sucesivas derrotas electorales, con un secretario general ya más que amortizado y todavía sin decidir qué quiere ser en los próximos años, ideológicamente hablando— los socialistas, al menos los que ahora tienen cargos, han utilizado este acto como canalización de la búsqueda de un referente, de alguien que les recuerde lo que fueron y, quizá, cómo volver a serlo.

Es indudable que la sombra de Felipe González sigue dando cobijo, con los buenos y los malos recuerdos, en todo el partido socialista. Es algo que pasó durante la corta “era Almunia” y que pareció arrinconado durante el primer mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, pero cuyo espectro volvió con fuerza en el momento en que éste decidió tirarse al monte del neoliberalismo europeo con las consecuencias conocidas para su formación (y, desde luego, para España). Ahora, con González ya retirado de la política, haciendo caja en consejos de administración y demostrando en sus últimas declaraciones que se le ha olvidado por completo lo que es el socialismo, continúa siendo el referente de un partido necesitado de un mesías y que aún no ha comprendido por dónde se le han ido escapando los votos durante los últimos cuatro años.

El problema del PSOE no es solamente de liderazgo. No se trata de ir haciendo congresos extraordinarios (aunque habrá que hacerlos), se trata de definirse, de comenzar ya a construir una alternativa política socialdemócrata que acoja a ese sector del electorado que ahora mismo se encuentra huérfano de un partido al que votar y que se aleje de los tentáculos neolibs que han embarrado todo aquello que representaba el partido socialista hace treinta años. Pero también necesita credibilidad, aquella que no pueden dar los miembros de esta ejecutiva, gente que se ha pasado trabajando para el partido prácticamente desde que los destetaron y que ahora navegan por la política española a base de consignas y zancadillas. Como contaban en Politikon (miren a quién me hacen referir), uno mira los ministros del PSOE durante los ochenta y los compara con la ejecutiva y portavoces actuales (y postulantes) y dan ganas de echarse a llorar. Estamos actualmente gobernados por un PP de auténticos ineptos que, además, andan enzarzados en una carrera para ver quién llena la saca antes… pero la teórica alternativa da igualmente escalofríos. Me consta que cada vez más militantes quieren intentar cambiar el statu quo y luchar por ese PSOE que muchos deseamos, pero la propia estructura del partido está pensada para que ese cambio no sea sencillo.

Quizá el primer paso que deba dar el PSOE actual es cerrar de una vez la carpeta “Felipe González”, terminar de darle las gracias y ponerlo en la vitrina de la historia del partido para no sacarlo jamás de nuevo. A lo mejor entonces, por fin verdaderamente solos, comienzan a darse cuenta de que el partido debe y puede ir más allá de sus dinosaurios, especialmente cuando esos mismos dinosaurios ya ni siquiera creen en lo que defendían hace treinta años y apenas disimulan este hecho. Es loable que el PSOE comprenda y mime a su pasado reciente, especialmente cuando fueron responsables del tremendo cambio que vivió el país durante aquella década de los ochenta pero, y perdónenme por usar de nuevo el ajado freudianismo, ya va siendo hora de que “maten al padre”.

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