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Todología con bigote
Elecciones en Catalunya 2012: Batacazo con paracaídas.

1. Resultados absolutos.
Saben ustedes que me gusta analizar los resultados electorales en número de votos, pues da una buena idea de la fuerza real de cada partido tras un proceso electoral y sirve, o debería servir, para evaluar qué ha ido bien, qué ha ido mal y, sobre todo, dónde se están perdiendo apoyos. El cálculo según porcentajes sirve “sólo” para repartir los escaños y puede resultar engañoso para los partidos (especialmente para los que no gobiernan) a la hora de interpretar los datos.

En este sentido hay que destacar dos cosas: la primera, que el aumento de participación ha sido espectacular, con casi once puntos más que la de 2010 (el mejor dato desde hace veinticuatro años). La segunda, que CiU no ha recogido, estadísticamente hablando, ninguno de esos nuevos votos. Y la consecuencia más directa de ello es que, aun perdiendo solamente 90.000 sufragios respecto de hace dos años, su caída en escaños ha sido brutal, doce menos que entonces.

Siguiendo con este criterio, vemos que hay tres partidos claramente beneficiados de la elevada movilización a las urnas. El primero, sin duda, ERC, que se recupera de la caída (dolorosa) de 2010 y duplica tanto sus escaños como sus votos (más, de hecho). La apuesta soberanista de Mas, sobre la que volveré un poco más adelante, ha producido un efecto llamada muy significativo entre el electorado abiertamente partidario de la independencia o, al menos, de la convocatoria de una consulta sobre ella. El candidato Junqueras ha sabido alejar de sí los fantasmas del tripartito y ha concentrado de nuevo la mayor parte del voto republicano en sus siglas. Si hay un vencedor de estas elecciones en términos de avance, casi seguro es ERC. Además, se han colocado como segunda fuerza política por mor de la ley electoral, si bien apenas hay 30.000 votos entre ellos y el PSC.

El segundo partido que merece comentario es el PPC, y aquí sí hay datos sorprendentes: Alicia Sánchez-Camacho, una candidata a priori antipática y vocinglera (y bastante “convenía”, como dicen en mi pueblo) no se ve afectada en absoluto por la desastrosa política del PP nacional y aglutina casi todo el voto anti-independentista (excluyo de aquí el puramente federalista). Sube sólo un escaño pero gana más de 80.000 votos. He de reconocer que me choca este resultado y no creo que pueda explicarse sólo por un trasvase parcial de votos desde CiU, PSC o incluso desde PxC, cuyo componente xenófobo es algo de lo que los populares catalanes hacen bandera también donde haga falta. Si es cierto que la política en Catalunya se mueve con parámetros diferentes a la del resto del país, quizá el hecho de que el PPC no gobierne allí pueda también haber influido en que no se ha desgastado. Será algo para analizar con más calma, sin duda.

Y el tercero de ellos, para mí la gran sorpresa, ha sido Ciutadans. Confieso que lo mío con ellos ha sido pura miopía, ya que los veía desde fuera como una formación atrapada en su propia creación “ad hoc” y lo caótico de sus propuestas. Igualmente pensé que la lucha interna generada apenas tocaron escaños iba a acabar pasándoles factura, como suele suceder en formaciones de nueva entrada. No ha sido así y la propuesta contrasoberanista ha triplicado sus escaños (de 3 a 9) y casi los votos. Sería una inconsciencia ignorar estas cifras en un momento en que se piensa que el voto no nacionalista está en retroceso (no es así, aunque, de nuevo, lo parezca en porcentaje), pero debo decir que sigo sin saber de qué ideología son, a estas alturas. Alguien dijo por ahí, en una afirmación bastante tonta, que son la marca blanca de UPyD, cuando lo cierto es que UPyD es posterior y formada al arrastre del éxito de este tipo de iniciativas en Catalunya… aunque no sería arriesgado pensar que casi todo el potencial electorado de la formación de Rosa Díez prefiere a Albert Rivera.

Me he dejado a propósito a las otras dos formaciones en liza, ICV-EUiA y la CUP. En el caso de los ecosocialistas el avance es notable, muy notable, un 50% de votos más que en 2010 y pasar de 10 a 13 escaños. En el de la CUP, que parece haber absorbido a casi todo el voto independentista que se fue a Solidaritat en la última convocatoria, la entrada en el Parlament le ha supuesto 3 escaños y grupo propio en la práctica, pues no hay otras formaciones con las que componer un grupo mixto. Ambas coaliciones tendrán sus momentos de fama y euforia, indudablemente, merced a presencia en comisiones y tiempos en la tribuna, pero preveo que su papel efectivo en los próximos cuatro años (o menos) va a ser más irrelevante de lo que ellos querrían. La CUP hará mucho ruido, eso seguro… Luchará también ICV para que su presencia pueda notarse? En ambos casos yo diría que va a ser labor de zapa, desde ámbitos municipales. Lo veremos bien pronto.

Y… El PSC: Candidato sin carisma, programa diluido, la herencia recibida, el lastre del PSOE… y también dos huevos duros. Al final la hostia contra el suelo electoral ha sido poca en términos absolutos (50.000 votos menos) pero muy ruidosa en escaños, donde pasa de 28 a 20 y queda en tercer lugar en la cámara. Además y junto a CiU es el único partido que no ha sumado votos a pesar de la mayor participación, y esta vez ni siquiera les queda el consuelo de “nuestros votantes se quedaron en casa y debemos hacer lo que sea para que vuelvan”. No, esta vez sus votantes se han ido a otras formaciones (de amplio espectro, me atrevería a añadir) y entre los nuevos electores el PSC no parece siquiera ser una opción (en su antiguo feudo de Barcelona capital queda como cuarta fuerza política, y eso llorando). Pere Navarro, que igual es hasta buena persona, ha sufrido en sus carnes los efectos del candidato improvisado y desganado, en un proceso muy similar al visto en Galicia hace pocas semanas. El PSC necesita urgentemente una refundación que defina de una vez por todas cuál va a ser su política en las próximas décadas y que no esté exclusivamente orientada a verlas venir para las elecciones y luego echarle la culpa a Rubalcaba. Y, como es un proceso largo, más les vale ir empezando.

2. Resultados relativos.
Hablemos de batacazos, que fue la palabra del día.
Se la ha pegado entonces CiU? Realmente ha sido un fracaso? Parafraseando a mi hermano podríamos hablar de “hostiaca” lo que ha conseguido Artur Mas, pero más que por las pérdidas efectivas de votos (pocos) y escaños (muchos), por las expectativas tan altas que se había puesto tras la gran manifestación del 11-S y posterior convocatoria de elecciones. Yo mismo les había anticipado alrededor de 70 escaños poco después de aquello y la democracia ha tenido como indeseable consecuencia que me haya quedado sin premio en la magna porra LPD. La prensa ha tenido reacciones muy variadas a la vista de los resultados de la coalición nacionalista… bueno, no es verdad, los titulares en los principales diarios más allá de la Franja han coincidido en que la apuesta soberanista de Artur Mas se la ha pegado, además aterrizando sobre el pincho de un casco prusiano.

Esto es una verdad sólo a medias. En este estupendo artículo de Ramón González Cabezas se afirma, acertadamente diría yo, que la estrepitosa caída en escaños de CiU tendra como consecuencia inmediata la pérdida (entre otras cosas) de su capacidad negociadora con el gobierno de España. Lo que ocurre es que con un PP con mayoría absoluta y que, como hemos comprobado, no tiene problemas en aplicar el rodillo con forma de decretos-ley y glaseado de votaciones paripé en el Congreso, el poder de la coalición catalana era poco menos que testimonial, es decir, de cómplices silenciosos de dicha mayoría absoluta con su abstención o incluso su apoyo directo. Apoyo que, además, beneficia mucho más a un PP que lo presenta como “hemos convencido a los malvados catalanes” que a una CiU que ya no puede esgrimirlo como una conquista a los malvados españoles. Pero ¿realmente se ha tumbado por tierra el proyecto soberanista, de lo que parecen estar convencidos nuestra prensa de centro reformista a tenor de sus titulares de letras gordas? ¿Ha crecido el voto, llamémosle así, “españolista”, entendido éste como el de personas que no sólo no desean separarse de España sino que niegan cualquier posibilidad de una consulta? La pregunta no es trivial, puesto que es lo que afirman casi sin rubor los portavoces de la derecha hispanistana (y algunos de los de la izquierda, también).

De nuevo a la vista de los datos, en voto y porcentaje, y suponiendo (que es mucho suponer) que todos los votantes de CiU están de acuerdo con un proyecto soberanista, yo diría que no. La suma de CiU+ERC+CUP (y esto también es mucho sumar) superaría en alrededor de medio millón de votos a la de PP+PSC+C’s, y eso también si suponemos que todo el electorado socialista rechaza tanto la consulta como la soberanía. En realidad no ha cambiado la cosa mucho. La proporción nacionalismo/no nacionalismo se mantiene aproximadamente igual que en el resto de convocatorias electorales y, en todo caso, habría un trasvase de votos desde el PSC a las otras dos fuerzas no nacionalistas…

Esos puntos suspensivos indican la interrupción de un análisis muy locuelo. El párrafo anterior está escrito aposta para demostrar que el simplista análisis realizado por los medios y los partidos anda tan, pero tan lejos de la realidad catalana que cualquier dato puede manipularse para convencer al convencido de que Catalonia is not Spain o, puesto del revés, que Cataluña es España por los cojones del toro de Osborne. Y no, en verdad es todo muchísimo más complicado que una división con línea de puntitos entre los que se quieren ir y los que se quieren quedar.

3. ¿Y ahora qué?
Empecé a escribir esta nota la misma noche de las elecciones, con los resultados casi definitivos. Entonces predije en twitter lo siguiente: CiU amagaría primero un pacto con la Esquerra Republicana a raíz de su apuesta por una consulta de autodeterminación. ERC ya pone como condición previa a las elecciones dicha consulta, que considera irrenunciable, por lo que a priori sería el primer partido a considerar para formar gobierno. Sin embargo, dada la política antisocial y de recortes que ha llevado el gobierno de Artur Mas en sus dos años escasos de mandato, ERC acabaría imponiendo ciertas condiciones (socioeconómicas, sobre todo) que CiU consideraría inaceptables, por lo que las negociaciones se romperían y Mas acabaría dirigiéndose al PP para un pacto, si no de gobierno, al menos de legislatura.

Desde entonces las reacciones de los partidos implicados han sido tan diversas en apenas tres días que cada vez que redactaba esto cambiaba y volvía a cambiar la previsión por culpa de la dichosa realidad, más veloz que mi teclado. En tan poco tiempo hemos pasado de dar por casi cierto un pacto de CiU con ERC a descartarlo por completo, eso sí, con el matiz de que los republicanos apoyarán en cualquier caso la investidura del candidato de Convergéncia. A esto se ha apuntado también el PSC, advirtiendo de que no votarán favorablemente en la sesión de investidura pero sin decir explícitamente que votarán en contra, lo que dejaría la puerta abierta a una posible abstención y a la tan traída y llevada sociovergencia que forma parte de los sueños húmedos de los tertulianos españoles. Claro que la realidad es muy puta, como decimos, y con un sentido de la oportunidad tan exacto que da que pensar (¡mucho!): el PSC se ha visto, apenas 24 horas después de las elecciones, envuelto en un escándalo de corrupción en Sabadell que de momento se ha llevado por delante a un alcalde y al vicesecretario general de la formación. Una coincidencia tan notable (¡tjúm!) que pone realmente difícil un pacto entre ambas formaciones… por ahora. Mientras tanto, el PP guarda silencio y espera…

Las claves son dos: la política de recortes y fuerza bruta del Govern hasta ahora y la convocatoria de la consulta ya mencionada. ERC no renuncia a lo segundo, pero para entrar en un gobierno de coalición debería hacer renunciar a CiU a lo primero, salvo que quiera volver al pozo de los diez escaños o menos de la época post-Montilla. El Partido Popular apoyaría sin reservas los recortes sociales y, muy posiblemente, el uso de la mano dura contra las protestas en la calle como hasta ahora, pero no aceptaría de ningún modo el referéndum, órdenes de “arriba”. Y para aprobar las cuentas de la Comunidad es necesario un pacto que tendrá que ir más allá de cualquier insinuación soberanista so pena de tener que prorrogar los presupuestos una y otra vez o de —nunca lo descarten— volver a convocar elecciones. Una vez más, se trata de cifras y, aunque CiU ha sido capaz de gobernar en minoría estos dos años, 50 diputados son demasiado pocos para aprobar leyes, pues bastaría la abstención de los populares para que los votos en contra de PSC-ERC-IU tumbasen cualquier proyecto legislativo promovido por la coalición.

¿Podrá formar gobierno Artur Mas? En principio sí, visto que no tendrá problemas para proclamarse presidente en segunda vuelta. Está lanzando algunos cantos de sirena a la Esquerra para que les acompañen en ese Ejecutivo, pero los republicanos de momento se siguen negando. Habrá qué ver cuántas zanahorias ponen en el palo los convergentes para intentar atraérselos y ya se habla, por ejemplo, de reintroducir impuestos como el de sucesiones (actualmente suprimido). En cuanto al referéndum, en el momento de redactar este párrafo me entero de que la Esquerra incluso ha propuesto ya una fecha para la consulta, septiembre de 2013, y parece ser que Mas también está dejándolo sobre la mesa como parte de cualquier pacto. Es, desde luego, un regalo envenenado a ERC: si no acepta una alianza con Convergéncia se le podría acusar de impedir la consulta. Y, si lo hace, la pregunta de ésta puede retorcerse tanto que al final acabe por resultar irrelevante; que es, de hecho, lo que creo que acabará pasando. Por eso y por la historia de sucesivas fagocitaciones que tiene ERC respecto de CiU veo más probable que los republicanos, como de momento afirman, se acaben quedando en la “oposición responsable”.

Por eso quizá la situación ideal de Artur Mas sería quedarse en minoría gobernando con pactos puntuales: por una parte los económicos, buscando alianzas con el PP que le permitan seguir con su programa de recortes a cambio de no avanzar en el soberanismo; por la otra, los identitarios, ofreciendo a Esquerra pasitos cortos y medidos e incluso el tan ansiado referéndum en las condiciones que expliqué en el párrafo anterior. Es jugar con dos barajas, claro está, pero echando bien las cartas y si la economía mejora, aunque sea mínimamente, el President podría mantenerse en el Palau de la Generalitat con más o menos comodidad durante un par de añitos. Pasados los cuáles y habiendo provocado el cabreo de populares y republicanos, replantearía sus alianzas para volverse hacia un PSC aún en proceso de recomposición y que, para entonces, incluso tendría a un nuevo líder, ya que no parece que a Navarro le quede mucho tiempo en la secretaría general. ¿Suena raro? Posiblemente, pero comprendan que para 2014 la posición del PP puede muy bien haberse fortalecido tras dos años sin elecciones de ningún tipo y, ante el riesgo de volver a tener que anticipar las catalanas, Artur Mas podría agarrarse a cualquier clavo ardiendo. Incluso si ese clavo se llama sociovergencia. Y como acierte en todas estas predicciones que estoy haciendo, ya pueden ustedes proponerme para el premio Pulitzer, porque primero lo leyeron ¡aquí!

NOTA ABSURDA: Como ven, no he hablado para nada de la pata coja de CiU, esto es, Unió Democrática. Permítanme una pregunta de opresor español: ¿Alguien sabe si Unió es algo más que Duran i Lleida? ¿De verdad creen que a CDC le afectaría seriamente separarse de los democristianos si una deriva soberanista lo provocara? Permítanme que lo dude.

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