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Todología con bigote
Oyarzábal

Un apunte muy breve sobre la reciente noticia de la “salida del armario” del secretario de Justicia, Derechos y Libertades del Partido Popular, Iñaki Oyarzábal: una noticia que ha creado y aún está creando un revuelo considerable en la red, por lo que representa dentro de ese partido. Por primera vez un dirigente popular con un cargo de importancia ha declarado públicamente su homosexualidad, lo que no es precisamente un acto trivial.

La decisión de Oyarzábal es muy valiente por dos motivos: primero, porque aunque el país ha avanzado indudablemente en la normalización de todas las opciones sexuales, todavía estamos “en fase beta” y queda mucho trabajo, sobre todo educativo, por hacer. Y segundo (y más importante), porque el partido y buena parte de los votantes a quienes representa llevan años posicionados sin fisuras contra los derechos legales de los homosexuales, participando activamente en campañas destinadas a restringir, cuando no a eliminar, los avances que se han producido en estos derechos. El caso más representativo y, sin duda, el que ha sido una de las banderas de la oposición de derechas en España durante las dos últimas legislaturas, es el recurso1 por el que se pide al Tribunal de la cosa que declare inconstitucional el matrimonio entre personas del mismo sexo, con los mismos derechos y deberes que existen para las parejas heterosexuales. Esta declaración pública de Oyarzábal le convierte, quiera o no, en un representante de la causa ante el resto de dirigentes, militantes y votantes de su partido. Desconozco si ésta ha sido una de las razones que le ha impulsado a hacerlo, pero desde luego será una de las consecuencias de haberlo hecho.

A Iñaki Oyarzábal se le ha preguntado por la reacción del PP ante su anuncio y, por lo que he leído, afirma que todos le apoyan completamente. Sin dudar de la sinceridad de parte de ese apoyo, me gustaría decirle que debería asegurarse de que su partido sea consecuente con ello, retirando el mencionado recurso cuya única función es recortar derechos a un colectivo, basándose en un oscuro principio teocrático impropio de una sociedad avanzada. Estoy seguro que Oyarzábal aspira a que su opción sexual no sea un obstáculo para su trabajo ni para su vida personal, y que en esa aspiración fundamenta el querer hacerlo público. Pero que no se le olvide que hasta la fecha el único partido que se ha empeñado en hacer la vida más difícil al colectivo homosexual es, precisamente, el suyo.

1 Por cierto, uno de los 72 diputados que firmaron ese recurso fue Ignacio Astarloa, que entonces ostentaba el mismo cargo orgánico que tiene ahora Iñaki Oyarzábal. La vida es así de puñetera.

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