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Todología con bigote
Niños Robados

Dicen los que conocen eso que no hay mayor tragedia para una persona que perder a un hijo. Es algo que yo espero no experimentar jamás y que, precisamente por eso, encuentro difícil de describir con palabras, quizá porque las palabras para describirlo no se han conseguido inventar. Y ya no sólo para conseguir entender, siquiera mínimamente, lo que puede sufrir una persona a la que la vida castigó con tal pérdida, sino para poder situarme en el corazón de aquellos a quienes, encima, eso les pasó porque otra persona decidió arrebatárselo.

Durante tres décadas, al menos hasta donde ahora se sabe, en España se produjeron robos organizados de bebés y tramas de adopciones ilegales. Por mucho tiempo esos hechos fueron sistemáticamente silenciados tanto por los gobiernos como por la Justicia, ayudados en parte por una legislación más que ambigua que consintió, sobre todo por omisión, tales barbaridades. Como cooperadores necesarios había médicos, enfermeras, religiosos y religiosas. Hemos conocido historias como la de la monja Sor María, aspirante a ocupar el trono del hombre del saco en las pesadillas de los críos. Hemos oído de ginecólogos sin escrúpulos y de matrimonios que querían un hijo a toda costa, aunque esa costa fuese más allá del límite de lo humano. Y también de parejas que se empeñaban hasta las cejas, seguramente de buena fe, porque realmente la ignorancia de lo que había detrás de ese bebé tan deseado era una venda suficientemente espesa como para convencerse de que no hacían nada malo.

En los últimos años se ha producido una espiral de datos y descubrimientos que muestran el horror y el sufrimiento de aquellas personas a quienes les arrancaron la razón de su existencia. Muchas no se recuperaron ni tendrán paz de espíritu hasta que sepan qué pasó con el bebé al que jamás pudieron ver. Pero también nos han enseñado que aquellos niños que hoy son adultos y, de repente, descubren que su vida se asienta sobre una mentira, no vuelven a ser los mismos e, igualmente, necesitan conocer de dónde vienen y, sobre todo, por qué. Han sido tanto unos como otros, ha sido su lucha incansable y esa capacidad que tiene el ser humano por perseverar, ese empeño por superar cualquier obstáculo, lo que está logrando, poco a poco, que el velo de silencio se levante, que la verdad salga, aún en pequeñas dosis, a la vista de todos. Están poniendo sobre la mesa platos que no son del gusto de nadie, pero cuyo amargor es necesario catar, aunque sea para que ellos puedan intentar alcanzar la paz que unos seres carentes de alma decidieron negarles en beneficio propio.

No están solos, y cada vez lo están menos. Tienen gente que les ayuda, tienen periodistas que trabajan con ellos día tras día, sudando como sudan ellos, para conseguir aclarar los hechos, reconstruir sus historias, señalar a los culpables y, si al final no se consigue que la ley haga justicia (pues los recovecos legales son infinitos), al menos podrán encontrar algo de reposo.

Decía al principio que es difícil, si no imposible, poder describir lo que ellos sienten. Anoche vi dos reportajes, muy similares en el fondo aunque diferentes en la forma, que tratan algunos casos de niños robados durante esas décadas negras. El primero, de la BBC y emitido en 2011, profundiza en un par de ellos y además consigue —con un poquito de suerte por parte de la periodista— hablar con uno de los presuntos responsables de aquella brutalidad. El segundo, más corto y menos profundo pero quizá más directo, lo emitió la CNN hará cosa de un mes. Ambos impresionan mucho y, aunque realmente harían falta muchas horas, o días, para poder seguir contando los entresijos de estos hechos, sirven para que el espectador vea, oiga y, hasta cierto punto, sienta por dentro la lucha de estas personas. Gente que sólo desea una cosa: saber.

BBC — This World: Spain’s Stolen Babies, reportaje de Katya Adler

CNN — World’s Untold Stories: Spain’s Stolen Babies, reportaje de Atika Shubert:

Parte 1

Parte 2

Parte 3

Por desgracia no he podido encontrar los documentales subtitulados. Si alguien los encuentra y me lo hace saber, colgaré aquí los enlaces.

Y para saber más, lo mejor que pueden —deberían— hacer es entrar en la web de El País, donde hay una sección completa con innumerables y detallados artículos de los periodistas que están acompañando a las madres en este difícil trayecto. Todos son estupendos, pero permítanme que les recomiende en especial los de Natalia Junquera, seguramente quien más se ha implicado en estas investigaciones.

El País: Niños Robados


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