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Todología con bigote
Un Rato demasiado largo

Una cosa que me maravilla es la facilidad que tiene la gente de montar un mito alrededor de una persona. En el caso de Rodrigo Rato, le quedó tras ocho años en el gobierno una fama de economista competente y de ministro serio que le sirvió, entre otras cosas, para que le nombraran presidente del Fondo Monetario Internacional, más conocido como el supermercado de los recortes. Duró allí lo justito y salió escopetado poco antes de que estallara una crisis que, al parecer, le debió pillar leyendo el Diez Minutos, ya que ni se había coscado de lo que venía. Lo colocaron luego en la presidencia de la mayor caja de ahorros de España, en parte por esa pátina de buen gestor y en parte para sacárselo de encima ante un posible relevo en la cúpula de un PP por entonces en horas bajas. Debió de ser la única vez en la que la señora condesa y el hombre de la letra jeroglífica se pusieron de acuerdo en algo. Hoy Rodrigo Rato, alias señor Momentito (como decían los de Gomaespuma en una frase que al final ha sido premonitoria), ha anunciado su dimisión del cargo al enterarse, o eso dicen, que el Estado inyectará entre 7 y 10 mil millones del dinero de todos en tratar de sanear una caja que hacía aguas por todas partes. Otra teoría, ésta oficiosa, es que le han invitado a irse visto el desastre que ha armado en la otrora superpoderosa institución; ya ven ustedes las maledicencias que se difunden sobre el überministro.

En su despedida, Rato se lamenta de haber tenido que enfrentarse a una situación dificilísima al frente de la caja. Es lo que tiene ser jefe, que has de serlo cuando vienen buenas y cuando vienen de culo. Para mí esa afirmación del adelantado don Rodrigo es la mejor prueba de que su mítica gestión como mago de las finanzas estatales no pasó de ser algo coyuntural, agarrándose a la ola buena de un empinado crecimiento (tómense esta expresión como quieran) y aprovechando para vender muebles y joyas de la casa, aunque no fueran precisamente suyos. Podría hacer la fácil alegoría del cuento de Andersen y decir que el emperador iba desnudo, pero precisamente en este caso el emperador se largó bien forrado. Más o menos como se irá ahora, por cierto.

Sin embargo los mitos modernos crecen tan fuertes como rápidos y no me cabe duda de que, incluso en los próximos años, todavía habrá mucha gente que crea que Rodrigo Rato, el Galactus de la banca, fue el mejor ministro que en España hubo. Muchos de los que lo afirmen serán, incluso, madrileños o tendrán o tuvieron depósitos e hipotecas con Cajamadrid, ahora Bankia y mañana quién sabe. Derribar un mito es jodido, sobre todo si ese mito nos puso en el vagón de cabeza del tren económico europeo. Claro que en un choque frontal la cabeza es lo primero que vuela por los aires.

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