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Todología con bigote
Presto mi voto a Equo

Estimados (por ahora) candidatos de Equo.

Os he votado. Un poquito antes que el día de las elecciones, por razones obvias, pero así ha sido, esta mañana.

Normalmente no explico mi voto, porque casi siempre está decidido y no hay que ser muy druida para conocer en qué dirección va. Esta vez, sin embargo, me gustaría aclarar algunas cosas.

Sois un partido nuevo, que se presenta por primera vez a unas elecciones. Aglutinais, dentro de postulados que yo considero de izquierdas, una variedad de sensibilidades en lo político, en lo económico y en lo social, que a día de hoy representan mucho mejor que otros partidos lo que yo entiendo que debe ser la política en España. Habéis partido de una base mínima y, poco a poco, habéis conseguido, al menos, daros a conocer en multitud de lugares. Os han puesto piedras de todo tipo en el camino y muchos palos en unas ruedas que ya para empezar tenían forma cuadrada. Y, mal que bien, habéis conseguido superar muchas de esas dificultades. Gracias a eso, presentáis candidatura en casi todas las provincias, lo que en un país como España, donde entrar en el club de los partidos representados es casi utópico, resulta de un mérito indudable. Vais más allá de movimientos como el 15-M, porque estáis uniendo la acción (política, en este caso) a la palabra y habéis articulado un discurso interesante y mínimamente atractivo. Otro punto a tener en cuenta: vuestra política de transparencia, en un tiempo en el que a los partidos hay que obligársela por ley (y, aun así, la cumplen mal o a regañadientes), ya indica un paso más en la buena dirección. Igualmente, la presencia de políticos como Inés Sabanés o Reyes Montiel han influido en mi decisión; especialmente el caso de la primera, una buena política a la que las miserias de un partido dejaron en su día en fuera de juego, a pesar de que era casi la única que le levantaba la voz (y se oía) a la señora marquesa.

No sois perfectos: en ciertos aspectos (y en ciertas personas) os habéis dejado abandonar a ideas no ya ingenuas sino incluso absurdas por lo exageradas. Por ejemplo, en la cuestión de transgénicos caben muchos matices que en vuestro programa, de entrada, no son siquiera negociables, pero otro día si queréis hablamos de eso. Como digo, y alguno por ahí menciona, seguramente no me representáis al cien por cien; pero si alguien encuentra algún partido que así lo haga, seguramente es porque me he mudado de planeta o de especie animal. Prosigamos.

Soy realista: os voto por una circunscripción grande y me encantaría que sacarais algún escaño, pero las encuestas (las que os incluyen) no os dan demasiadas opciones. Desde luego no será porque os falte mi voto, porque es necesario, al menos, conocer el nivel de vuestras fuerzas en número de sufragios para después, pasado el golpe del 20-N, seguir trabajando hacia arriba. Hace ocho años voté (o quise hacerlo y no pude, para hablar con propiedad) convencido de lo que quería votar. Hace cuatro voté a los mismos, pero esta vez era un voto en contra de otros que no quería que salieran a ningún precio. Hoy he votado en conciencia de nuevo, a un partido al que quizá no le sirva, pero con cuyo voto sé que mañana podré mirarme al espejo sin avergonzarme de lo que veo. Sé también que el hecho de no haber votado útil acentuará, seguramente, la mayoría que conseguirá el partido al que todos dan por ganador desde hace meses, un partido que el sólo pensamiento de que vaya a gobernar ya me produce dolores de estómago. Pero igualmente el que le sigue (y que se llevará una dolorosa derrota) ha hecho suficientes méritos en estos últimos cuatro años para que no se parezca en casi nada a lo que yo pensé que votaba en 2004. Eso será materia de otra nota. Hoy hablo de vosotros, de Equo.

Tenéis mi voto, como digo, desde esta misma mañana. Pero es un voto prestado; sé que esta expresión, de usada, se ha gastado, suena rancia… pero es así. El voto es prestado incluso aunque no consigáis escaño; os lo habéis ganado con vuestro trabajo, no de ahora, sino desde hace ya algunos años, y ahora tendréis que mantenerlo. El comportamiento de un partido político, especialmente tras una derrota pero igualmente tras una victoria, suele degradarse a extremos insospechados. Empiezan las peleas, las zancadillas, los reproches, surgen advenedizos e importan más las sillas y los sillones que la persona que en ellos se sienta. Esto ya lo hemos visto en los partidos grandes y lo seguimos viendo incluso en formaciones de nuevo cuño, algunas con representación en el Congreso y Parlamentos Autonómicos. Equo se declara diferente a los demás, y debe serlo —repito: debe serlo— también en esto. Mi voto es prestado, y el interés va a ser muy alto, porque aun siendo un voto a un partido pequeño, es un voto extremadamente serio.

No os doy las gracias de antemano, porque aún no habéis hecho nada que lo justifique. Pero sí os agradezco que hayáis demostrado hasta ahora que se puede hacer, que este sistema no está podrido del todo.

Tenéis mi voto. De lo que hagáis a partir del día 21 dependerá que lo conservéis.

Atentamente, Otis B. Driftwood.

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