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Todología con bigote
Escenarios (y III)

Y ahora, la pregunta televisiva:
¿Cómo escaparán de esta nuestros principales actores?
Especulemos, que para eso (no) nos pagan:

Zetapé: Se juega no sólo el tipo sino también el puesto con esa “hoja de ruta” que él mismo se ha marcado. Aunque anda por este jardín con cierta torpeza (quizá unos zapatos demasiado grandes), cree en lo que hace y la perspectiva de unas elecciones a año y medio vista, donde se le empezará a poner nota por los pasos que está dando, no parece condicionarle demasiado. De lo contrario, quizá se hubiera enrocado en posiciones menos audaces. No nos engañemos: van a lloverle palos de todos sitios, porque los ciudadanos querrán respuestas y resultados con rapidez, aunque el proceso que parece que se acaba de abrir no va a ser precisamente veloz, sino que se va a estirar, al menos, quince años hasta que comience a asentarse. Si en ese período ETA vuelve a actuar, sea poniendo bombas, sea asesinando o, simplemente, a través de sus cachorros gasolineros, la vida política del presidente puede darse por terminada, y la privada se le va a quedar pendiente de un hilo. Esperemos que no acabe como su predecesor, que sigue convencido de que sólo le juzgarán (y, por supuesto, le darán la razón) dios y la historia.

Mariano: Seguimos esperando al martes para ver qué pasa, pero sospecho que el dribbling que acaba de hacer para darle la vuelta a su discurso político no es flor de un día. Mariano ha visto aquí dos oportunidades: por un lado, el poder subirse al carro del fin del terrorismo y amortizar de una vez por todas la etapa Aznar, en la que él llegó a ser ministro de Interior (y, por tanto, máximo responsable de la política antiterrorista). Por otro lado, alejarse, al menos aparentemente, del discurso crispado y extremista que le van colgando, alternativamente, Acebes y Zaplana (con Aznar de corifeo) y que le resta votos día a día, además de impedir la posibilidad de pactos en el caso de que ganase las próximas elecciones. Si consigue mostrar al público que parte de la solución al terrorismo pasa por propuestas suyas, se habrá apuntado un tanto magnífico, podrá deshacerse de esas dos rémoras a su carrera política y, por extensión, de una tercera que representa una Esperanza Aguirre que no ve la hora de arrebatarle el sillón. Si la cosa sale mal, siempre podrá salirse por la tangente y volver a las andadas, esta vez con más apoyos. Aunque visto fríamente, el anuncio de ETA le ha pillado tan a trasmano que es quien peor lo tiene para salir bien parado.

Otegi: Casi paralelamente a la tregua del 98 tomó el mando de Batasuna una nueva Mesa Nacional encabezada por él. Entonces pretendía ser la cara amable de un nuevo abertzalismo donde, en principio, el terror no iba a estar presente. Incluso fue entrevistado por Iñaki Gabilondo, quien le advirtió de que si ETA volvía a matar, él, Otegi, sería un cadáver político. Fue así a medias: ETA rompió la tregua, Otegi perdió sus pactos y la poca credibilidad que le quedaba de cara al resto de partidos y acabó adoptando el discurso radical de siempre. Ahora, probablemente a punto de ingresar en la cárcel, será sustituido por Permach, su número dos (o tres, que el número uno es quien dirija ETA en este momento), quien ya encabezó algún mitin tras el anuncio del alto el fuego. Lo que me parece claro es que no va a pintar nada en este proceso… la historia de Batasuna muestra que el que se sale de la primera línea deja de tener relevancia para siempre. Que se lo digan a Idígoras, Esnaola, Iruin… por cierto, que todos ellos, en alguna ocasión, han insinuado o dicho de manera explícita que se deben dejar las armas.

Ibarretxe: Está viendo, quizás, la oportunidad de resucitar su ya casi olvidado “plan”, pero en mi opinión pierde el tiempo. Como decía Rufus T. Firefly, “that’s already old news”. El problema de Ibarretxe es que quiso ser Ardanza en lugar de Ardanza y se olvidó de algo muy importante, esto es, hacerlo en el escenario adecuado. Ahora que puede que exista ese escenario, su credibilidad anda de capa caída y la iniciativa política está perdida. Esto va a ser, mal que le pese, cosa del aparato de los partidos (incluyendo Batasuna), y sospecho que Josu Jon Imaz le va a robar todo el protagonismo que pueda.

Los terroristas: Si todo sale bien, lo que sucederá es que se alternarán detenciones y condenas con concesiones. Ya hemos visto lo relativamente fácil que es ajustar la jurisprudencia o las interpretaciones de una ley a la coyuntura del momento (pufff). Quienes tengan delitos de sangre permanecerán o ingresarán en la cárcel, pero no se les aplicará cumplimiento íntegro de penas, en la confianza de que, cuando salgan, la situación en el País Vasco esté totalmente normalizada y no se produzca alarma social. A los demás se les irán aplicando las reducciones de pena con cierta manga ancha, aunque espero que esta vez, si se hace por estudiar en la Universidad, se controle mejor que, efectivamente, se merecen el aprobado. Si los libros sustituyen a las pistolas, sería un avance. Que nadie se asuste: no habrá amnistías, la Constitución las prohíbe y ahí el pollo que se puede montar va a ser suficiente como para que ni se planteen.

Las víctimas: Si consiguen librarse del cáncer que supone Francisco José Alcaraz, podrán adoptar el papel que por derecho les corresponde en esta representación. Me parece obvio que ellas tendrán mucho que decir, y que dentro de sus asociaciones existe una gran variedad de opiniones y posturas. No es tan descabellado que se planteen debates en su seno; como bien apunta Cayetano en un comentario anterior, habrá que tragar muchos sapos. Cuántos y hasta cuándo, dependerá de ellas. Las andanadas de demagogia que he escuchado hoy en cierta radio sobre el hecho de que víctimas y verdugos se paseen por las mismas calles, presentándolo como un ejercicio de división y odio, además de falaz (asume algo que no se va a producir, o si se produce será gradual y tras la correspondiente cárcel) hace un flaco favor a las víctimas, por intereses políticos de quienes las dicen.

Vale, son demasiados actores, demasiados escenarios y demasiados condicionales (“síes”). Como mencioné anteriormente, esto es una partida de ajedrez en un tablero de encaje de bolillos. Habrá intercambio de cromos y pedirán diez por éste y veinte por el otro, para acabar aceptando cinco y doce. Eso que en su día se llamó “el ojo público” se volverá más agudo que nunca. Se vislumbra un rayo pesimista y otro optimista: nadie de los que están va a quedar contento con lo que salga… pero sus hijos podrán, por fin, vivir en paz.

El siguiente paso se dará mañana. Y esta frase vale para cualquier día que estén leyendo este artículo. Adelante.

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