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Todología con bigote
Se va por el barranquillo

Llevo casi dos años con una carta abierta a ZP en la cabeza, con idea de teclearla alguna vez en este cuaderno y lanzarla al limbo, que es donde suelen acabar las cartas abiertas. En la situación actual es posible que ya nunca la escriba, pero los principios que en ella habrían aparecido seguirían siendo los mismos. En cualquier caso, da igual: Zapatero ha dicho que lo deja, que se marcha. No ahora, sino al terminar la legislatura, ya que ha hecho público que no piensa optar a un tercer mandato y que abandonará la secretaría general del PSOE tras las elecciones de 2012.

Zapatero comenzó como una gran ilusión para el votante socialdemócrata (no me atrevo a decir de izquierdas, aunque muchos le votaron así), se convirtió en poco menos que el demonio vestido de lagarterana para la extrema derecha española (más amplia de lo que parece) y terminó como una gran decepción para votantes a ambos lados de eso que llaman el centro político. Todo el empuje social y ciudadano del principio de su primer mandato entró en barrena una vez inaugurado el segundo, o quizás incluso antes de eso, para terminar derivando tanto en lo económico como en lo humano hacia políticas que rozan lo neoliberal, cuando no lo han abrazado de lleno. Con un sistema de toma de decisiones bastante caótico, más crisis de gobierno de las que habrían sido deseables en una coyuntura de inestabilidad, y transformando la valentía de sus primeros años en un acojone perpetuo ante no se sabe muy bien quién, Zapatero ha conseguido, no sólo dilapidar las ilusiones que le valieron más de once millones de votos —récord absoluto hasta ahora en España— sino infectar a su partido ante la sociedad, poniéndolo en una situación muy complicada de resolver a corto plazo. En cierto modo, está ocurriendo con ambos algo muy parecido con lo que le pasó a Schröder y al SPD alemán entre 2003 y 2005, y por motivos muy similares. Se han dado muchas explicaciones —aunque bastante vagas, casi siempre— sobre los motivos que han movido al gobierno y al presidente a actuar como lo han hecho; casi todas basadas en una frase: “no había más remedio”. Que dicha frase sea cierta o no es irrelevante, pues nunca lo sabremos. El mayor y más amargo reproche que se le puede hacer a ZP es contundente: ni siquiera lo ha intentado.

De haberlo intentado, al menos hoy podría conservar el respeto de su propio electorado, ya que el de la derecha nacionalcatólica no lo iba a conseguir de ninguna de las maneras. Porque si es verdad que no había más remedio, y si es verdad que tomaba esas decisiones a disgusto porque eran imposiciones de esa mentira tan grande llamada “los mercados”, la solución digna habría sido más simple: dimitir. Y no ahora, sino hace un año, o dos, antes de encabezar esas “medidas imprescindibles”. Tampoco ha sucedido.

Ahora anuncia su marcha, pero seguirá hasta el final de la legislatura; quiere terminar de aplicar sus medidas económicas contra la crisis (¡ojú qué miedo,mare!). Zapatero, como el caimán, sigue marchándose pero por el barranquillo, arrastrando lo que queda del estado social junto a él. Seguramente este mutis “ordenado” (¿lo será?) le permitirá irse con un poquito más de dignidad que la que le queda tras las obscenas imágenes de sus dos reuniones con los cuarenta grandes empresarios de este país, previas a cada paquete de medidas “necesarias”. Pero dejará atrás a un país más pobre, más cabreado, más inseguro en todos los aspectos y, lo peor de todo y si nadie lo remedia, a merced de un partido de derechas, rancio y amarillento, que hace tiempo que se quitó la careta centrista y se dispone a hacer del país su finca particular, completamente recalificable. Ese es el peor legado que ZP va a dejarnos, por haberse olvidado de por qué se le eligió en primer lugar.

Me topo justamente ahora con un párrafo de Ramón Lobo que suscribo:

El lector está harto de Zapatero por razones evidentes: ha sido un mal presidente con aciertos. Algunas necrológicas políticas que se han escrito sobre él rastrean en el personaje misterioso. ¿Dónde está lo velado cuando el todo está a la vista?


El lector está harto de Mariano Rajoy, el desmemoriado, el que no recuerda sus negociaciones con ETA, ni sus patrañas oportunistas con el 11-M, ni sus ataques a policías y jueces porque nunca fue capaz de decir: lo siento, nos equivocamos.


Salimos de uno y nos metemos en otro. Solo de pensar en los Camps y compañía se me ponen los trajes como escarpias. Esta clase política se merece una enorme abstención, o un enorme voto en blanco. No se salvan ni por los verdes.

Mañana hablaremos de primarias y de elecciones.

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