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Todología con bigote
Reflexiones sobre Fukushima (I), por Carlos Serra Giráldez

Cedo el espacio hoy a mi amigo Carlos Serra, Ingeniero Industrial especialista en energías renovables, que ha querido compartir sus impresiones sobre el desastre que está azotando Japón y que debería hacernos plantearnos muchas cosas. Les dejo con él; la primera parte se publica hoy, la segunda mañana.

Sevilla, 13 de Marzo de 2011. 13:00

Hoy es un día que llevo no mucho tiempo esperando, que no deseando.

Acorde a las leyes de la estadística, y como no podía ser de otra forma, otra central nuclear ha entrado al tiempo en una espiral de problemas difícil de solventar. Esta vez no se trata de una instalación nuclear mal diseñada, sin contención y con operarios pobremente entrenados de un rincón de la decadente Unión Soviética de 1986. Hoy presenciamos como, y cito palabras textuales de Angela Merkel, primer líder del mundo en tomar nota de los sucesos para una reflexión colectiva, un país que a pesar de ser altamente desarrollado, puntero en tecnología y que cuenta con con altos estándares de seguridad y normas muy estrictas respecto a sismicidad, está viviendo el que podría ser el peor accidente nuclear de la historia.

Japón ha diseñado sus reactores para aguantar un terremoto de magnitud 7,5, pero el acaecido hace pocos días fue de escala 8,9; es decir, unas 320 veces mayor (la escala Richter para medición de la magnitud de un terremoto es logarítmica, no lineal). Tampoco creo que las centrales hubiesen sido diseñadas para resistir la ola de 10 metros de un tsunami, toda vez que los reactores se encuentran a muy pocos metros del Océano Pacífico,una gran irresponsabilidad. El que un accidente de estas características se pueda volver a repetir debido a las “excepcionales” circunstancias que lo han rodeado es algo sobre lo que no me interesa reflexionar, puesto que YA ha ocurrido, no es ciencia-ficción… y lo peor probablemente está por llegar. La cuestión se reduce, desde mi punto de vista a dos aspectos:

1) ¿Qué consecuencias tendrá este cataclismo en el Oceáno Pacífico y sobre una ciudad de 30 millones de habitantes a escasos kilómetros (no más de 250) de la central como es Tokyo, uno de los principales nodos económicos del mundo?

2) ¿Cuánto habremos de protestar para cerrar las otras 440 centrales nucleares operativas en el mundo que no proporcionan más que el 6% de la electricidad mundial?

Respecto a la primera pregunta, y a pesar de la tradicional opacidad de la industria nuclear sea esta japonesa, española o francesa, sabemos que las autoridades japonesas admiten como cierta la fusión parcial del núcleo del os reactores números 1 y 3 de los seis con los que cuenta Fukushima, lo que indica que la temperatura en su interior no hace sino aumentar y que los pobres operarios presentes en la zona de la hecatombe poco pueden hacer para refrigerar la contención de ambos reactores. Nos enfrentamos pues a un escenario tipo “Síndrome de China”. También se admite como cierto por parte de las autoridades problemas en al menos otro reactor de la central. Existen informes que hablan de fusión parcial en ya 4 reactores, pero por ahora los trato con cautela. Por supuesto ha habido fugas, venteo de gases radiactivos, un explosión en el edificio civil del reactor 1 y muchos otros eventos que tardaremos en saber con detalle, y es que la empresa concesionaria de la central, TEPCO, posee un extenso historial de manipulación y engaño sobre los eventos ocurridos en Fukushima.
En 2002, el presidente de la empresa fue obligado a renunciar junto con otros cuatro importantes ejecutivos tras asumir la responsabilidad por falsificar los informes de la planta. La compañía fue sospechosa de 29 casos que involucraban documentos falsificados de reparación en reactores. Y tuvo que paralizar las operaciones en cinco reactores, incluyendo los dos dañados en el último temblor, para inspecciones de seguridad hasta 2005. Recordemos que reconocer que sería necesario introducir medidas adicionales de seguridad en una central de 40 años de edad es limitar su rentabilidad, y TEPCO es sólo una empresa que busca maximizar el beneficio, no olvidemos quien gestiona en el mundo este tipo de instalaciones y como reaccionan ante este tipo de crisis: con ocultismo y tratando de minimizar las consecuencias.

Con este historial en mente, soy de la opinión de que lo peor está por llegar y que probablemente asistiremos a la fusión de al menos un reactor, muy probablemente dos, con lo cual se garantiza que el material radiactivo se esparza a los acuíferos de la zona y por tanto a todo el Océano Pacífico. Sería sin duda el peor evento nuclear de la historia, y nótese que no digo “accidente”, puesto que un accidente es inevitable. No creo probable una explosión del reactor número 1, pero no pondría la mano en el fuego sobre el resto ni sobre otras fusiones incontroladas en otros reactores. Por otra parte, existe otra central nuclear con problemas en las proximidades de la cual apenas se habla, pero también se plantean problemas en la refrigeración del núcleo de algún reactor. Mi opinión, a la vista como digo de los confusos datos de que disponemos, es que nos vamos a encontrar ante el peor evento nuclear de la historia, dejando en comparación a las explosiones de Hiroshima y Nagasaki como “petardazos fuertes” y a la catástrofe de Chernóbil como “una central que explotó y se ha podido tapar”. Será poco probable que el reactor fusionado de Fukushima sea confinado.

Respecto a la segunda pregunta, todo el mundo se está movilizando en una u otra dirección. Por supuesto, creo que el tan cacareado renacer nuclear será cortado en seco y los partidos verdes obtendrán un tremendo respaldo en los próximos meses. El espectro nuclear se agita y la gente teme sus consecuencias. Es de esperar una declaración unánime por parte de las autoridades europeas y los planes de construcción de nuevas nucleares serán congelados “sine die” en muchos países. Muchas personas pedirán el cierre progresivo y efectivo de las nucleares de su país y otros muchos, entre los que me incluyo desde hace veinte años, pediremos el cierre para mañana mismo basado en su factibilidad técnica.

¿Entonces, podemos cerrar las nucleares españolas? ¿Tanto dependemos de ellas?

Recordemos que las centrales nucleares de España, como puede ser comprobado en la web de Red Eléctrica de España, producen aproximadamente el 22% de la electricidad española en un momento en que las centrales de gas de ciclo combinado (los mayores productores con el 23% de la tarta eléctrica en 2010, pero que registran puntas diarias del 50% y que se adaptan en cuestión de minutos a la demanda eléctrica) están más que infrautilizadas. Mientras que las nucleares trabajan a un altísimo porcentaje de utilización y no dan más de sí, las centrales de gas apenas llegan a funcionar para cubrir costes. La demanda de potencia punta en España está en torno a los 45.000 MW, pero tenemos más de 97.000 MW de potencia instalada. Mientras tanto, durante el año 2010 las energías renovables aportaron el 35% de la electricidad española y continúa creciendo la potencia renovable instalada, de tal forma que desde el año pasado ya exportamos electricidad a Francia. Como todos sabemos, aún no se ha acometido un plan serio de ahorro energético en España.

Con esto quiero decir que a día de hoy es técnicamente posible apagar mañana mismo todas las centrales nucleares operativas de España, sin que la red eléctrica se resienta lo más mínimo, máxime cuando la mayoría de las centrales están más que amortizadas y no contribuyen a abaratar el precio de la electricidad debido a un perverso mecanismo de fijación de precios de la electricidad que ha sido denunciado hasta por la Comisión Nacional de la Competencia. En resumen, no necesitamos contar con las nucleares españolas ni por razones técnicas ni económicas.

En adición, recordemos que la central nuclear de Garoña es muy similar tanto en tecnología, como en potencia y edad, a la de Fukushima.


Carlos Serra Giráldez.

Ingeniero industrial por la Universidad de Sevilla. Escogí el camino de especializarme en energías renovables, campo en el que trabajo desde hace siete años, debido a la evidencia de que el modelo energético actual basado mayoritariamente en la quema de combustibles fósiles y fisión de minerales radiactivos es insostenible, peligroso, caduco y muy caro.

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