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Todología con bigote
¿Y quién nos defiende de los periodistas sectarios? (XIII)

Hoy hablaremos de algo bueno del periodismo patrio, dejando las quejas para el final.
Partamos de aquí:

¡Extra, extra! Una periodista ha hecho su trabajo! (artículo de Delia Rodríguez en la edición digital de El País)

Entrevista de Ana Pastor a Mahmud Ahmadineyad en Los Desayunos de TVE.

De vez en cuando (cada vez menos), en España va un periodista y hace su trabajo, es decir: busca dónde está la noticia, se va hasta allí a recogerla, indaga, busca, pregunta, analiza y, finalmente, escribe. En la televisión este último paso se lo salta uno, porque habitualmente el desarrollo y la presentación de la noticia se producen mientras ésta se recoge.

Una entrevista también es una noticia, o debería serlo. En España casi nunca lo es, porque los periodistas patrios suelen limitarse a hacer al entrevistado una serie de preguntas más o menos complacientes, salpicándolas con un par de cuestiones aparentemente más afiladas, pero que en realidad sólo sirven para disimular; cuando el entrevistado no las responde o lo hace con evasivas, el periodista continúa sin regresar al tema.

En la entrevista, el protagonista es —disculpen la perogrullada— el entrevistado; pero para que sea una noticia digna de ese nombre, es el periodista quien debe conducir al entrevistado por los caminos necesarios hasta conseguir que responda a lo que se le pregunta, o bien a ponerse en evidencia si rehúsa hacerlo. Y de lo incisivo que el periodista sea, de la elección de los temas, del tesón que le ponga éste para sonsacar la información y, por qué no, de la picardía que demuestre, dependerá que el resultado de la entrevista sea bueno. Es decir, que, efectivamente, alcance la categoría de noticia. Y en nuestro país, donde lo habitual es que la prensa acuda aborregada a las llamadas “ruedas de prensa sin preguntas” o utilice la lengua para cosas distintas que para preguntar, las verdaderas entrevistas son desgraciadamente muy escasas.

En los últimos años sólo unos pocos nombres han conseguido que veamos eso de otra manera. Y entre ellos destaca la periodista Ana Pastor, de amplia y reconocida trayectoria en Televisión Española. Se empezó a destacar moderando un peliagudo espacio, 59 Segundos, donde el ego de la mayoría de los contertulios superaba con mucho el peso de las neuronas de éstos. En muchos programas era precisamente Ana Pastor la que conseguía sacar el debate adelante a pesar de las limitaciones del formato. Ya en este espacio empezamos a ver entrevistas a personajes relevantes de la actualidad política que, habitualmente, tenían relación con los temas candentes del momento —y ahora discúlpenme el lugar común, gracias—. Posteriormente trasladaron a la periodista a La 2 Noticias, con la difícil papeleta de mantener un formato popularizado por el tándem Lorenzo Milá-Fran Llorente, con una audiencia no muy alta, pero desde luego muy fiel.

Pero donde realmente ha despegado Ana Pastor como la gran periodista que es ha sido en el siempre complicado espacio Los desayunos de TVE, donde precisamente la entrevista al personaje relevante es el plato principal. Y Pastor no se ha andado con chiquitas, imponiendo un ritmo y un estilo a sus entrevistas del que deberían aprender muchos periodistas de este país, sobre todo algunos que van de guruses de la profesión, con patas de gallo y peinando canas, pero que hace tiempo que “se apartaron de la fe verdadera”1. Ana Pastor es insistente pero tranquila, tiene herramientas suficientes para conducir al entrevistado por donde quiere, se niega en redondo a abandonar un tema si considera que no se ha dicho lo suficiente, y consigue eso que describíamos arriba de obtener la información, a veces a costa de alterar a su entrevistado de tal forma que, sin querer, éste responde a lo que se le preguntaba aunque sea por su actitud al intentar no hacerlo. Le pasó, en una entrevista ya mítica, con Esperanza Aguirre, mujer acostumbrada a las lisonjas y que lleva fatal lo de la crítica. Y le ha vuelto a pasar hoy con un personaje mucho más controvertido, Mahmud Ahmadineyad, presidente de la República Islámica de Irán y personaje estrella, aunque por otros motivos, de Muchachada Nuí. Ahmadineyad no es, técnicamente, un dictador, pero viene a estar un escalón por debajo, dado el tipo de régimen que preside. Por sus obras ya lo conocemos y es obvio que domina el arte de la autopropaganda, por lo que entrevistarle se convierte automáticamente en una labor harto difícil salvo que se tengan muchas tablas, como es el caso.

No voy a contar detalles de la entrevista (tienen el enlace arriba) y me voy a limitar a recomendarles que la vean, que la escuchen muy bien, porque son treinta minutos bien gastados. En ellos Ana Pastor vuelve a dar un ejemplo de cómo un periodista ha de buscar sus noticias y hacerlas relevantes, importantes. Que se sepa que ahí hay una persona que ha podido poner en un aprieto, por pequeño que sea, a un tipo muy peligroso. Y lo ha hecho en su propia casa.

Y ahora viene la queja, que para algo esta sección tiene ese título. Hoy no he podido ver las reacciones de la prensa digital hasta bien entrado el mediodía, por lo que todo lo que se tenía que decir ya estaba dicho. Esta mañana se ha producido un acontecimiento periodístico en una cadena de televisión pública, y los medios se han hecho eco de ello, pero para centrarse en un sólo detalle.

[Insertando pausa dramática]

El pañuelo.

[Nueva pausa dramática. ¿Ya lo han leído? Bien, sigamos]

El pañuelo. El puto pañuelo. Treinta minutos de entrevista, treinta minutos de cabrear al personaje, treinta minutos de tensión ante las cámaras, y sus compañeros de profesión destacan que durante la entrevista se le resbaló el pañuelo de la cabeza, en un país donde —oh sorpresa— esa prenda es religiosamente obligatoria para las mujeres, hasta el punto de que las pueden apalizar si no lo llevan. ¿Qué esperaban, que los guardias de la decencia, que el propio Ahmadineyad, saltaran de su asiento y empezaran a canearla por haber mostrado su morena melena? ¿De verdad ese era el titular a poner —con profusión de secuencias fotográficas— para una compañera de profesión que ha ido a donde tendrían que haber ido todos ellos, esto es, a buscar la noticia ?

Pues Ana Pastor lo ha hecho. Y los demás hablan del pañuelo.

Los que leen este blog regularmente, y los que me conocen en persona, saben perfectamente que suelo tomarme con mucha cautela los fantasmas de género, y que intento no caer en la demagogia fácil cuando de esos temas se tratan. Me ha valido muchas discusiones, algunas muy bizantinas, pero al final siempre nos hemos entendido bien, porque no todas las cosas tienen un trasfondo sexista, aunque siempre pueda parecerlo.

Y en este caso no lo parece, sino que lo es. Porque más claro no ha podido ser. Busquen si quieren la envidia profesional, busquen si quieren una forma por parte de la competencia de degradar o minimizar el trabajo de alguien que te ha ganado por la mano. O busquen, si quieren, una razón de vergüenza propia porque alguien está haciendo el trabajo para el que una vez ellos con ilusión y vocación se formaban, antes de entrar en el panteón de los plumillas zombis y agotados. Pero busquen lo que busquen, incluso si lo encuentran, todas estas razones se engloban en una: Machismo.

Porque, francamente, no me imagino un titular con fotos de El Mundo o El País si, pongamos, Larry King o Pedro Jota (dos ejemplos en modo alguno comparables) entrevistasen a, un poné, Hu Jintao, y se les cayera uno de los tirantes por el hombro mientras les hacen las preguntas. O si se les deshiciera el nudo de la corbata. O incluso —y eso pasa mucho— si Pedro Piqueras está al aire libre y el viento le levanta la sábana capilar al aire.

Y por eso, en el yermo periodismo patrio, empezamos a ver claras las diferencias entre la minoría encabezada por Ana Pastor —esto es, los periodistas— y “los demás”, que vienen a ser los que dirigen medios de comunicación. Esto es, los periodistas sectarios. Porque el sexismo es una de las formas más zafias de sectarismo que existen.

Mi esperanza —ingenua, como siempre— es que Ana Pastor y los pocos que se atreven a seguir su ejemplo, crezcan y se multipliquen para que puedan ser ellos los que acaben defendiéndonos precisamente de esos periodistas sectarios. Quizá ellos no sean conscientes, pero con entrevistas como la de hoy o como la de Esperanza Aguirre, eso es exactamente lo que están haciendo: defendernos.

1 Frase cojonuda de Belloq (Paul Freeman) a Indiana Jones en En Busca del Arca Perdida hablando de arqueología.

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