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Todología con bigote
El sapo

Disculpen que hoy les traiga algo que no es mío, pero acabo de leerlo y quería compartirlo con ustedes. A estas alturas ya no me sorprende que alemanes y españoles seamos, en muchas cosas, tan parecidos, pero todavía existe una gran diferencia: a los alemanes aún les queda espíritu crítico más allá del hooliganismo político.

El texto es de Hellmuth Karasek, periodista alemán, profesor en la Universidad de Hamburgo, antiguo co-editor del Berliner Tagesspiegel y hoy colaborador en Die Welt.


Acerca de tragarse sapos

Una de mis fábulas favoritas (¿o es una parábola?) es aquella de los dos labradores suabos1 que un domingo, después de la lluvia y con una espléndida tarde de sol, salen juntos a pasear por el camino que atraviesa sus campos.

Mientras pasean ven en medio del camino un gran sapo, al que la lluvia y la humedad han traído hasta allí. Los dos lo observan, de pie delante de él. Y el primer labrador, llamémosle Eugenio, le dice al segundo, al que llamaremos Juan:

— ¿Ves a ese sapo que está ahí agachado?

— Sí —dice Juan.

— ¡Si te comes el sapo ahora, te doy un marco! — continúa Eugenio

Un marco, en el tiempo en que transcurre esta historia, era mucho dinero, especialmente para los campesinos suabos. Así que Juan hace de tripas corazón, reúne todo su valor, levanta el sapo y lo devora, y recibe el marco de Eugenio.

Los dos continúan andando en silencio; unos veinte minutos después, a eso de un kilómetro, encuentran a otro sapo gordo y repugnante en medio del camino. Juan, que se ha tragado el anterior, guiña un ojo a Eugenio, que acaba de darle por aquello un marco. Y le dice:

— Si tú te comes ahora ese sapo de ahí delante, te doy también un marco.

Eugenio le mira, observa al sapo grande y seboso, reúne todas sus fuerzas y su valor, agarra al sapo, se lo mete en la boca, lo mastica y con dificultad se lo traga. En un momento ha desaparecido el sapo.

Juan le da silenciosamente el marco. Ambos siguen caminando. Sin hablar. Ambos ocupados en la digestión del sapo.

Tras veinte minutos y también cosa de un kilómetro después, se para Eugenio, se vuelve hacia Juan y le dice:

— Oye, ¿por qué nos hemos tragado el sapo?

Es una buena pregunta, sobre todo en una tarde electoral como la de este domingo.

Este artículo lo publicó Karasek el 18 de septiembre de 2005, día de las elecciones generales en Alemania que desembocaron en la salida de Gerhard Schröder de la cancillería y el establecimiento de la “gran coalición” entre SPD y CDU/CSU, por la que Angela Merkel se convirtió en jefa del Gobierno.

1 Los suabos, habitantes de Suabia (Schwaben), región del suroeste de Baviera, vienen a ser el equivalente a los leperos en los chistes de este país, aunque desconozco si Karasek tenía esta intención en el artículo.

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