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Todología con bigote
En la Villa Olímpica

Hará cosa de un par de meses visitamos, así en plan turista perdido, la Villa Olímpica (Olympisches Dorf) de Múnich, construida para los Juegos de 1972 y de triste recuerdo, por ser el lugar donde el grupo terrorista Septiembre Negro secuestró y masacró al equipo de Israel al completo. Pero no es de este hecho del que quería contarles cosas.

Ya había estado en la Villa algunas semanas antes, al dar un pequeño rodeo para regresar al trabajo después de una excursión por las cubiertas del Estadio Olímpico. Eran sobre las diez de la mañana y el lugar estaba casi vacío, bajo un cielo de nubes grises y trozos de azul, pero sin lluvia, y en casi total silencio en algunos puntos, excepto por el chirrido de las ruedas de la bicicleta del cartero. En la segunda ocasión, de la que salen estas fotos, nos encontramos con un cielo azul y un sol espléndido, de pleno verano, por lo que las impresiones y los colores fueron ciertamente distintos.

Munich, Villa Olímpica
La Villa Olímpica de Múnich es un producto directo de aquél despiporre posmoderno que azotó la arquitectura de los años setenta y de la cuál hay terroríficos enxiemplos en las grandes urbes como Madrid. Se trata de un complejo de enormes edificios de forma semi-piramidal, con anchísimos balcones repletos de flores y, aparentemente, pocas entradas de luz en las estancias más allá de algunas ventanas en las paredes laterales. Las calles del barrio se construyeron a distintos niveles y es necesario en ocasiones subir o bajar unas rampas, o bien unos pocos escalones para pasar de una calle a otra, e incluso para atravesarla de punta a punta por su arteria principal. Dado que toda la construcción se hizo desde cero en una explanada desierta, en lo que entonces eran las afueras de la urbe, suponemos que se hizo así con intención y no por posibles desniveles en el terreno.
Munich, Villa Olímpica

La Villa es una zona con un nivel de vida muy alto y de viviendas, por lo que se ve, muy caras. En no pocas de ellas tienen su consulta médicos, abogados y asesores fiscales; seguramente las tres profesiones mejor pagadas en Alemania.



Enfrente de estos armatostes se encuentra un sistema de bungalows que hoy se utilizan como alojamientos para estudiantes de la Universidad, y que entonces se usaron para alojar a las mujeres atletas que compitieron en los Juegos. Se trata de unos edificios de no más de dos plantas, estructura de paralelepípedo interminable y situados igualmente a un nivel más bajo, incluso, que la calle principal, lo que permite ver el tejado, que está cubierto de vegetación. Aunque en la actualidad se están reformando por fuera (incluyendo la reconstrucción de algunos de ellos), el contraste es más que evidente. Sin embargo, y a diferencia de lo que sucede en muchas ciudades, ambas zonas no están separadas por barrera física alguna; no hay vallas o verjas, no hay cancelas blindadas.

Munich, Villa Olímpica
Los dos barrios, pequeñas ciudades, van a confluir al mismo sitio: una pequeña plaza comercial recargada de locales de todo tipo y para todas las necesidades. En dicha plaza se reconcentran al menos cinco sucursales bancarias y dos grandes supermercados, uno frente al otro, a los que se accede por una galería que separa los dos altísimos edificios (unas 22 plantas), muy parecidos a los del desarrollismo costero ibérico y más aproximados al concepto colmena que los de la avenida principal. Se nota que la gente de este lado tiene condición más humilde, y también la zona se aprecia más gris y bastante menos acogedora, aunque, todo hay que decirlo, el barrio principal tampoco es que sea una fiesta de receptividad.
Munich, Villa Olímpica
La Villa, en fin, se remata con otro edificio mazacotesco de figura irregular, que sirve de muralla exterior y separa el lugar de la estación de metro de la línea 3. Es más o menos en ese punto donde la afluencia de personas empieza a hacerse considerable, puesto que la calle que a dicha estación lleva hace una especie de embudo que en las horas punta termina de configurar el rostro cuasi-distópico de un lugar aquejado de un mal entendido ultramodernismo.

Si alguna vez se acercan a Múnich yo les recomendaría que se hagan un pequeño hueco para esta visita. Ni siquiera tienen que hacerlo aposta, basta con que la incluyan en el casi obligado viaje al Olympiapark (éste sí, altamente recomendable) y luego, antes de refugiarse en su hotel, desvíense un poco a la vuelta para atravesar esta miniciudad de Oeste a Este. Puede que les pille un día nublado, pero no importa: verán que la sensación es muy atrayente, de esas que le erizan a uno la piel con eso que se llama mal rollito.

Munich, Villa Olímpica
Si van temprano, cuando la gente está trabajando y la Villa se queda bajo mínimos, colóquense en una posición que les permita ver los edificios completos, en perspectiva, entornen los ojos, e intenten imaginarse una película de aquellas futuristas, apocalípticas, donde las coloridas flores de los balcones han desaparecido y han sido sustituidas por la yedra que repta por las paredes, donde esa estructura metálica amarilla y azul que recorre la Villa de lado a lado ha perdido su color y presenta desconchones en la pintura, y donde el ruido más ínfimo resuena en mitad del silencio como si algún superviviente estuviese buscando refugio entre posibles escombros.

Se sorprenderán de lo fácil que resulta imaginárselo en un lugar como éste, que incluso al construirse estaba fuera de su tiempo y que hoy, cuarenta años después, sigue pareciendo que no pertenece, en realidad, a tiempo alguno.

Más fotos aquí. He saturado adrede los colores, de manera muy exagerada y dentro de las limitaciones que tengo, con el fin de acentuar precisamente esa sensación irreal que me produjo estar allí metido, a pesar del espléndido día. Si lo he conseguido o no, deben decidirlo ustedes :-)

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