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Todología con bigote
Pase lo que pase... ¡pero que pase!

Actualización: pues pasó. :-D

Pase lo que pase, mañana no escribiré aquí sobre el Mundial ni sobre fútbol. Ha pasado un mes en el que, principalmente en twitter, he (hemos) hablado casi sin parar de un evento que me (nos) tiene parado ante la pantalla del televisor aunque el resto del año (de los años) no haga caso al fútbol más que para mirar la tabla de resultados y desesperarme con el Betis o alegrarme con el Barsa. En un mes en el que no he escrito nada en este cuaderno, solamente un partido de fútbol incrustado en ese Mundial ha conseguido que les vuelva a redactar un ladrillo que tiene más de personal que de deportivo. Hoy termina por fin, y los que odian el fútbol profesional a muerte podrán respirar tranquilos un ratito.

Pase lo que pase, esta noche habrá un nuevo campeón del mundo, un equipo que nunca lo ha sido antes. Se dice que a una de las selecciones, Holanda, se le debe un mundial, pero no creo que sea a ésta. Se dice que a la otra, España, la Historia le ha sido esquiva, y ahora tiene la oportunidad de reírse de ella. Dicen que para los primeros no ganar será un fracaso mayúsculo, y que los segundos ya han ganado, pase lo que pase.

Pase lo que pase, mañana los periódicos hablarán de la Historia, de la épica, de la furia, de los héroes, y de todas esas cosas que trasladan a los campos mitológicos a un grupo de chavales (porque uno llega a esa edad en la que los ve como chavales) que, independientemente de que cobren una pasta y no sepamos si odiarles por ello, se vuelcan en lo que hacen y viven cada patada del balón como un hito en su trabajo; pues sigue siendo su trabajo, lo que saben hacer y por lo que reciben la atención de miles de millones de personas.

Pase lo que pase, dicen los jugadores, dicen los aficionados, dice la prensa, dice la radio, dice la tele, dice internet. Pase lo que pase. Pero lo dicen con la boca pequeña, con el hilillo de voz de quienes no acaban de creerse del todo lo que están viendo, con esa mirada ladeada del que intenta contener la euforia, sin conseguirlo, y del que se avergüenza de mostrar una ambición desmedida para que el golpe de una posible decepción pueda entrar con sordina. Aunque todos saben (sabemos) que la ambición no puede esconderse y que la decepción no hay tirita que la cierre. Y ahora que se ha llegado, quieren (queremos) más: Queremos el premio gordo, queremos poner las manos en las caderas al llegar a la cima. Queremos la Copa.

Pase lo que pase, dijeron (dijimos) al pasar a semifinales. Pase lo que pase, dijeron (dijimos) al pasar a la final. Pase lo que pase… ¡pero queremos que pase!

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