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Todología con bigote
Flexibilidad Laboral

Hoy toca cabreo.

Una de las cosas que siempre me ha maravillado, en el peor sentido de la palabra, de España, es que se permite al gran empresario cometer barbaridades de gran calibre sin que le pase nada, si le pasa, hasta por lo menos varios años después. Ruiz-Mateos y Mario Conde han sido los únicos a los que, aproximadamente, les han dado p’al pelo de forma contundente, y no eran precisamente los peores.

Cuando el presidente de la CEOE, ese señor para el que pagar a sus empleados resulta una molestia progre, y para el que cumplir con la Seguridad Social es poco menos que una veleidad castrista, dice, o consiente por boca de otros, que el problema en España es que se despide poco y caro, me dan ganas de sacarme un zapato, quitarme el calcetín sudado e incrustárselo donde más asco pueda darle. Últimamente en twitter cuando “concedo” (permítanme la boutade) el premio jeta de cemento del día o de la semana, siempre es alguien de la CEOE quien se sitúa en las primeras posiciones para obtenerlo. O el gobernador del Banco de España. O algún que otro presidente de consejo de administración que tiene más de conseguidor que de gestor y por eso está donde está. Y lo peor es que para mucha gente, con más maldad o egoísmo que seso, cala el mensaje de que, en el fondo, la culpa de la crisis reside en lo caros que son los trabajadores. Tras varias reformas laborales, más una “in progress”, a nadie se le ocurre darles un cate (o un par de latigazos) a los grandes empresarios.

Yo propongo lo siguiente para el señor Díaz Ferrán y sus colegas: que el Estado investigue cómo obtuvieron sus empresas o su patrimonio y que se decida si fue por su trabajo y su esfuerzo durante años, o bien gracias a concesiones estatales, sean de este régimen, sean del anterior. Si se trata del segundo caso, expropiación inmediata de todas sus participaciones en empresas, con indemnización mínima o nula, embargo del patrimonio (incluyendo cualquier tipo de pensión que se hubieran garantizado) hasta la cantidad necesaria para resarcir todas las deudas pendientes, por supuesto con sus correspondientes intereses de demora. Revertimiento al Estado, con caracter inmediato, de cualquier tipo de inmueble que se le hubiera podido ceder y rescisión automática de cualquier contrato de prestación de servicios, independientemente de la duración que tenga y con compensación máxima de seis meses. Una vez hecho esto, se les da de alta en el INEM con el subsidio mínimo y se les obliga a hacer cursos de reciclaje hasta que algún empresario les contrate, que con la edad que tienen seguro-seguro que no han de esperar mucho. Ah, la jubilación: cobro de pensión no contributiva, visto que lo de pagar a la Seguridad Social no se les ha dado demasiado bien, y alojamiento dorado en alguna de las residencias semipúblicas de la Comunidad de Madrid, que la cojonuda Espe las tiene como los chorros del oro.

Y cuando acaben con ellos, que empiecen con el ínclito MAFO, del Banco de España y ciertos tertulianos de boca muy ancha que pueblan radios, televisiones y diarios digitales: Recorte directo de sus sueldos hasta el salario mínimo interprofesional, con algún complemento por hijos a su cargo (jiasjias) y despido automático sin indemnización ni paro, ya que ninguno de ellos tiene suficientes méritos como para estar en su actual puesto de trabajo. Sobre todo el del Banco de España, ese que tan alegremente dice que usted o yo cobramos demasiado.

Lo que se me ocurre para Pedrojeta por sus becarios que no son becarios, por otra parte, es demasiado fuerte como para no ganarme una demanda. Dejémoslo así.

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