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Todología con bigote
Los de Correos, los de Correosssss...

Mi amigo Enrique J. me permite fusilarle la siguiente historia real. Tan real como que le pasó a él hace un par de días. Oro en barras, se lo digo yo.

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Sábado, 11 a. m. Oficina de correos.

Tras coger número y hacer la correspondiente fila (que tampoco era mucha):

- Buenos días, me gustaría enviar esta caja de vinos.

La caja es de cartón con cuatro botellas de vino del Somontano en su interior embalada por la bodeguera para su trasporte. Mi intención es reenviarla tal cual la he recibido de otra empresa de transportes.

- Lo siento pero no podemos mandar ningún paquete con publicidad.

- ¿Qué publicidad!

- Los nombres que aparecen en el embalaje.

- Ajá… “eso” es publicidad… Pues vaya.

- Vamos, que tiene que envolverla pero, si quiere, nosotros vendemos papel de envoltorio.

- Bueno, está bien: deme papel de envoltorio.

- Aquí lo tiene. Lo puede envolver en esa mesa, después vuelva a coger número.

Un envoltorio después…

- Hola, otra vez. Ya está. ¿Así mejor?

- Falta la dirección de envío.

- (Mi cerebro elucubra: ¿para qué hay que poner la dirección si es un paquete y ellos le van a poner una pegatina?). Ya. Bien. Espere.

Una dirección de envío después…

- Ya está: la dirección de envío.

- Falta el remitente.

- (Joooder.) Espere.

Una dirección de remitente después…

- Hale: también tiene el remite.

- Bien. Oh, pesa más de dos kilos (lo cual, a simple vista, era evidente). Tengo que mandarlo por paquete azul. ¿Me da la dirección de envío?

- (Lo mato). Sí, tome nota: etc, etc, etc.

Pero mientras está tomando nota al nota se le enciende la bombilla.

- ¿Lo que quiere mandar son botellas?

- ¿Perdón? (Es una caja de cartón rectangular en la que pone —ponía— claramente bodegas del Somontano. Vinos Irius. y cuando la manipulas hace glup, glup, glup). Sí, claro que son botellas.

- Entonces estoy en la obligación de advertirle de que si durante el transporte las botellas se rompieran usted tendría que correr con los desperfectos ocasionados por el vertido del líquido.

- ¿Cómo que si “se rompieran”?

- Pues que si durante el transporte…

- Sí, sí: le he entendido. Lo que quiero decir es que las cosas no “se” rompen; si acaso las rompe alguien. Lo que no entiendo es por qué debo yo correr con el resultado de la torpeza de ustedes.

- Es que las botellas deben ir en un embalaje adecuado…

- Adecuado a qué, son botellas, si les dan un golpe se romperán.

- Nosotros podemos venderle unas cajas especiales de transporte para botellas.

- ¿Cómo son esas cajas?

- Pues tenemos para una botella y para tres.

- Ya. El problema es que yo quiero mandar CUATRO.

- No vendemos embalajes para cuatro. Es que, de hecho, no se fabrican para cuatro. (el pavo, además, me mira raro: ¡un número par!, ¿a quién se le ocurre?)

- Pues es que yo quiero mandar cuatro porque la caja es de cuatro. Es un detalle y me gustaría mandar esta caja de cuatro vinos.

- Hombre, si está bien envuelta…

- Es que no sé si está “bien envuelta”. Yo sé que la he recibido de otra empresa de transportes (a la que tenía que haber recurrido en vez de venir aquí a perder el tiempo) y me han llegado en perfectas condiciones.

- En ese caso… podemos poner que es frágil pero, aún así, usted corre con los gastos…

- Sí, sí, vale, ponga frágil y terminemos con esto de una vez…

- Bien: son 9’90 con el papel de antes.

- Aquí tiene.

Diez minutos después tras haber deliberado con mi novia sobre la “advertencia” del trabajador postal decidimos que, bueno, que aunque sea cutre, mandamos sólo 3 botellas en sus cajas especiales. Volvemos a la oficina postal, cogemos número por tercera vez y hacemos, por tercera vez, cola. Y nos toca con su compañero de mesa el cual, a pesar de estar a menos de un metro (pero menos de un metro de insondable vacío en el que el sonido y la luz se amortiguan hasta desaparecer) no sabe de qué le estamos hablando.

- Buenos días, hace diez minutos hemos traído un paquete, una caja de vinos pero nos gustaría envolverlo mejor.

- ¿Me deja el papel?

- Sí, tome.

- Pero esto… (en lo profundo de sus ojos leo una palabra: incomprensión absoluta).

- Hace diez minutos hemos traído un paquete. Para enviar. Y nos gustaría cambiar el embalaje (¡por dios, es posible que no haya oído ni una sola palabra de la conversación con su compañero?).

- Ya. — y le empieza a dar vueltas al papel como si tratase de resolver un complicado jeroglífico.

- Bien.

- Pero esto…

- ¿Sí?

Le sigue dando vueltas al papel como alegoría de su baile neuronal… bailar pegados es bailar… etc…, durante unos segundos.

- Este paquete lo acaban de traer ustedes hace… diez minutos.

- (Suspiro). En efecto.

- ¿Y qué quieren?

- Queremos cambiar el envoltorio.

- ¡Pero si está bien embalado!

- (Y entonces comprendí por qué se odia. Y entonces comprendí por qué se mata…). (Más suspiro). Verá, prefiero no tener que pagar un “suplemento” porque ustedes han roto las botellas. Lo que las cubre es sólo una caja de cartón, si las golpean se romperán. Yo no sé cómo tratan ustedes los paquetes (aunque me voy haciendo una idea de que no demasiado bien).

- Hombre, no les pegamos patadas.

- ¿Y golpes?

- Bueno, piense usted que son paquetes, que se transportan… si se cae al suelo…

- Pues eso: si se les cae al suelo se romperán.

- Bueno, ¿y qué quiere?

- Quiero embalarlas en sus cajas especiales para envío de botellas.

- Bien.

- Deme, por favor, una caja para TRES botellas.

- No tenemos.

- ¿¿¿Cómo???

- Que no nos quedan, que se nos han agotado.

- … (Suspiro profundo) … Pues… en ese caso.. devuélvame el paquete que no lo envío.

- ¿No lo quiere enviar?

- Sí, lo quiero enviar pero NO con ustedes.

- Como desee… Firme aquí.

- (Firmo) ¿Y el importe?

- No, no se lo podemos devolver porque ha habido un envío y una entrega, que es lo que acaba de firmar.

- (Suspiro mucho más profundo. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez). Bien. Pues buenos días y gracias por nada.

- Buenos días.

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Actualización. El fin de la historia es como sigue:

Para más señas, y como corolario, ayer logre mandar los vinos por SEUR. La conversación fue tal cual sigue:

- Hola, quiero mandar este paquete.

- Vale. Ah, son botellas, irían mejor en unas cajas especiales que tenemos. Mira, tenemos para dos. Son 4 euros cada una.

- Bien, pues ponme dos cajas.

Un embalaje después durante el que la susodicha me ayudó.

- ¿La dirección?

- Tal y cual.

- Muy bien. El envío con las cajas son 28 euros.

- Pues aquí tiene. Buenas tardes.

- Buenas tardes.

Los 28 euros incluían la recuperación de la fe en la especie humana.

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