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Todología con bigote
Un verbo mal conjugable

cohechar
1. tr. Sobornar, corromper con dádivas al juez, a una persona que intervenga en el juicio o a cualquier funcionario público, para que, contra justicia o derecho, haga o deje de hacer lo que se le pide.

cohecho
cohechas
cohecha
cohechamos
cohecháis
cohechan

Yo creo que el problema está ahí. Cuando hace quince años comenzaron a saltar en la prensa los escándalos del PSOE y se tipificó como delito el tráfico de influencias, dos términos eran los más repetidos en prensa (esa prensa), radio (esa radio) y tv (sí, esa tv): prevaricación y cohecho. No teníamos ni idea entonces de lo que significaban, aunque inmediatamente los traducíamos por un mismo sinónimo: corrupción. Y acabamos asociándolos, casi indisolublemente, al mismo partido. La propaganda que apoyaba al otro partido hizo perfectamente su trabajo; tanto, que aún hoy día, entre mucha gente que ni siquiera vivió aquello con uso de razón, ambos términos equivalen a dichas siglas.

Es lo que tienen las leguleyeces: se inventan o se utilizan en provecho de algunos para provocar la ira de muchos y evitar, de paso, la respuesta del resto. Dado que cohecho era prácticamente un neologismo (en el sentido de que se usaba poco), era fácil que la metonimia calara. Por eso hoy, cuando se ha intentado desplazar el acto de cohechar al Partido Popular, la cosa no ha cuajado de la misma manera. Por eso y porque los medios que se dicen defensores de la legalidad y la honradez política están callados como putas en cuaresma.

¿Por qué no se usó el más conocido (y, desde luego, más directo) soborno?

Ejemplifiquemos con unos titulares ficticios:
“Camps se dejó sobornar con unos trajes”
“El bigotes sobornó a varios altos cargos del Partido Popular a cambio de contratos”
“Caso Gürtel: Sobornos a tutiplén con gaviotas de fondo”

sobornar
1. tr. Corromper a alguien con dádivas para conseguir de él algo.

soborno
sobornas
soborna
sobornamos
sobornáis
sobornan

soy/eres/es/somos/sois/son sobornado/s

Claro, es que con semejante y conocidísimo verbo, el añadir, por ejemplo, la coletilla “impropio” o incluso “pasivo impropio” ya no cuela. Ni siquiera colaría el diminutivo “cohechito”, que algún colum-listo se ha apresurado a acuñar. Porque el soborno es soborno, aquí y en Shanghai de Guadaira. Y entonces ya no sería tan sencillo para Camps, para Rajoy, para Rita o incluso para cierto juez al que la palabra “amigo del alma” no hace justicia, justificar lo que en cualquier país medianamente civilizado habría acabado con el “molt honorable” expulsado a gorrazos del sillón de la Generalitat Valenciana, en vez de ser recibido entre vergonzantes ovaciones.

Porque lo de “cohecho”, queridos votantes, aun sin saber lo que es, suena a PSOE. Pero “soborno” se entiende perfectamente, ¿verdad?

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