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Todología con bigote
Buenas noches, y buena suerte.

Continuamos con nuestra serie dedicada a las películas candidatas al Oscar de Hollywood para este año. En esta ocasión, con el primer segundo trabajo de George Clooney tras las cámaras.

“Buenas noches, y buena suerte” era la frase con la que el periodista Ed Murrow (David Strathairn) despedía su programa de noticias y entrevistas en la CBS. La frase era el colofón de un editorial hablado en el que Murrow expresaba sin tapujos sus opiniones sobre la actualidad. En torno a este personaje construye George Clooney su primera segunda película como director y, a decir verdad, no le sale nada mal.

Murrow fue uno de los pocos que se atrevieron a atacar frontalmente al senador Joseph McCarthy y a su comité de actividades antiamericanas en los inicios de la década de los cincuenta, aquel infamante organismo que, gobernado por la paranoia, envió al ostracismo y condujo incluso al suicidio a centenares de estadounidenses, simplemente por ser sospechosos de relacionarse con ideas comunistas. En este contexto, en esta época del miedo y la desconfianza, se sitúa la acción de la película y la principal lucha que Murrow y su colega Fred Friendly (George Clooney) llevaron adelante hasta conseguir la caída del temible senador.

Con buen pulso y mejores ideas, Clooney filma en un falso blanco y negro la historia de una pelea que seguro que les suena: seguridad frente a libertades. No parece casualidad que haya escogido precisamente esta historia en una época en la que la paranoia vuelve a instalarse (o, más bien, es empujada a instalarse) en nuestra sociedad. Pero no se queda ahí, sino que hace desplegar al Murrow toda su artillería vitriólica y, en poco más de hora y media, poner a caldo por igual a prensa, televisión, radio, lectores, oyentes y espectadores. Y todo ello con discursos medidos y serenos pero directos a la médula.

Ahí tenemos la virtud de la película: serenidad frente a histrionismo, reflejado esto en un formato de semi-documental que se ajusta al lenguaje periodístico que pretende transmitir. El personaje más increíble, por exagerado, es el del senador McCarthy, y la paradoja es que las imágenes y palabras que de él se muestran son de archivo, lo que prueba una vez más que la realidad no sólo supera, sino que a veces resulta más inverosímil que la ficción. En cambio es una delicia observar los movimientos, las expresiones y las miradas de David Strathairn, un secundario de lujo para películas mediocres (le pudimos ver, por ejemplo, en “La Tapadera” o en “Sneakers”) al que por fin le han dado un papel que le viene como un guante y donde puede mostrar su increíble talento. “Buenas noches, y buena suerte” rescata también a otros actores y actrices que andaban desperdiciándose en productos de segunda fila, como es el caso de Jeff Daniels, Ray Wise, Frank Langella y el mismísimo Robert Downey Jr., todos a la altura de un film que requiere algo más que ser una estrellona. El propio Clooney, que se reserva un pequeño papel como Fred Friendly, el productor de Murrow, está muy correcto a pesar de que es un personaje muy alejado de sus registros habituales.

Dos faltas pongo: la primera, que la historia queda coja, o al menos da esa impresión. Al acabar la película uno piensa que le han faltado datos intermedios o quizá una explicación más detallada de las consecuencias, pero en cualquier caso la sensación de “¿yatá?” es inevitable al aparecer los títulos de crédito. La segunda, que yo achaco al hecho de que es una “opera prima”, es la excesiva duración de los interludios, en los que una estupenda Diane Reeves pone voz (y qué voz) a una sucesión de planos sin diálogos donde se refleja el paso del tiempo y el trabajo de los profesionales de la cadena. No hubiera quedado mal el suprimir un par de ellos o bien hacerlos más cortos (yo me decantaría por lo primero), ya que dan muy bien en la banda sonora, pero acaban por distraer al espectador de lo principal.

Sumando, sin embargo, los más y los menos, el resultado es netamente positivo. Tanto es así que me atrevo a afirmar que “Buenas noches, y buena suerte” es el estreno más interesante que he podido ver en los últimos seis meses. Aunque sólo sea por el trabajo de sus actores, ya tiene ganados muchísimos y merecidos elogios. Por si necesitan un aliciente más: la fotografía, en blanco y negro falseado (y corregido después en laboratorio), es simplemente estremecedora. Combinándola con el discurso de Murrow que abre y cierra el film ya da motivos suficientes para que éste te agarre y te envuelva hasta el final. Y eso, tras los ladrillos que he visto últimamente, se agradece infinito.

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