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Todología con bigote
El principio del comienzo del inicio del fin

Estamos como estamos, es decir, como siempre. El gobierno de turno hablando del principio del fin de ETA, comunicado a posteriori de los terroristas negándolo todo y tratando de demostrar que la tiene más larga que nadie. Entre medias, una oposición (política y mediática) que a cada movimiento o noticia que pueda relacionarse con este tema aunque sólo sea tangencialmente se apresuran a exclamar lindezas como “bajada de pantalones”, “humillación al gobierno”, “claudicación ante los terroristas” y cosas peores, cuando no se acusa directamente a Zapatero de connivencia con los asesinos. Incluso con decisiones que son de exclusiva competencia judicial, ni siquiera fiscal, se aprovecha por parte de la jauría para contar a los cuatro vientos que “el gobierno excarcela a asesinos”, como el reciente caso de Henri Parot.

Es evidente que Zapatero ha tenido más de una torpeza en este asunto: no acudir, por ejemplo, al congreso de víctimas del terrorismo celebrado en Valencia. Es cierto que corría el riesgo de ser abucheado, incluso políticamente no le iba a ser rentable, pero es algo que está incluido en el sueldo y en sus obligaciones como presidente de todos. La reunión con los organizadores del congreso el viernes no le fue mucho mejor: tonterías como la que le soltó a la madre de Irene Villa no son propias ni siquiera de un político mediocre, hasta Fraga hubiera tenido más tacto.
Pero la demagogia que se ha mostrado y se muestra con este conjunto de actos es, sencillamente, repugnante. Jamás había visto un uso tan sectario por parte de la oposición del dolor de las víctimas, aprovechando la facilidad con la que se pueden encrespar los ánimos en este país. Bueno, sí, cuando asesinaron a Francisco Tomás y Valiente, circunstancia que Aznar aprovechó para atacar la política antiterrorista del gobierno del PSOE. Por cierto, un pensamiento lateral: ¿cuándo fundará el señor Alcaraz su propio partido político o cuándo se colocará él mismo en las posiciones de salida del PP? Porque se ve que la AVT se le está quedando pequeña.

La prensa tiene también mucho que ver en esto. Escuchar a Carlos Herrera, por ejemplo, diciendo todos los días esa mentira (muy calculada, por cierto) de que un terrorista condenado a cinco mil años de prisión va a salir mañana mismo, o contestándose a sus propias, retorcidas y sectarias preguntas cada vez que entrevista a alguien acerca de este asunto da mucha pena. Pena, porque en algún momento se le perdió la ecuanimidad de la que hacía gala y que aún pretende hacernos creer que tiene. De sobra sabe tanto éste como otros periodistas, políticos y jueces (incluso algún ex-ministro de Justicia) que en España: a) nadie puede cumplir más de treinta años de cárcel; b) las penas que se imponen por diversos delitos se cumplen simultánea y no consecutivamente si éstos son juzgados al mismo tiempo; c) las leyes jamás tienen efecto retroactivo salvo que con ello se beneficie al reo, por lo que en ningún caso Parot podría cumplir 40 años de prisión (aunque se merezca eso y mucho más) y d) existen precedentes y jurisprudencia para que se haga lo que se iba a hacer, y los abogados de estos criminales lo sabían e hicieron uso de ello, igual que podríamos hacer uso usted o yo de haberse dado el caso. Ahora se ha podido, mediante una vía de escape legal referida a la aplicación de las redenciones de pena, evitar una excarcelación que, se produzca cuando se produzca, siempre será demasiado temprana, pero ha tenido dos consecuencias: que ha sentado doctrina al respecto (por cierto, ocho años tuvo el PP para que esto sucediera, y en ese tiempo, si no he leído mal, doscientos etarras salieron a la calle gracias a los beneficios penitenciarios, entre otras cosas) y que está, a mi entender, tan cogido con pinzas que vamos a ver si los abogados de estos elementos no encuentran un resquicio legal para recurrir al “consti”, lo que sería un golpe mucho peor, ya que pondría (otra vez) en entredicho la efectividad de la Justicia. Mucha prisa veo aquí para algo que se debía de haber hecho hace años… y no me creo que resulte tan fácil de un día para otro.

Para terminar me hago la siguiente pregunta: ¿debe compartir Zapatero la información que pueda tener sobre el posible fin de ETA? Se le ve muy seguro, o bien está haciendo un acto de fe excesivamente grande para el laicismo que se le atribuye. En mi opinión debe tomarse siempre la vía de la prudencia, tal y como se ha estado haciendo desde hace dos décadas: en la resolución de un problema como éste, el tira y afloja que ha de llevarse a cabo requiere que no se hagan alardes más allá de los estrictamente policiales o judiciales. Un exceso de información al público podría dar al traste con muchos logros obtenidos hasta ahora, y eso es algo que sabían todos los gobiernos que hemos tenido. La información a los líderes parlamentarios, empezando por Rajoy, debería ser por otro lado clara y constante, como primer mecanismo para recuperar la unidad que parece perdida entre los dos grandes partidos. Ahora bien, yo me pongo en la piel del presidente, de quienes dirigen la lucha antiterrorista y de quienes se han visto sistemáticamente insultados por las cabezas visibles del PP (todavía no he conseguido averiguar quién es el que realmente manda en ese partido) y me asaltarían dudas más que razonables sobre el uso que estos señores fuesen a hacer de la información que, como presidente, tendría obligación de compartir con ellos. Es como para pensárselo. Aún así, creo que Zapatero debería de ser valiente y hacerlo. Concediendo el beneficio de la duda, qigo yo que ni siquiera un miserable como Acebes sería capaz de dar la vuelta a esa información para usarla como arma arrojadiza contra el PSOE, aun a costa de mandar al garete todo lo conseguido en los últimos diez años. Del trepa de Zaplana, ya ven, no estoy tan seguro.

Mi última reflexión es que no sé si esto es realmente el principio del fin de ETA, pero hace ya tiempo que me quedó claro que no se va a conseguir por la vía exclusivamente policial. Va a ser un proceso largo y que, guste o no, acabará con la reintegración de Batasuna (posiblemente bajo otro nombre) a la vida política vasca y nacional; defendiendo, cómo no, sus postulados de siempre, pero bajo la condición imprescindible del rechazo sin paliativos a la violencia. No habrá amnistías, como algunos predicen, entre otras cosas porque la Constitución las prohíbe expresamente. Pero habrá vías de escape para quien no se haya manchado las manos de sangre, habrá intentos de reconstrucción de convivencia y habrá que poner puntos de cesión que no se noten demasiado. La expresión “vencedores y vencidos” no tiene sentido aquí si, como hemos planteado desde el principio, no existe una guerra. Hay asesinos y víctimas, y habrá condenados y víctimas, porque a éstas no se les puede reintegrar sus pérdidas. No será fácil y no será inmediato sino un proceso largo, difícil y que posiblemente no dejará satisfecho a nadie. Pero yo también tengo la convicción de que ese proceso está ya en marcha.

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