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Todología con bigote
Reseña Literaria: "Der Vorleser" (El Lector), de Bernhard Schlink

Der Vorleser
Autor: Bernhard Schlink
Editorial: Diogenes Verlag

Recomendación y regalo, todo a la vez. Eso, si conocen mi teoría, predispone mucho a favor de un libro, al menos en mi caso. Lo único que me retraía un poco era el entusiasmo desmedido que mostraba quien me lo recomendó, con lo cuál se compensó la cosa un poco y me dejó preparado para una posible decepción. Decepción que no se dio en absoluto, y gracias a ello puedo decir que “Der Vorleser” es uno de los mejores libros que he leído en el último año.

Estamos en una ciudad alemana, pocos años después de la II Guerra Mundial. Michael Berg es un adolescente que hace las cosas propias de su edad: va al instituto, ayuda en casa, convive con sus amigos… hasta que conoce a Hanna, una mujer de cuarenta y tantos, cobradora en el tranvía, con quien empieza a descubrir sentimientos y pasiones que a su edad se vuelven como garras de las que es imposible escapar: amor y sexo sin desligarse el uno del otro. Hanna le insufla la vida que él devora, y a cambio Michael lee sus libros en voz alta para regalarle su voz bañada en infinidad de historias. La repentina desaparición de Hanna les acaba separando, pero sólo físicamente: años después, cuando Michael es un estudiante de Derecho en ciernes, se reencontrará no sólo con Hanna, sino con un doble e impactante secreto que ella ha conservado celosamente todos estos años.

Es fácil ponerse en la piel del joven Michael Berg, en su proceso de crecimiento físico y emocional a lo largo de las páginas de esta novela. Es fácil ponerse en la piel de la madura Hanna como alguien que recibe y otorga amor y pasión a ese joven a quien despierta su sexualidad e, inconscientemente, su prisa por alcanzar el estadío de la edad adulta. La aparentemente insalvable diferencia de edad se acaba convirtiendo en un vínculo tan fuerte que les tendrá atados, de un modo u otro, por el resto de sus vidas. Hanna es amante que no puede evitar tener ramalazos de madre. Michael es amante al que no se le escapan los caprichos del quinceañero. El libro está narrado desde la perspectiva de Michael con tal verosimilitud que llega a ser habitual que el lector se abstraiga pensando que es autobiográfico. Quizá por eso el proceso de aprendizaje que experimentan ambos personajes nos resulta tan cercano. Schlink musicaliza las situaciones de forma muy accesible y sin ínfulas aleccionadoras, habla con lenguaje llano pero no vulgar y describe con vívida simplicidad tanto situaciones como diálogos. Hay veces en que nos gustaría ser el lector y veces en que nos sentiríamos muy a gusto dentro de la oyente (interprétese esta frase de forma metafórica o literal, ambas son perfectamente válidas) y recorremos esa escalada de sentimientos y pasiones como si fuésemos nosotros quienes la vivimos en primera persona, aunque no sea posible anticipar en cada página cuál de las dos va a ser “nuestra primera persona”. Y por eso el final resulta más impactante, si cabe, una vez nos hemos enganchado a Michael o a Hanna, o a ambos.

“Der Vorleser” es una novela que no deja indiferente pero que no necesita recurrir a artificios. La historia, siendo difícil de encajar por la época en que sucede, no pierde verosimilitud en ningún momento. La composición, en fin, tiene en la sencillez su mayor virtud y hace que, a pesar de tener sólo dos personajes principales en los que se sostiene aproximadamente el noventa por ciento de la trama, consigue algo tan difícil como que la novela gire en torno a ellos, aún cuando uno de los dos pase casi toda la segunda parte sin ser visto u oído. Y, al cerrar las páginas, cuesta trabajo soltar la mano de Hanna o la voz del “Jüngchen” (jovencito) Michael. Y, secretamente, pedimos en voz baja alguien que nos lea, que nos lleve volando a los lugares donde están los sueños y que recree esos sueños en el salón de casa. Queremos sentirnos Michael Berg para tocar a Hanna. Queremos sentirnos Hanna para oír a Michael. Queremos experimentar a cámara lenta esa pasión y esas experiencias del saberse un poco más adulto cada día. Queremos.

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