título
Todología con bigote
Munich

Abro con esta nota una serie, que espero completar, sobre las cinco películas candidatas al Oscar. Estarán colgadas también en La Remington de Joe Gillis ,pero, como ese servidor sigue yendo muy mal, he decidido poner copia aquí, incluyendo las candidaturas que cada película tiene. Los Oscars se entregan el 5 de Marzo en el Kodak Theatre de Los Angeles.

Decepcionante la última película de Steven Spielberg, que parece que no hace nada a derechas desde “Minority Report”, si exceptuamos algunos momentos brillantes de “La Guerra de los Mundos”. Aquí intenta hacer una mezcla de cine político con acción y espías y no consigue rematar ni en un lado ni en el otro.

“Munich” se sitúa en la tragedia de los Juegos Olímpicos de 1972, celebrados en la ciudad bávara. Los miembros de la delegación israelí fueron secuestrados en sus habitaciones de la Villa Olímpica por un grupo de terroristas de la organización Septiembre Negro, y asesinados posteriormente durante el proceso de negociaciones y huida de los éstos. El argumento describe el proceso de venganza llevado a cabo por los servicios secretos israelíes contra los terroristas que quedaron vivos, centrándose en la busca y captura de aquéllos por un grupo de operaciones ocultas creado a tal efecto y personificado en su líder, Avner (Eric Bana), un joven soldado que va evolucionando desde el simple cumplimiento del deber hasta desarrollar un auténtico sentimiento de airada venganza. Durante las dos horas y media (largas, largas) podemos ver: sangre saliendo de rostros y cabezas a borbotones, cuatro maneras diferentes de poner una bomba, varios servicios secretos dándose collejas a través del mismo tipo (un irritante francés que acaba siendo un pegote en la historia), un tiroteo en Beirut e incomparables escenarios de fondo, poniendo por supuesto la Torre Eiffel para que se note que uno de ellos es París. ¡Caramba, si hasta sale Tarifa! O eso dicen, porque parece talmente Malta o Chipre, o ambas. Mucho envoltorio para tan poca sustancia.

El principal problema de “Munich” es que es aburrida. Mejor dicho, MUY aburrida. Una historia que podría ser interesante bien planteada, se convierte en una colcha de horrorosos retales en la que cada pieza va sin orden ni concierto respecto a las demás y donde el calzador está gastadísimo de tanto meter cosas que ni van ni vienen. ¿A cuento de qué la escena en oh là là France con el papá del conseguidor, si no es para meter porque sí a un monstruo de la escena como Michael Lonsdale, que está tan perdido como parece? ¿Para qué momentos idiotas como el de cuando Avner conoce a Ehud Barak? (estos son los momentos que yo definiría como de “anda, mira”) ¿Sirve de algo estar mencionando al padre de Avner cada dos por tres si jamás se ve su influencia en la historia? Y podríamos seguir, podríamos…

Pero lo peor de todo es que, suponiendo que Spielberg hace esta película más pendiente de la parte política que de otra cosa, parece que de repente se olvida de todo lo que sabe de cine y recurre a los trucos más baratos, de principiante, para crear un suspense que no existe si de lo que hablamos es de actos de terrorismo, llámense venganza o no. Uno esperaría mucho más de alguien que supo crear tensión en películas de aventuras como las de Indiana Jones. Pero claro, ahí tenía a Lawrence Kasdan poniéndole las comas. El detalle, por ejemplo de la niña cogiendo el teléfono donde hay una bomba puesta es de juzgado de guardia, sólo por venir de quien viene. La elipsis brutal que hace tras el tiroteo de Beirut, en el que no tenemos manera de ver cómo escapa Avner, tira por la borda cualquier intento de credibilidad posterior. Salvaría, porque con Spielberg siempre se salva algo (excepto en ese pestiño que es “Hook”), una secuencia que está poco antes del final, en la que Avner empieza a sufrir la paranoia que supone saberse en el punto de mira de todos y ser objetivo cierto de sus propios métodos, mientras ha visto cómo caían compañeros suyos del grupo. Esa secuencia, en la que se intercalan imágenes de dicha paranoia con otras de uno de sus compañeros desmontando bombas en su casa, resulta en varios minutos del auténtico Spielberg, de aquél que sabe, con apenas una mirada, cómo va a quedar el plano en pantalla. Pero no puede levantar la película, por desgracia.

No entro en el fondo de la historia de “Munich” porque está tan mal contada que hasta el debate político se pierde dentro de tantos saltos y artificios y, francamente, en un documental tendría más sustancia. El film tiene cinco candidaturas a los Oscar, entre ellas la de mejor película y mejor director, comprensibles quizá porque el tema que trata es vendible y polémico, y si lo lleva Spielberg adelante, además, da mucho dinero. Como película, sin embargo, no está a la altura ni siquiera de la polémica que ha generado. Una oportunidad perdida para tomar una buena visión de ambos lados del conflicto, siempre desde la perspectiva del terror. ¿Se atreverá algún otro director a enmendarle la plana?

comments powered by Disqus

 ||—|| 

Los textos originales de este cuaderno se encuentran bajo la Licencia ColorIuris especificada aquí. El resto son propiedad de sus respectivos autores. El diseño de la página es obra de Jorge Portillo. Valida xhtml y css. Formatos disponibles para agregadores de noticias: atom y rss ( Suscribir). Alojamiento provisto por Libro de notas. Gestionado con Textpattern. La caricatura de Groucho Marx es creación de Al Hirschfeld, publicada por George J. Goodstadt. Si quiere saber quién visita este cuaderno y desde dónde, pinche aquí.