título
Todología con bigote
Noche Larga y Oscura

Bob Herbert es un columnista del New York Times que suele escribir de temas de interés humano, a veces un poco pasados de sentimentalismo. Sin embargo, su mensaje es claro y el objeto de sus denuncias, directo. A punto de entrar en año electoral en Estados Unidos, el debate sobre una reforma del sistema sanitario, que permita que éste llegue a las clases más desfavorecidas, vuelve a estar sobre la mesa, con el documental de Michael Moore, Sicko, como uno de sus arietes. Aquí les dejo la traducción del emotivo The Long, Dark Night, de Bob Herbert, que narra el caso de un matrimonio de Gainesboro (NY) en el que la mujer, diagnosticada de cáncer, tiene un futuro más que incierto por el coste de médicos y medicinas.


Noche larga y oscuraBob Herbert

Charlaba con Dan y Sharon Brodrick en una sala de espera llena de pacientes con mirada anhelante en la primera planta del Hospital de St. Thomas. La señora Broderick parecía cansada, pero esbozó una sonrisa. Su marido, antes camionero y ahora sacerdote ordenado, era el que hablaba.

“Lo descubrimos cinco días antes de su 56 cumpleaños”, dijo. “¿Qué le parece eso como felicitación?”

Mientras mantienen una fachada de placidez ante el mundo exterior, los Brodrick, casados durante 37 años y aún enamorados profundamente, se están precipitando al abismo.

“Tenemos un problema gordo”, dijo el señor Brodrick.

La señora Brodrick se enteró en mayo pasado de que tenía cáncer de duodeno y que ya se había extendido al hígado y al páncreas. No solamente es lo grave del pronóstico, sino que los gastos médicos pronto dejarán a la pareja a la intemperie. La señora Brodrick no tiene seguro médico.

El coste emocional ha sido casi tan devastador como el físico. La señora Brodrick le dijo a su marido que no estaba preparada para abandonarle. “No quiero morir”, dijo. Cuando él le contó que debían aferrarse a su fe en Dios, ella respondió, “sé que Dios puede ocuparse de esto. Pero ¿cómo va a hacerlo?”

La Asociación Americana del Cáncer ha estado haciendo campaña para concienciar sobre las súplicas desesperadas de gente que intenta luchar contra el cáncer sin seguro médico. Presento a Dan y Sharon Brodrick como Prueba A.

Los Brodrick nunca tuvieron mucho dinero, pero criaron a dos chicos y se las apañaron para comprar un hogar modesto en Gainesboro, un pueblo rural a unas 90 millas al este de aquí. Dan Brodrick se dañó gravemente la espalda en un accidente de trabajo hace varios años y está impedido. Su mujer ha pasado por diversas enfermedades.

Pero administrando cuidadosamente sus magros ingresos, han vivido con una comodidad razonable. “Con unos pocos ahorros”, dijo el señor Brodrick, “y con lo que me estaban dando por la discapacidad, imaginábamos que estaríamos bien”.

Pero la falta de seguro médico para la señora Brodrick dejó un agujero creciente en su plan financiero, y lo sabían. Ella había estado bajo el seguro de su marido mientras él conducía su camión. Pero la cobertura terminó cuando él tuvo que jubilarse.

“Intentamos contratar un seguro para ella”, dijo el señor Brodrick. “Lo solicitamos a docenas de compañías. Pero ni siquiera se acercaban porque ya había tenido problemas de salud”.

Sin seguro, la señora Brodrick recibió tratamiento para sus diversas dolencias bajo un programa especial para pacientes no asegurados en St. Thomas. Pero el diagnóstico del cáncer era una historia completamente diferente, un paso para los Brodrick hacia un reino de terror mareante y desconsolado.

Primero vino la biopsia, acompañada de comentarios reconfortantes de los médicos. Luego surgió la idea de que el tumor era realmente maligno. A eso le siguió la cirugía.

“La abrieron, y enseguida la volvieron a cerrar”, dijo el señor Brodrick.

No sólo el cáncer se había metastatizado, sino que se movía con mucha agresividad. Varias estimaciones se dieron, cada una de ellas más corta que la anterior, acerca de cuánto viviría la señora Brodrick.

Mientras se preparaba a su mujer para la quimio, el señor Brodrick se sentó en la esquina de otra habitación y habló sobre lo que era tener tu vida literalmente destrozada.

“Te parte en dos”, dijo, “te gustaría luchar contra esto con tus manos desnudas, pero no puedes. Llevamos casados 37 años, el 2 de septiembre, y cuando pienso en ello, han sido los 37 años más veloces de mi vida. Pasaron en un relámpago. Y nos hemos apoyado el uno en el otro todo ese tiempo”.

El hospital no va a cobrar a los Brodrick por los costes. “Pero”, dijo el señor Brodrick, “aún tengo que pagar las facturas de los médicos y las medicinas. Y las medicinas son muy caras”.

Desgranó una larga lista de facturas que le acribillan como una ametralladora, facturas que no puede permitirse pagar.

“Así que vamos a vender la casa”, dijo. Se calló un momento, y entonces añadió con voz suave, “no se debería tener que ir a vivir a una tienda de campaña en cualquier parte sólo por no tener seguro”.

Dijo que quería hacer pública su historia porque sabía que hay millones más sin seguro médico, y que hay muchas familias, como la suya, que se enfrentan a la larga y oscura noche de una devastadora enfermedad.

“Hay que hacer algo”, dijo.

El señor Brodrick pudo llevar a su mujer a un reconocido centro oncológico del Medio Oeste para obtener otra opinión sobre el desarrollo del tratamiento que ella recibía.

“Dijeron que era el tratamiento perfecto para ella y que no cambiarían nada”, dijo. “Dijeron que el porcentaje de éxito con ese tratamiento era del 5 por ciento o menos”.

Me miró. “Tenemos fe en Dios”, dijo. “Sin eso igual te puedes tirar por un barranco, porque no queda nada más”.

comments powered by Disqus

 ||—|| 

Los textos originales de este cuaderno se encuentran bajo la Licencia ColorIuris especificada aquí. El resto son propiedad de sus respectivos autores. El diseño de la página es obra de Jorge Portillo. Valida xhtml y css. Formatos disponibles para agregadores de noticias: atom y rss ( Suscribir). Alojamiento provisto por Libro de notas. Gestionado con Textpattern. La caricatura de Groucho Marx es creación de Al Hirschfeld, publicada por George J. Goodstadt. Si quiere saber quién visita este cuaderno y desde dónde, pinche aquí.