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Todología con bigote
¿España se rompe? Pché...

Va a ser verdad que en Estepaís no tenemos criterio propio. Faltan seis meses para las elecciones y todos los movimientos que observamos son los típicos de la carrera electoral, ni más ni menos. Cada partido va ubicándose en sus posiciones de salida y todo sucede dentro de lo previsto, aproximadamente: el Gobierno aprovecha la presentación de los presupuestos para distribuir los dineros de forma populista aprobando medidas con mayor o menor sentido estético, pero cuya característica común es que todas son calibrables en dinero. La oposición, a lo suyo, que ZP no vale para esto, que se está cargando ¡Eh,Paña! y que los nacionalistas son el diablo con cuernos y rabo; rabo, por cierto, con el que se dejarán atravesar cuando les toque a ellos tener que pactar. Los nacionalistas, por su parte, empiezan a enviar propuestas y enmiendas al Congreso para hacerse notar entre su público, que les veía un tanto apagadillos. La última, intentar vulnerar la Constitución mediante Ley Orgánica para que el Rey deje de ser jefe de las Fuerzas Armadas. Independientemente de que se esté de acuerdo o no, el procedimiento para eso es otro completamente distinto; los “simpáticos” chicos de ERC lo saben de sobra, pero ya han conseguido ser titular, que es de lo que se trata.

En este “más de lo mismo” hay algo ligeramente distinto pero nada desdeñable: el papel de los medios, sobre todo de ciertos medios, que han decidido enrocarse en las posiciones catastrofistas e iluminadas que tan buenos resultados dan en términos de ventas y audiencia. Y dije al principio lo de la falta de criterio porque en mucos casos el mensaje cala, polariza y enroca a buena parte de los ciudadanos, que disponen de poco tiempo o de pocas ganas para reflexionar sobre ese bombardeo de titulares coloristas y apocalípticos que ciertos mesías informativos (demasiado listos como para ser consecuentes y pasarse de la pluma a las urnas) manipulan a su antojo para situarse en una conveniente posición de poder ante un posible cambio de gobierno. Por supuesto, el cambio sería a otro que sí les reinstituyera los privilegios perdidos… que, a la vista de sus ardientes homilías, no debieron ser pocos. España no se rompe pero, como no ganen “los suyos” en marzo, ya se ocuparán de enconarla lo suficiente para que parezca que eso ocurre.

Ahora mismo vienen tres meses de radicalismo y, tras las vacaciones, tres meses de moderación, porque ni PP ni PSOE se chupan el dedo y saben que hay alrededor de tres millones de votos (aquello del centro) que decantarán el resultado en marzo hacia un lado u otro. En este país de hooligans políticos, que votan a “su” partido haga lo que haga, los colchones están claros y son casi inamovibles, por lo que hay que trabajarse ese tramo de enmedio. Nada nuevo bajo el sol, en realidad, dentro de unos meses habrá unas elecciones, como siempre; ganará un partido u otro, como siempre; gobernará un partido u otro, como siempre; pactarán con los nacionalistas si es necesario, como siempre, y Estepaís seguirá adelante. Y España seguirá sin romperse, aunque a más de uno que yo me sé no le importaría que eso ocurriera. Y los que yo pienso no son precisamente nacionalistas.

Coletazo 1: Adolfo Suárez cumplió 75 años hace poco en la feliz ignorancia de su terrible enfermedad y, sin haberse muerto siquiera, los buitres se han multiplicado cual si se reprodujeran por esporas. La repugnancia que me inspiran se mide por las arcadas que me dio la entrevista digital de ‘El Mundo’ a Luis Herrero, que se cuidaba muy bien de decir “Adolfo” en cada respuesta. Y es sólo un ejemplo. Dan asco.

Coletazo 2: Ah, y del advenimiento de la Tercera República, váyanse olvidando. Aún hace falta otro gobierno del PP para que eso ocurra y serán ellos mismos los que hagan la transición, a ser posible con todo el descaro del mundo. Si no se lo creen, observen simplemente cómo trataba Aznar al Rey y cómo le trata ZP, a pesar de sus socios. Queda.

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