—Desde luego, señor Holmes, cada día se supera en eficiencia.
—Gracias, amigo mío, pero era algo bastante elemental. Sólo había que juntar las piezas y eliminar lo imposible. Por desgracia, lo que queda, por improbable que parece, ha de ser la solución.
—No sabe cuánto lamento esto, pero comprenderá que en ese caso no puedo dejarle vivir. El veneno que puse en su pipa y que lleva inhalando una hora ya debe de estar haciendo su efecto.
—Era un riesgo asumible, Watson, no podía dejar este crimen sin resolver.
—No me decepciona, estimado colega.
—... siento que me muero, Watson, pero antes… dígame una cosa… lo único que me falta es el motivo… ¿por qué le mató?
—Todo hombre, incluso un médico que salva vidas, tiene su límite. Y ese miserable de Doyle alcanzó el mío. Estaba harto de que me pintara en sus novelas como un completo gilipollas, my friend.
—Elemental… querido… Watson… ele…men…tal.
Mientras caía al suelo el más grande detective de todos los tiempos, sonaban a lo lejos las sirenas de la policía.



