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Todología con bigote
Fúmbo asinus est

La jornada de ayer mostró, más que nunca, que la Liga es el torneo de la regularidad. El Real Madrid, que se proclamó campeón ayer, lo ha hecho con un fútbol rácano, resultadista y destructivo que lo tuvo apartado de la primera posición durante prácticamente todo el campeonato, y en mi opinión sólo la rabia incontenida de verse allí en puertas (y de llevar cuatro años sin rascar bola) junto a la genialidad de gente “acabada” como Raúl, Guti, Van Nistelrooy o el inexplicablemente desahuciado Beckham han salvado los muebles de este equipo y de su entrenador, Fabio Capello, paradigma del antifútbol. El Barcelona, líder durante casi toda la temporada y aspirante—según decían—a todo de todo, empezó de forma similar al año pasado y, poco a poco, fue degenerando en juego y resultados hasta dilapidar la magra ventaja de que iba disfrutando. Las últimas diez o doce jornadas mostraban a un Barça apagado, sin gracia ni ambición, que desperdiciaba goles tempraneros y a delanteros de muchos millones yéndose atrás en cuanto tenía una mínima ventaja. El “tamudazo” de la penúltima jornada no fue más que la demostración palpable de ello. Al final, quien se ha llevado el gato al agua ha sido el equipo que, con perdón, menos la ha cagado en un campeonato emocionante—nadie lo duda, al menos en su tramo final—pero bastante olvidable en conjunto.

El tercero en discordia, el Sevilla, se quedó sin fuelle cuando más lo necesitaba. El equipo que mejor y más alegre ha jugado, con diferencia, en todo el torneo, no fue capaz de rematar su gran temporada en partidos clave. Hace siete días podía haberse colocado líder, pero no fue capaz de pasar del empate. Y eso, en una liga tan apretada, te deja fuera de juego y a la espera del patinazo de otros. La calidad de los sevillistas y la falta de ésta en blancos y azulgranas se nota en dos hechos: El Sevilla ha revalidado su título de campeón de la UEFA y podría proclamarse campeón de la Copa del Rey, dos torneos donde el juego y los goles son decisivos y en los que un fallo no da ocasión de redimirse a la jornada siguiente. Madrid y Barça ni siquiera han sido capaces de alcanzar la semifinal de Champions League y fueron, admitámoslo, humillados en la Copa en diferentes momentos ante equipos a priori muy inferiores.

Pero la Liga es la que es y se juega como se juega. Aquí no gana necesariamente el mejor, sino el más regular, que en este caso ha sido el Madrid. Ganó porque a igualdad de puntos ellos fueron los que dieron “ese pelito más” que era necesario. Igual la podría haber ganado el Barsa, de haber hecho lo que tenía que hacer cuando tuvo la ocasión. En cualquiera de los dos casos, este año quien verdaderamente ha perdido es el fútbol.

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