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Todología con bigote
El analís

Han pasado las elecciones y se me ocurren media docena de titulares:

Fracaso de Zapatero: Esto es manido y obvio, pero no deja de ser verdad. En votos, ha ganado el PP aunque sea por la mínima (por la mínima ganó también en 1999, y por la mínima ganó el PSOE en 2003, lo que no les impidió reclamar la victoria), y esa diferencia de 160.000 votos tiene un epicentro claro: Madrid, tanto en el ayuntamiento de la capital como en la comunidad en su conjunto. Por parte municipal, una apuesta personal de ZP, provocada en parte por la premura de las fechas, la decapitación política de Trini Jiménez (si te mandan de diplomático es que no te quieren en casa, por lo general) y las sucesivas negativas de otros pesos pesados del partido a una candidatura destinada a perder salvo milagro precipitaron un nombramiento en el que nadie creía, ni siquiera el propio nombrado, cuya cara durante toda la campaña era la típica de “qué cohone hago yo aquí”. Yo no dudo de la capacidad de Miguel Sebastián, avalada por su formación e indudables méritos, cainismo ceeneemeuviano aparte, pero uno no se hace político de la noche a la mañana, y menos cuando te enfrentas a alguien con tanta astucia y tablas como Gallardón. Lo de la Corulla en el infausto debate telemadroñero no pasó de ser una anécdota, bien es cierto que pudo apuntillar al ya vencido, que ha batido un récord, pero hacia abajo, consiguiendo el peor resultado del PSOE en la Plaza de la Villa desde 1979.
A Simancas no le han ido las cosas mejor: no sólo no ha ganado ninguno de los nueve escaños recién creados para esta nuestra comunidad (aparte: algún día me explicará alguien por qué una región con seis millones de habitantes tiene más parlamentarios que otra con dos millones más), sino que de los que ya tenía ha perdido tres. Un desastre total del que él se ha hecho responsable y que seguramente conllevará su dimisión en las próximas horas. Si Sebastián no me da pena ninguna, Simancas en cambio sí, pues considero que ha sido bastante maltratado sin razón por la prensa, los adversarios e incluso dentro de su propio partido. Entre todos le colgaron el sambenito de tonto (que no lo es en absoluto), a pesar de que las propuestas que tenía eran más sensatas y realistas de lo que se ha estado oyendo en otros lugares durante la campaña por boca de candidatos vencedores. Se la metieron doblada hace cuatro años y no se ha podido recuperar. El PSOE debería ir planteándose hasta qué punto beneficia al partido mantener esa jaula de grillos, llamada PSM (antes FSM), que lleva dando problemas desde hace más de tres lustros.

Fracaso (relativo) del PSOE: El fracaso se debe precisamente a esa pérdida de votos en sólo tres años, bastante rara para un partido que gobierna aunque en modo alguno es extraordinaria (se han dado casos en Gran Bretaña, Francia y Alemania de vez en cuando, el alemán el más reciente). Aún así, la traducción a concejales, fácilmente explicable si eliminamos ese factor desequilibrante de Madrid, dará al PSOE mucho más poder municipal que hace cuatro años. Esto no es desdeñable, diga lo que diga Rajoy: la experiencia dicta que (en la mayoría de los casos) un partido gobernante en un municipio, aunque sea en coalición, acaba por hacerse fuerte en el sillón de mando y, salvo desastre, afianza y amplía sus apoyos en los siguientes comicios. De ahí viene lo de “relativo”. Por otra parte, con la de leña que se ha dado al PSOE en general y a ZP en particular, haber perdido sólo cien mil votos con una abstención mayor que en 2003 (y, no lo olvidemos, fundamentalmente hacia el lado izquierdo), es para darse con un canto en los dientes.

Triunfo (relativo) del PP: Justamente es lo que acabo de exponer lo que hace que el triunfo del PP esté sobreestimado y será, con toda probabilidad, sobreexplotado hasta las elecciones de marzo. De hecho, hoy los discursos se han intercambiado de manera tan procaz que da hasta grima: los que hace cuatro años dijeron que habían ganado porque sacaron más votos, hoy dicen que han ganado porque han sacado más concejales, y viceversa. Igualmente, los resultados se pueden interpretar también a la inversa. ¿Ha triunfado Rajoy? Pues qué quieren que les diga, tras tres años de racarraca y de discurso “queserrompespañista”, sólo han podido ganar un puñadico de votos, han abierto una brecha mínima con el PSOE y, además, en las comunidades donde se pretendía hacer calar ese discurso (Catalunya, Euskadi y Navarra) han perdido apoyos, en los dos primeros casos, y han hecho ascender a las fuerzas nacionalistas, en el tercero, con lo que podrían también perder el gobierno.

De aquí a las generales: Quiero que conste, para ambos partidos, que si estoy evaluando los resultados en clave de generales (premisa falaz), es porque es así como nos los quieren vender. Y más les vale a los dos andarse con ojo: si el PP confía en vencer en las generales partiendo de estos resultados y pretende seguir su política de enfrentamiento directo con todo y todos, que recuerde que Madrid aporta “solamente” 35 diputados de 350, en tanto que entre Cataluña y Andalucía (dos comunidades donde el PP tiene habitualmente malos resultados) suman 106. A la inversa, si el PSOE confía en vencer en marzo de 2008 (o antes, aunque yo lo dudo) y pretende seguir dejándose llevar por los resultados de 2004 y la actitud de la oposición, que recuerde que las grandes diferencias en Madrid es probable que se repitan entonces, y que esos 35 diputados suponen la décima parte de la Cámara y pueden decantar la mayoría de un lado o del otro.

Aquello de Navarra: Al PSN se la han puesto cogida con pinzas, mientras que a Nafarroa Bai se lo han puesto a güevo. Me explico: a falta de nueve meses para las próximas elecciones, si los socialistas pactan con los rompespañistas, más les vale que ese pacto se haga público y a página completa en los diarios de tirada nacional, porque entonces el racarraca (véase arriba) puede alcanzar niveles más insoportables, si cabe, que los que ha alcanzado ya. Y si la derecha no ha tenido complejo alguno en mentir en este asunto (¿cuántas veces han leído ya que ZP había entregado Navarra a ETA o argo asín?), de ésta saldrían desatados hasta que el mensaje cale por asfixia. Del otro lado, un posible pacto a la griega con UPN, que Miguel Sanz ya ha apuntado nada veladamente, le supondría al PSN el suicidio político, pues quienes le han votado, sin duda, lo hacen justamente para cambiar el signo de un gobierno, no para mantenerlo. Y ahora viene la predicción, no exenta de mala leche, de este bigote: El PSN se abstendrá en la votación de investidura para que Miguel Sanz sea reelegido, quizá poniendo como excusa que las condiciones que Na-Bai pide sean inaceptables. Aguantará el gobierno en minoría Upenista hasta las elecciones de marzo y, para entonces: a) Si vuelve a ganar el PSOE, ya cómodos en Moncloa, pactarán el tan “temido” tripartito alegando que Na-Bai ha entrado en razón, y moción de censura contra Sanz al canto. O bien, b) si no gana el PSOE, apoyarán tácitamente a UPN para no descalabrarse más en esa comunidad. ¿Rebuscado? Puede, pero es lo que yo haría… (risa maligna).

Sevilla, oiga: Permítanme meterme algo más en lo local que conozco (aproximadamente). Alfredo Sánchez-Monteseirín, alias “tonteseirín”, según un amigo mío, fue un candidato dark horse, como se conoce en el argot de las carreras de caballos. Nadie daba un duro por él hace ocho años y, sin embargo, apartó al PP de la alcaldía y provocó que Soledad Becerril saliera “escopetá” hacia el Congreso de los Diputados como vice segunda, en una de las espantás más recordadas de la ciudad (tras haber dicho aquello de “trabajaré por Sevilla incluso desde la oposición”). Ganó muchos más apoyos en 2003 y, por distintas circunstancias, hoy es el segundo más votado, por muy poco, pero repetirá sillón por tercera vez consecutiva merced a un estabilísimo pacto con IU. Y ello a pesar de obras interminables del Metro (¿les suena, compadres mandrileños?), chanchullos en el Ayuntamiento y retazos de su anterior pacto con el Partido Andalucista. Para 2011 y salvo bombardeo previo, “Monte” se va a encontrar un metro terminado, más infraestructuras y, con suerte, algún que otro campeón de liga. Si hay alguien tranquilo en Estepaís hoy, seguro que es él, que tiene una flor en el trasero mayor que la que Sánchez Dragó pone en su informativo nocturno. El PP, por su parte, ha dado un sorpresón con Juan Ignacio Zoido, un candidato casi desconocido por los ciudadanos (y los que le conocen no me han hablado nada bien de él) que, sin embargo, ha sacado el mayor número de sufragios, en parte por la suma de los provinientes de antiguos votantes del PA, que ha perdido sus cuatro concejales y desaparece del Ayuntamiento, pero digo yo que también será por propios méritos. Habrá oposición, eso seguro. Lo del PA, por cierto, es paradójico: un partido que se fundó como socialista, pero cuyo grueso de votantes es de derechas. Seguimos siendo unos cachondos.

Ladrillazos bien jugaos: Ésta no me la explico ni siquiera yo, que presumo de todólogo en este cuaderno. Como no conozco lo que se cuece en la Comunidad Valenciana ni en Murcia, que es donde al parecer ser corrupto sale más rentable, me remito a los análisis que pueden encontrar en La Página Definitiva, por ejemplo, y a las reacciones recogidas por Testigo Accidental.

Y después, también: Quiero terminar con este ruego, que me temo que caerá en saco roto. Siendo como ha sido la campaña (y la precampaña) de una suciedad inimaginable hasta ahora, es también cierto que ha permitido destapar una serie de escándalos de corrupción que muestran a las claras a quiénes se ha votado y se sigue votando. El peligro está en que, una vez pasadas estas elecciones, dichos escándalos se acaben diluyendo entre cifras de voto. Ahí la prensa tiene una responsabilidad enorme, dejándose de partidismos idiotas y practicando el “yo acuso” donde sea necesario. Y la justicia debe actuar, implacable, llegando hasta el Supremo si es necesario para soslayar los aforamientos y metiendo en la cárcel a alcaldes, concejales y diputados provinciales (sí, ese en el que están pensando) cuando así el juez lo decida. Y que nadie me venga con milongas de estabilidad del sistema: la mayor estabilidad vendrá cuando los chorizos, que son demasiados, estén entre rejas. No puede consentirse que algunos asuman los votos como una patente de corso para llenarse los bolsillos. Con un Gil tuvimos bastante, gracias… y ya vimos que sólo era la punta de un inmenso iceberg de mierda.

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