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Perspectivas desde el centro del caos
El factor CiU

Parece ser que va a haber Estatut. Parece ser que no se va a asemejar mucho al borrador original. Parece ser que Catalunya no será nación articuladamente, pero sí preambulatoriamente (palabros gratuitos made in Mr. Driftwood; de nada). Parece ser que al final va a caer la financiación que hubiesen pactado los populares de no haber conseguido Aznar la mayoría absoluta (el 50% del IRPF). Parece ser que ERC está cabreada porque está perdiendo protagonismo. Parece ser que CiU recupera la visión pragmática de Pujol. Parece ser que el PP, particularmente Acebes y Zaplana (Rajoy suele callar cuando éstos rugen), no está demasiado satisfecho. Porque parece ser que, al fin y al cabo, no va a ser Zapatero quien rompa España.

Creo que se contaba con el factor CiU desde el principio. Esa tirantez, incluyendo un giro hacia la radicalidad independentista, que se observaba en la coalición catalana desde que los tumbaron del poder hace tres años, ha dado paso a una resurrección de la política avispada y pragmática que caracterizó tantísimos años de pujolismo. Fue cuando la capacidad negociadora (mercantil, diría) de los políticos catalanes despertaba, como mínimo, admiración, aunque en ocasiones ésta se tradujera en odio por parte de otras comunidades, eternas aspirantes a manejarse con los dineros la mitad de bien que los de la senyera. Y ahora, con el “casi honorable” Artur Mas, se ha alcanzado un pacto como debía ser: haciendo concesiones por ambas partes. La transformación de la política en un circo de niños caprichosos, protagonizado por Carod-Rovira y Puigcercós, ha demostrado ser mucho menos productiva y mucho más arriesgada de lo que parecía. Y ERC ha tensado tanto la cuerda de sus pretensiones que se ha encontrado con que, de repente, no resulta imprescindible. Y oigan, qué globo se han cogido…

Y es que los circos en política suelen tener aforo limitado y aceptación más limitada aún. La estrategia “todos contra el PP, el PP contra Catalunya”, esgrimida por los republicanos como forjadora de votos, funcionó muy bien al principio, y creo que aún tiene una aceptación cierta entre parte del electorado independentista. Pero a ERC le falla un cálculo: ni son el único (ni el mayor) partido nacionalista catalán, ni son los únicos con pretensiones independentistas, ni, desde luego, representan a una mayoría de la población catalana, mucho menos a toda ella, como suele pasar con las formaciones que hacen de una bandera su único programa.

Ahora dicen que no apoyarán “gratis” las iniciativas del gobierno. Como si lo hubieran hecho gratis alguna vez, vaya. Suena a pataleta del tipo “ahora me enfado y dejo de respirar”, y probablemente se amoraten antes de volver a esa posición única de la que disfrutaron. El triple apretón de manos entre Zapatero, Mas y Duran i Lleida no es sólo el punto decisivo del Estatut, sino la escenificación de un posible pacto a corto plazo que relegue, una vez más, a la formación independentista. A Zapatero se le vio muy cómodo en compañía de los jefes de la coalición (y sospecho que Duran, uno de los políticos más inteligentes y astutos que hay en este país, ha tenido mucho que ver con ello) y, en mi modesta opinión, ese simple gesto puede garantizar, nada menos, que la legislatura llegará hasta su final en 2008.

Es más, creo que incluso se desactivan posibles amenazas de ERC como la de romper el pacto en la Generalitat y dejar de apoyar a Maragall. Y eso es así por dos razones: que a quien menos le interesa abandonar el poder después de haberlo palpado es a ERC, y que Maragall se ha vuelto una china en el zapato tan gorda que a pocos en el PSOE les importará que sea el peón sacrificado en esta extrañísima partida de ajedrez tejida con las negociaciones por el Estatut. Ahora lo que se avecinan son varios meses de enmiendas y habrá que ver en qué queda lo pactado, pero lo que es cierto es que a Mas y Duran (y, por extensión, a Zapatero) les ha salido una jugada redonda: se han presentado como salvadores del Estatut, han sido capaces de templar los ánimos hasta dentro del PSOE y aparecen como los políticos responsables y comprometidos con su Comunidad (¿país, región, nación, zona neutral?), lo que, de cara a unas hipotéticas elecciones anticipadas en Catalunya, otorga unas cartas credenciales magníficas para recuperar el poder, tras los desmanes y desvaríos de sus contrincantes de ERC. Y si, además, ello sirve para que se les vea como los que diluyeron la crispación existente, entonces la jugada será de repóker de ases.

La maldad es obvia… para mí que Pujol ha estado entre bastidores.

Comentarios

Niha : 27 01 2006 - 21:19

A todo esto, independientemente de si es mejor o peor para Cataluña y para España, a mi me parece un poco tonto llamarlo Estatut. Que yo sepa, no se trata de un nombre propio, por lo que en español sería estatuto.

jorge : 27 01 2006 - 23:45

cada día más, la idea de ‘patria’ me suena a Museo de Oficios y Costumbres, a carpa etnográfica, y esto lo oigo en un montón de idiomas y dialectos; en todos ellos las palabras que se afinan con ‘nación’ o ‘constitución’ o ‘estatuto’, cuando las pronuncia un político, hacen la misma rima: si tras oirlas se aguarda un poco, como si se quisiera saborear ese ideal, se oyen tintinear tras ellas los ríos de dinero, el arrastrar de las poltronillas mindunderas y el topar fotogénico de la testa de algún cornúpeta.

en política, como en el coso, hasta la foto, todo es cornamenta. nuestra piel de toro es guasa. aquí, los que embisten, son los cabrones.

Otis B. Driftwood : 28 01 2006 - 19:51

Existieron patriotas: gente que murió por defender unas ideas asociadas al lugar donde vivían. Gente que murió por defender su lugar de una invasión extranjera, por ejemplo. Creo que la última oleada de verdaderos patriotismos se dio durante la Segunda Guerra Mundial, tanto al principio, en el que muchas naciones hubieron de combatir al voraz invasor, como al final, en el que ese invasor se vio ampliamente superado y casi aniquilado. En ambos casos había patriotas en ambos bandos.

Hoy día el concepto de patria sólo adopta el significado que le dan los políticos, si ese concepto sirve a sus intereses. Si no, lo modifican a la carta con tal de apoltronarse donde está el dinero. Es tremendo (aunque no sorprendente) observar cómo se ha podido ir cambiando la postura respecto a si Catalunya es o no es nación, en tanto no se toque el aspecto financiero (o “financioso”, que es una combinación que me he inventado entre financiero y mafioso). Leo que Carod afirma ahora que la estabilidad del tripartito está garantizada independientemente de lo que ocurra con el Estatut. ¿Acaso alguien lo dudaba? El sillón es demasiado calentito para abandonarlo por un quítame allá este articulado.

Sólo cuando todos y cada uno de nosotros seamos conscientes de que el lugar donde uno nace es fruto de la más puñetera casualidad, entonces ese concepto tan idiota se diluirá por su propia naturaleza. Lo que ocurre es que, mientras existan personas a las que ese concepto sirva, es difícil que eso suceda.

Rafael del Barco Carreras : 30 07 2008 - 17:06

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