Mis muy estimados y nunca suficientemente infravalorados politicuchos nacionales:
Desde hace algunos meses les oigo utilizar, al principio, a mitad o al final de sus afirmaciones, aseveraciones o asertos, el absurdo giro idiomático “como no podía ser de otra manera”.
Semejante coletilla porcina que se añade sin venir a cuento a cualquiera de sus aparentemente irrebatibles argumentos, ya sea a la hora de pronunciar un encendido discurso contra el langostino tigre, ya sea a la hora de inaugurar un polideportivo para enanos de jardín, ya sea a la hora de comer, pesa, agota, aturde, atenaza, apelmaza y espesa sus discursos, ya de por sí intragables, por oscuras razones que no consigo discernir. La única que se me ocurre es que, como quien la ha hecho famosa ha sido ese señor con forma de presidente de gobierno llamado ZP, los demás no han querido ser menos en su búsqueda de la verdad absoluta y han adoptado tal arma homicida contra la riqueza expresiva.
Lo voy a decir en pocas palabras: si algo “no puede ser de otra manera”, la expresión sobra, por obvia y redundante. Y si resulta que sí puede ser de otra manera, la expresión sobra por estúpida.
Un momento… no, bien pensado, es estúpida en ambos casos. En el primero va con extras.
Olvidado por Otis B. Driftwood a las 22:48 horas del 23 de enero de 2007 en El Idioma Se Defiende.



