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Todología con bigote
El Desbaste

(I) Zapatero
Si lo mejor que puede decirse de la intervención del Presidente es que reconoció pública y sonoramente su error del día 29 de enero (lo cuál, en este país de listillos, no es poco), entonces es que la cosa no va nada bien. Zapatero cometió otros muchos errores desde el atentado en Barajas, algunos de ellos explicados en la extensa entrevista-colchón que El País le dedicó el pasado fin de semana, pero que no por ello dejan de ser inaceptables en el máximo mandatario de una nación. Y no me refiero a los lapsus linguae que han sido objeto de carnaza por parte de los simpáticos “liberales”, a falta de otros argumentos (que los había), sino a su actuación en las horas y los días posteriores al crimen.
Para empezar, porque era necesario que hiciera una declaración institucional cuanto antes, y no a las seis horas de producirse los hechos. Y si lo que quería era recabar toda la información posible, como es lógico, debería haber hecho una comparecencia previa, con un primer mensaje que al menos tranquilizara a los ciudadanos antes de la comparecencia definitiva, ya que precisamente es en momentos como ése en el que nos volvemos a nuestros gobernantes y esperamos encontrarles allí. Ello, además, le habría dado más margen para prepararse un discurso donde la dichosa palabrita, “suspender” no hubiera tenido el protagonismo que tuvo.
En segundo lugar, porque no debía haber regresado a Doñana sino que su sitio estaba en Madrid, en la Moncloa por si hacía falta y junto a las familias de las víctimas. Y lo siento mucho por Sonsoles y por las nenas, pero esto, señor Zapatero, viene incluido en el sueldo que se le paga, sin excusas que valgan.
En tercer lugar, porque si las bombas son contundentes, las palabras han de serlo igualmente; 500 kilos de explosivos y dos muertos (y los que podrían haber sido) no dan pie a ambigüedades. En estos casos, se espera de un presidente la mayor firmeza posible en sus primeras declaraciones. Todo lo que sean matizaciones han de venir después; bien argumentadas, pero después.
En cuarto lugar, porque si se va a convocar un pleno extraordinario para dar explicaciones sobre algo de lo que jamás ningún otro presidente tuvo que darlas, no se puede esperar dos semanas para ello, y menos para decir lo que dijo, esto es, nada en absoluto. El reconocimiento de ese gran error del 29 de diciembre podía haberse hecho mucho antes, sin tanta parafernalia y con una rueda de prensa desde Moncloa.
[Huelga decir, pero lo digo, que el error no fue el optimismo… si ETA pone un petardo, dudo mucho que nadie, ni los omniscientes gavioteros, sean capaces de anticiparlo; el error estuvo en hacer ese optimismo institucionalmente público cuando no se es capaz de aportar más datos].
En quinto lugar, porque si sabes que el jefe de la oposición (ese pseudo-cargo que se inventó Fraga porque quería ser jefe de algo) va a ir a machacarte hasta en el DNI en ese pleno, lo lógico es prepararte un argumentario que vaya más allá de la repetición machacona de dos frases, “el pacto antiterrorista fue idea nuestra” y “usted no ha apoyado jamás a este gobierno”. Además de que sean dos obviedades, basta con decirlas una vez. O un par, si se quiere que cale el mensajes, pero no durante veinte minutos de intervención. 1998 queda ya lejos, 2007 es lo que ahora mismo cuenta, y no ha habido una sola referencia concreta a qué se va a hacer. De acuerdo, la política antiterrorista requiere mucha más discreción, pero seguro que hay datos que sí pueden hacerse públicos. Aunque sólo sea por contrarrestar al Gara y quitar argumentos en contra.
Y en sexto lugar, porque si tienes que asistir a ese debate, metiéndote tú mismo en la boca del lobo… hay que preparárselo, aguantar las miradas, dejar de aferrarse a la tribuna, no perder los estribos (sobre todo si sabes que va a ser el contrincante quien los pierda, porque es lo que siempre pasa con éste contrincante)... y, sobre todo, echar de una puñetera vez a un equipo de asesores que está claro que no hacen su trabajo como es debido. Vaya imagen, vaya imagen…

(II) Rajoy
Cuando se habla de Rajoy, se suelen repetir una serie de lugares comunes que, a mi entender, vienen de una cuidada campaña de márketing mediático, por lo que acaban calando como certezas. Veamos:
Rajoy es un gran orador: Falso. Es cierto que cuando tiene el discurso preparado de antemano, sabe leerlo, sabe modular la voz a lo que dice y ajustar los tiempos, y sabe modelar los momentos de calma y los de tormenta. Sin embargo, es en los turnos de réplica donde se ve al verdadero Mariano: chillón, bronquista, cabreado, autoritario, insultante, que sustituye los argumentos por chistes y retrancas (no basta con usar la ironía, hay que saber hacerlo), cuya palabra favorita es “exigimos” y que, en el momento en que se le pilla en un renuncio (que no son pocas veces, ayer se volvió a ver), pierde completamente las formas y se descuelga, casi siempre, con alguna falacia de esas que tan gratas le son. Zapatero, que es soso hasta decir “basta”, suele argumentar mucho mejor que él. Y más educadamente, desde luego.

Rajoy es un moderado en el PP: Pues líbrenos Marx (Groucho) de los radicales. Desde el mismísmo 13-M sostuve que Rajoy se dio a sí mismo la puntilla electoral, cuando ante las concentraciones vía SMS a las puertas de Génova, 13, Mariano salió al balcón a exigir que “se disolvieran” (sic, o casi). Dos años y medio después, y tras la pantomima de los lemas en la manifestación del sábado, viéndose sin salida no tuvo reparos en exigir la desconvocatoria de ésta. Mediante un comunicado, eso sí, porque no tuvo el suficiente valor como para hacerlo en persona y ante un micro. Como ven, tiene una segunda palabra favorita: “disuélvanse”. Y a algunos de nosotros, al menos, estas cosas nos siguen dando bastante grima.
En el desbaste de ayer, ya lanzó su primera perla: “Si usted no cumple le pondrán bombas; y si no le ponen bombas es porque ha cedido”. Otras dos, menos o nada comentadas, han sido éstas: “A usted le ha tomado el pelo un rebaño de asesinos, enemigos de los españoles y el único responsable es usted que lo ha tolerado” y “El tercer error ha sido renunciar a la desaparición de ETA y no decirlo claramente”. Es decir, tres frases en las que, sin asomo alguno de rubor, hace al presidente responsable directo del atentado dell 30-D. Con un par (moderado), sí señor. Pero la mejor no la dijo ayer, sino justamente hoy, en declaraciones a Carlos Herrera en Onda Cero (de los conversos, ¡líbranos, señor!), y ha sido una tal que así: “es que para ser presidente del Gobierno, oiga, deberían exigir algo más que tener 18 años y ser español”. No especifica el qué, pero seguro que es moderadísimo y tan democrático como el que menos.

Rajoy es más político que ZP: Si entendemos la política como el arte de no hacer nada y que parezca que sí, lo admito, Mariano es un maestro. Estuvo en tres ministerios, Administraciones Públicas, Educación e Interior, además de una etapa como Portavoz del Gobierno y otra como Vicepresidente. El qué estuvo haciendo durante todo ese tiempo no lo sabe ni la Wikipedia. En Educación, en concreto, sólo recuerdo que hizo una entrevista exhaustiva para el programa “El Larguero”, y poco después dejó la cartera para ocupar la vicepresidencia. Cuántos atentados y cuántos muertos dejó ETA durante este larguísimo período de “ministerianza” es algo que no sé ni me importa, ya que responsable por ellos solamente hay uno: ETA. Algo que Rajoy parece no tener excesivamente claro, o que prefiere no mencionar, por si acaso se vuelve a quedar sin argumentos que le den votos.

(III): El debate (desbaste)
Poco más que decir, que no se haya dicho ya, así que paso de añadir nada. Zapatero anda más perdido que El Fary en Melrose Place y va a tener que jugar muy bien sus cartas, al menos hasta las elecciones municipales de mayo, que dependiendo de si Batasuna consigue colar o no listas para presentarse, le pasarán factura política o no. Al PP eso le va a dar bastante igual, salvo una improbable debacle en dichas elecciones con la pérdida de muchas capitales de provincia y presidencias autonómicas. Tienen ya la mira puesta en las generales de 2008 (que no se adelantarán, porque a las fuerzas nacionalistas les interesa mantener el apoyo hasta el final de la legislatura, previsiblemente a cambio de contrapartidas en forma de alcaldías) y van a golpear sistemáticamente en la misma dirección hasta que se celebren dichos comicios. Una vez quitadas las caretas del centrismo y la moderación, una vez ha quedado bien patente que Rajoy no estaba sobrepasado a la derecha por Acebes y Zaplana, sino que se sientan los tres en la misma fila autoritaria y amarillenta, es ahora un todo o nada, ya no pueden echarse atrás.

Eso sí, dos falacias que siguen repitiéndose y contra las cuáles me rebelo: una, que ambos partidos hacen lo mismo, que son iguales. Pues va a ser que no, las formas y las actitudes los diferencian claramente. La otra, que ZP jamás ha hecho nada por atraer al PP a su lado… es difícil hacer nada, siquiera intentarlo (que sí lo ha hecho) cuando el otro partido decide no aceptar absolutamente nada que venga desde el PSOE, y lo acompaña de un supino desprecio, nada disimulado, a su líder. No, realmente no son iguales; por suerte.

¿Que quién ganó el debate? Claramente, ETA.

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