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Todología con bigote
Ayer me gusta el fútbol

Cuando toca hablar de deportes en este cuaderno casi siempre trato de temas como la épica, el esfuerzo, la espectacularidad, lo poco que me gusta la conversión del deporte en simple negocio y lo mucho que me gustan esos resurgimientos ocasionales de auténticos héroes de competición. Razones todas ellas por las cuáles cada vez desprecio más el fútbol profesional, convertido en una simple máquina de hacer dinero; un dinero que, la mayoría de las veces, es un simple espejismo… a ver cuánto tarda esta otra burbuja en reventar por sus grietas.

Esas mismas razones hacen, sin embargo, que de vez en cuando recuerde la belleza que tienen las verdaderas disputas deportivas, en las que muy pocos deportes se llevan la palma en cuanto a emoción y épica. En su día hablé de ciclismo, de atletismo, de natación o de baloncesto. El fútbol, de vez en cuando, también las exhibe, muchas veces magnificadas por razones extradeportivas. Dos eventos que tuvieron lugar el miércoles han conseguido, por razones muy distintas, que “ayer me gusta el futbol” (y perdonen el atentado gramatical):

Evento épico-futbolístico a): Encuentro Real Madrid – Recreativo de Huelva, liga española. Apenas unas horas antes se había producido un terrible accidente de tráfico por el choque entre un camión y un autobús en el que viajaban aficionados onubenses para ver a su equipo en Madrid. Murieron cuatro de ellos y muchos resultaron heridos, algunos graves. Ante la tragedia, el Recre solicitó tanto al Madrid como a la Federación Española el aplazamiento del partido. La federación se niega (semanas antes aplazó un partido del Barça para que éstos jugaran ese absurdo mundialito de clubes, colocándolo en la fecha que más convenía a los azulgranas) y el contrincante calla como puta en cuaresma, de modo que el partido se juega, minuto de silencio al principio y va que chuta, nunca mejor dicho. Resultado: en el peor partido del Madrid en toda la temporada, el Recre le mete el baño de su vida, clavándole nada menos que tres goles. Justicia poética, épica de la rabia, homenaje a los muertos… llámenle como quieran. Normalmente no me gusta que gane el Madriz, pero nunca me alegré tanto de que perdieran como ayer, ni siquiera cuando pierden ante el Betis.

Evento épico-futbolístico b): Encuentro Alemannia Aachen – Bayern München, copa alemana. El Alemannia es el equipo “de mi pueblo”, como me gusta llamarle, y tiene una afición sana y cojonuda, que acude en masa al estadio Tívoli con sus bufandas y banderas amarillas y negras, este año con más ganas ya que ascendieron a primera división. El Bayern… bueno, es el Bayern, el mejor equipo alemán de todos los tiempos y el más odiado por los alemanes, exceptuando los de Baviera. Es el actual defensor del título copero y hacía casi tres años que no perdía en esta competición, que allí se juega a partido único (como se hacía en España hasta hace poco, cuando los llamados “equipos grandes”, en vez de confiar en su plantilla y sus posibilidades, se acojonaron ante la perspectiva de jugárselo todo a una sola carta y presionaron para que se suprimiera ese sistema). Ayer volvió a perder, el Alemannia le ganó por cuatro goles a dos, con una primera parte contundente (tres a cero) y marcando el cuarto casi en el descuento, cuando los muniqueses habían remontado dos goles. ¿Y saben qué es lo mejor? Que la última derrota del Bayern en copa fue en febrero de 2004… ante el mismo Alemannia Aachen, que entonces estaba en segunda. Épica de la épica o, si prefieren, la “reépica”, que es una répica de la campana de la épica.

Ah, y no vi ninguno de los dos partidos. Así tengo posibilidad de redención.

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