La escena: 1993, nuestra casa en Sevilla.
Los protagonistas: Mi hermano Fanshawe y yo mismo.
La noticia: Huelga de actores de doblaje en España. Exigen—supongo—mejores salarios por parte de las distribuidoras, o de los estudios (los más importantes en Madrid y Barcelona), no recuerdo bien. Se niegan a doblar los estrenos del momento, entre los cuáles se encuentra la película de Schwarzenegger El Último Gran Héroe.
La consecuencia: Las distribuidoras deciden encargar los doblajes a estudios gallegos. Es una apuesta arriesgada, porque los personajes no tendrán las voces habituales, pero más arriesgado es no estrenar.
La reacción: Comento a mi hermano en plan de coña que sería gracioso ver al Chuache diciéndole a su compañero en pantalla: “¡Rapaz, dame la escopetiña!”. Nos pegamos la carcajada del año por lo absurdo de la situación (entiéndanlo, éramos jóvenes…).
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Trece años después: Gata Vagabunda nos demuestra que la realidad supera a la ficción. Incluso la falsa realidad de las películas.
Aún me duele la tripa de reírme… y aún no salgo de mi asombro.
Olvidado por Otis B. Driftwood a las 22:34 horas del 12 de diciembre de 2006 en 35 milímetros.



